Gobierno y Oposición, ciegos e irresponsables

Estamos en recesión, la Bolsa cae por los suelos y muchas de las grandes empresas del Ibex (las constructoras Sacyr, ACS y FCC, hundidas, mientras la banca permanece con la respiración asistida del BCE, y aún no hemos digerido lo de YPF), la prima de riesgo no para a subir y los rescoldos de crisis de La Corona aún siguen encendidos. En la Unión Europea, nuestro cinturón de seguridad, la crisis se acaba de cobrar la cabeza del Gobierno de Holanda en el mismo momento en el que el país líder, Alemania, y el resto de las naciones de la Unión aguantan la respiración ante la idea de que la extrema derecha gala de Le Pen, xenófoba y anti europea, se ha convertido en la llave de la futura presidencia de Francia.

Y ante semejante panorama la clase política española nos ofrece un espectáculo digno de la mayor repulsa nacional, con videos en los que el Gobierno del PP y el PSOE se descalifican en público, al tiempo que los socialistas anuncian movilizaciones en la calle y en el que el Gobierno, pésimo comunicador, permanece en sus trece y en el empeño de cantar a diario la ruina nacional, por si los mercados y los inversores extranjeros aún no se han enterado para justificar sus reformas, muchas de ellas ineficaces e improvisadas (como en Sanidad y Educación), desde su mayoría absoluta y con argumentos tan grotescos o repugnantes como los de los cafelitos.

Hace poco fue Rajoy quien declaraba que no hay dinero para los servicios públicos, ayer Cospedal afirmaba que la Sanidad está en quiebra, de las Comunidades Autónomas solo nos llegan noticias de mas ruina y escándalos de corrupción y, por si algo faltará, los unos y los otros se disputan a cara de perro el control de RTVE, mientras permanecen bloqueadas instituciones esenciales como el Tribunal Constitucional, que ya debería de estar ocupándose de desarrollar y mejorar lo relativo al Título de La Corona con la misma urgencia que hace poco se abrió y cerró la última reforma constitucional sobre el control y equilibrio presupuestario.

Por si algo nos faltara, el mes de Mayo viene precedido por más protestas sindicales para el 29 de abril y ya se anuncian dos largos “puentes” vacacionales como si estuviéramos en el mejor de los mundos. Y el personal de a pié, entre asustado y desconcertado, se sienta ante el televisor para olvidarse de todo con los partidos de fútbol que quedan de la Liga nacional y de la Champion, a la espera del comienzo de la Eurocopa, porque el fútbol es la única válvula de escape que nos distrae, mientras sobre nuestras cabezas planea el riesgo de una quiebra del Estado o de la intervención de España por los fondos de rescate de la UE, al menos en lo que al sector financiero se refiere.

Imaginar en semejante situación un gran pacto político nacional, o unos “pactos de la Moncloa”, o incluso un acuerdo de urgencia entre el PSOE y el PP nos parece imposible y nos coloca al borde del precipicio donde ya llevamos mucho tiempo -¡qué más da si los seis meses de recesión se reparten entre tres del PSOE y tres del PP!, como dice Cospedal- y donde podemos caer arrastrados por una clase política (sin liderazgos clarividentes y a la altura de las circunstancias) que no parece consciente de la gravedad de los acontecimientos. Y que solo se moverá -quizás ya demasiado tarde- cuando el cúmulo de los destrozos que no cesan nos lancen por la boca del volcán en el que estamos sentados y comience no solo el tercer y el último acto del drama económico, institucional y social español, sino también una incontrolable revuelta social (sindicatos, partidos de izquierda, universitarios, 15-M, sanitarios, independentistas, funcionarios públicos, etc) que este Gobierno del PP no valora y que el PSOE jalea, ambos dos, en esto sí de la mano y con la mayor irresponsabilidad.