El rescate era dañino

No hay nada mas dañino que un mal gobernante tocado por la soberbia de su presunta “independencia”, que anda perdido y sin criterio en medio de una monumental crisis económica, social y del Estado –con las primeras instituciones patas arriba-, y que no dice la verdad (“al pan pan y al vino vino”) y huye del Parlamento y la opinión pública por la puerta trasera del garaje para fugarse de la realidad. O para refugiarse en un partido de fútbol donde se sacude, con gestos y aspavientos, su propio desconcierto y su fracaso. El que imputa a otros (Zapatero, el BCE, los mercados, Merkel, Almunia, Mafo,) para no compartir su responsabilidad, dando prueba de no saber a quien recurrir ni qué hacer.

Ese es Rajoy, quien ayer, desde la cumbre de G-20 de Los Cabos (México) nos sorprendió a los españoles diciendo que el rescate de la banca que su Gobierno empezó a pedir el pasado día 9 de junio al Eurogrupo de la UE es “tremendamente dañino”, porque une y vincula la deuda bancaria con la deuda soberana española y ello provoca el furioso ataque de los mercados a nuestro país. Y esto lo dice ahora el presidente del Gobierno después de habernos anunciado el pasado día 10 que el rescate de la banca de España acordado por el Eurogrupo –al que él llamaba “línea de crédito”- era un éxito del gobierno porque incluía la garantía que faltaba al sistema financiero español para alcanzar “solidez”, y que eso se había conseguido por la confianza que generaban sus reformas y las presiones que el propio Rajoy hizo en el seno de la UE.

Pero he aquí otras secuencias “dañinas” del caos del Gobierno: el viernes 8 de junio en la rueda de prensa del Consejo de Ministros la vicepresidenta Sáenz de Santamaría negó que fuera a celebrarse una reunión del Eurogrupo para aprobar el mencionado rescate bancario de España, como luego ocurrió al día siguiente; el 9 de junio el ministro de Economía De Guindos había anunciado que el mecanismo diseñado para el rescate bancario, a través del Frob, era un “hallazgo” que no afectaba al déficit del Estado (solo a los intereses, dijo), lo que ahora no parece ser así; el día 13 de junio Rajoy y cinco de sus ministros escapaban como niños asustados de la palabra “rescate” durante la sesión de control al Gobierno; el día 18 la vicepresidenta ante el ataque de los mercados a España, después de las elecciones de Grecia, declaraba que la subida de la prima de riesgo y los tipos de interés “no afectaban al Gobierno” (sic); y finalmente Rajoy ayer 19, confundido, declaró desde la cumbre del G-20 en México que el rescate que había pactado con el Eurogrupo es “tremendamente dañino” para España.

Una vez mas quien ha puesto los puntos sobre las íes ha sido la canciller Merkel que ha exigido a España que solicite el rescate de la banca de manera oficial (se esperaba para este jueves), y que diga la cantidad de dinero que necesitan los bancos españoles para su recapitalización (en todo caso no más de 100.000 millones). En cuanto a la vinculación de la deuda bancaria con la pública del Estado, los expertos de la UE dicen que eso se arreglará mediante un crédito a largo plazo. Aunque lo que Rajoy considera dañino de verdad no es tanto ese contagio entre “deudas” sino la llegada a Madrid de la “troika” interventora de la UE para fiscalizar dicho rescate bancario y su relación con el déficit público español y las políticas económica y fiscal. Ahí está el temor “dañino” de Rajoy.

Entonces ¿qué hacer? Pues esperar a ver si España pide de una vez el rescate oficial -a ver como lo llama- y se establecen las condiciones, el monto y los calendarios del mismo. Y luego a ver que ocurre en las anunciadas reuniones de Roma, el Eurogrupo, el Ecofin, y la cumbre de la UE de los días 28 y 29 de la que nadie sabe al día de hoy lo que pueda acordar, amén bonitas palabras sobre el crecimiento, y la búsqueda de la mítica unión bancaria y fiscal. Por supuesto de los “eurobonos” ni palabra ni tampoco en relación con la financiación de la deuda estatal por parte del BCE sin pasar por el rescate del Estado y su lógica intervención. Y a partir de ahí entraremos de bruces en el largo y cálido estío donde nos aguarda la tradicional y muy dañina “serpiente del verano” cuyo tamaño y voracidad faltar por ver o adivinar.