Rajoy, ni un paso atrás

En medio de la vorágine política y diplomática que se cierne sobre la crisis del euro y los problemas de España y Grecia, el gobierno de Alemania ha lanzado la especie intolerable de que España no acepta el rescate de sus bancos problemáticos por motivos de “soberbia” y “orgullo” nacional, despreciando las cuestiones de desprestigio internacional de España que nos afectarían y que provocarían el contagio de la crisis bancaria al terreno de la deuda pública española, como lo ha advertido la Comisión de la UE.

Aquí la única soberbia ciega y aprovechada de la crisis es la de Alemania y la señora Merkel, que ya está en su precampaña electoral de las elecciones generales teutonas del próximo año. Y que ha encontrado en el francés Hollande la horma de su zapato, y en el resto de naciones de la UE, e incluso de las instituciones europeas, un frente común o consenso crítico frente a las posiciones obsesivas de Berlín a favor de la austeridad como la única medicina para la UE. Despreciando  Merkel las medidas de crecimiento que ahora exige Francia y las políticas para la defensa y estabilidad del euro y de los problemas financieros de los bancos ahora más débiles de la UE, a pesar que todo ello está interrelacionado, como lentamente empieza a reconocer Berlín cuando habla de la “unión fiscal” y la “unión bancaria”, pero siempre con la prioridad fiscal como bandera.

En estas circunstancias el Gobierno de Rajoy debe rectificar parte de su estrategia política y diplomática frente a Merkel, a la que ha hecho demasiadas concesiones –aunque el presidente español ya ha comenzado a hablar de los “eurobonos”- , y decantarse de una manera mas firme y decidida a favor de las posiciones de Francia y de la Comisión y otras instituciones y países como el FMI, EE.UU, Japón y numerosas naciones de la UE que presionan a Alemania para que abandone su trinchera inmovilista y abra el grifo de los fondos europeos. Con el fin de arreglar el problema de los bancos –que ya empieza a llegar a Alemania-, en pos de evitar el contagio de las deudas públicas de los Estados (España tiene hoy una cita de deuda pública con los mercados, con la prima de riesgo algo más relajada), para crear una zona de estabilidad financiera en torno al euro, lo que permitiría abordar las nuevas políticas de crecimiento que hasta ahora había despreciado Berlín.

Rajoy no debe dar un solo paso atrás, y no puede aceptar ningún modelo de rescate -corto o largo- como los que está insinuando el gobierno alemán insinuando un préstamo del fondo de estabilidad europeo al Frob español, pero con el aval y responsabilidad del Estado español y en consecuencia con supervisión de la UE lo que nos llevaría, si eso es así, al desprestigio nacional e internacional de España porque estaríamos ante un rescate y una intervención. Naturalmente falta por conocer el resultado de las dos auditorías externas que se están haciendo a los bancos españoles, antes de que se pongan sobre la mesa las posiciones finales de la UE y España sobre el problema de la banca española. Pero en principio nada hace pensar que Rajoy deba abandonar una posición de firmeza frente a Merkel, que obligaría a la UE, Alemania incluida, a entrar por el aro español porque en caso de plantarse España frente a cualquier modelo de rescate todos entraríamos en el terreno del “default” Estado y ello arrastraría al euro y toda la UE, lo que ni Bruselas, París o Berlín se pueden permitir.

De manera que a Rajoy le toca resistir y no estaría nada mal, si es que al PSOE le queda un ápice de patriotismo y de sentido de la oportunidad, que el líder de la Oposición Rubalcaba le pidiera públicamente a Rajoy que mantuviera sus posiciones y no diera un solo paso atrás, lo que daría más fuerza y apoyo a España.

En todo caso el comportamiento de Merkel contra España (y en contra de Rajoy y del PP, sus socios ideológicos en la UE) es de todo punto inaceptable, insolidario e impropio de una canciller que se dice europeísta y que parece haber olvidado demasiado pronto la reciente Historia de Europa en la que Alemania tiene tan alta deuda, como se lo han recordado a la canciller no solo desde fuera de sus fronteras sino desde el interior de su país. Y esto, que lo ha de tener presente la canciller, lo debe saber y tener en cuenta Rajoy. No vaya a ser que, después del esfuerzo de su Gobierno y  su ofensiva política y diplomática para evitar el rescate, el Gobierno de Madrid decida a claudicar de hinojos a los pies de la canciller.