Convergencia se “independiza”

La decisión de Convergencia (formación líder de CiU) de incluir “la independencia de Cataluña” entre sus objetivos políticos sobrepasando así sus declaraciones soberanistas constituye un disparate político de consecuencias imprevisibles por parte del hasta ahora llamado nacionalismo “moderado” y conservador de Cataluña. El que se ha dejado llevar por el ala radical de esta formación, impulsada por Jordi Pujol y su familia (su hijo Oriol acaba de ser nombrado el secretario general de Convergencia). Una decisión que Convergencia ha tomado en plena crisis de la economía y del paro nacional, sometida a fuertes presiones de la UE y de los mercados internacionales, con la intención de aprovechar la ocasión  haciendo el mayor daño posible a España, dentro y fuera de nuestra nación.

He aquí, pues, el gran ejemplo de la responsabilidad política y del “seny” del nacionalismo catalán. El verdadero rostro rompe la máscara del falso discurso del apoyo de CiU a la “gobernabilidad de España”, pero que tiene la virtud de clarificar definitivamente cuales son las posiciones de unos y otros, lo que obligará a Unió a enseñar sus cartas y al PP y al PSOE ha hacer lo mismo ante el los ciudadanos de toda España. Y lo mismo deberán hacer las grandes instituciones, empresas y medios catalanes para que sepamos de una vez por todas donde está cada uno y hasta donde quiere llegar.

Un salto político en favor del independentismo al que no son ajenos los medios catalanes de comunicación, ni las grandes empresas y las entidades financieras de la citada Comunidad autónoma que llevan mucho tiempo jugando con el fuego de la independencia con la falaz excusa del déficit de balanza fiscal, mientras ocultan el superávit catalán de la balanza comercial de Cataluña con el resto de España (veremos si no se reabre y amplia la guerra del cava de hace años). Y un juego, también, al que hadado alas la formación “cristiana” de Unió, de Durán Lleida, el PSC-PSOE (desde su entrada en el gobierno tripartito aquel en la compañía de ERC), e incluso e indirectamente y desde hace poco el Gobierno del PP, que veremos si ahora le retira (como debiera) su apoyo al gobierno de Artur Mas en el Parlamento de Cataluña.

Los silencios de Madrid ante los abusos contra la legalidad de los nacionalistas catalanes, los chantajes de CiU, los ataques a los altos tribunales del Estado (Supremo y Constitucional) y la lengua castellana han acabado en este desafío abierto de Convergencia, ahora en manos de Artur Mas. Un político de escaso liderazgo del que se dice que intentó, tarde y mal, impedir la inclusión de la palabra “independencia” entre los objetivos de Convergencia que aprobó ayer el congreso del partido, pero que al final se doblegó ante la familia Pujol que es la que manda de verdad.

El sonoro silencio en el día de ayer del PP y del PSOE sobre todo esto (y sobre los ataques del italiano Monti a España en el marco de la UE y amparado por los medios italianos que dominan gran parte del mapa mediático español) fue muy llamativo, por más que ambos partidos estaban ayer en vísperas de las importantes elecciones andaluzas. Como también llamó la atención el silencio del Gobierno de Rajoy. Pero habrá otras voces –UPyD no perderá la ocasión- que se escucharán y el desafío irá calando poco a poco en la indignada ciudadanía de este país que soporta demasiadas inclemencias, y que ahora se verá inmersa en la huelga generaldel 29 de marzo, como ya lo está en la grave crisis económica ysocial, y asombrada ante todos los escándalos de corrupción que inundan las portadas de todos los medios de comunicación, y aquí incluido el caso de Urdangarin que daña La Corona.

Un momento de gran dificultad política, social y económica que los dirigentes de Convergencia han querido aprovechar para ver si así desestabilizan mas a España y consiguen el concierto fiscal con el chantaje de la independencia. Algo en lo que, esperemos, que se van a equivocar. El presidente Rajoy, que hoy inicia un largo viaje a Corea del Sur, algo debería decir de todo ello por más que él considere que es un gran experto en el manejo deltiempo y que su costumbre le lleva a dejar que los problemas se pudran o se arreglen solos. Pero la olla a presión en la que está inmersa España necesita de un liderazgo firme y decidido y no es tiempo de escapadas sino de dar la cara y de hablar con claridad, algo que Rajoy había prometido y que ahora deberá demostrar.