Rajoy, Rato y Cascos

Rajoy no está para bromas. De un plumazo se quitó de encima a Rodrigo Rato en Bankia, y de otro a Fernández Ordoñez del Banco de España. Gobierna por decreto y no quiere consensos. Y hace ya unas semanas y cansado de los juegos malabares de Álvarez Cascos, dejó caer a su excompañero asturiano después de haberle amenazado con intervenir el Principado de Asturias por parte del ministerio de Hacienda. Rajoy, como suele decir él sin precisar, está a lo que hay que estar, que es evitar el rescate de España por la UE y a espantar a los mercados. Y todo lo demás son daños colaterales donde no cabe sentimentalismo y en cierta manera el presidente del Gobierno hace bien asumiendo su responsabilidad e imponiendo su criterio, En su derecho está.

Aunque también es cierto que en el manejo de la crisis Rajoy y su Gobierno han cometido errores (en los del sistema financiero por supuesto) y por ello ha recibido las críticas de la oposición, de los medios y otras recientes y más duras de la Comisión de Bruselas y del BCE. Pero el presidente no da pasos hacia atrás y avanza en busca de la orilla de salvación del país y de su mandato. Y aunque hasta ahora solo ha recibido de la UE buenas palabras y pocas ayudas financieras, y pocas alegrías –como el déficit 0 de las CCAA en el primer trimestre del año- Rajoy se mantiene en su empeño y ya se verá hasta dónde llega y cómo sale de tan difícil prueba, en la que en algunos casos ha de sacrificar soberanía, programas, ideología e incluso algunos amigos políticos.

No sabemos qué pensará José María Aznar al ver enzarzados en polémicas y enfrentamientos a los que fueron sus tres principales vicepresidentes en los gobiernos de 1996 a 2004, porque estamos asistiendo a un espectáculo que a buen seguro removerá las filas y los sentimientos encontrados de muchos dirigentes y militantes del PP por lo que algunos consideran la dureza de Rajoy con sus ex compañeros de Gobierno y la dirección del PP, Rato y Álvarez Cascos, ambos sumidos en cierto descrédito económico y político, del que podrían culpar al actual presidente del Gobierno y del Partido Popular, Mariano Rajoy.

A Rajoy le acompaña la fama de taimado “liquidador” de todos sus adversarios políticos en el PP, entre los que Rato y Cascos son sin duda los más notables, aunque el presidente no parece inmutarse por este tipo de lecturas y si le preguntan dirá eso de “he hecho lo que tenía que hacer”. Es decir: cesar a Rato para inyectar 19.000 millones de euros y salvar a Bankia de una quiebra que dañó al sistema financiero español y ha dañado la credibilidad de España en el mundo (sin olvidar aquí que las cuatro grandes Cajas de Ahorro intervenidas, las de Madrid, Galicia y las dos valencianas estaban en manos del PP) ; y no apoyar a Cascos para presidente de Asturias, porque cuando ganó en mayo las elecciones se negó a un pacto global con el PP (en los municipios y la Comunidad), y porque su objetivo es destruir al PP de Asturias.

Así de sencillo, y puede que además Rajoy tenga razón, sobre todo una vez que ha pasado lo que ha pasado. Porque Rajoy bien pudo apoyar a Cascos como candidato del PP a la presidencia de Asturias, pero no se fiaba de él porque hablaba mal del partido y de su presidente y estuvo implicado en las conspiraciones con Aguirre para moverle a él la silla de la presidencia.

En cuanto a Rato, el error de Rajoy fue nombrarle presidente de Caja Madrid a sabiendas de que había huido del FMI, de que no tenía experiencia en banca y de que Aznar no le nombró su sucesor por presuntos problemas que Rato y su familia tuvieron con varios bancos cuando era vicepresidente del Gobierno. Y al final, y tras una pésima gestión de Rato en Caja Madrid -incluida una fusión demencial con Bancaja y una forzada salida a Bolsa- Rajoy lo liquidó. Y ahora Rato intenta  justificar su fracaso acusando a Rajoy de haber nacionalizado Bankia de manera innecesaria y con un coste “brutal” para el Estado y los accionistas. Un derecho al pataleo y una venda con la que Rato quizás pretende disuadir a pretendidos querellantes contra su gestión. O sea, que adiós a Rato y Cascos, que se sentarán a esperar el paso del cadáver de su enemigo si Rajoy fracasa y se presenta semejante oportunidad.