Los crímenes de Toulouse, ¿un nuevo terrorismo?

El terrorismo islámico acaba de presentarnos su nuevo rostro en los crímenes de Toulouse llevados a cabo por un enloquecido de origen norteafricano, Mohamed Merah, que dijo pertenecer a Al Qaeda y que actuó así para vengar la muerte de palestinos con sus brutales ejecuciones en las que ha incluido los niños de una escuela judía. Estamos ante un auténtico kamikaze que actuó con gran frialdad y premeditación y no se sabe si lo hizo por su cuenta o siguiendo instrucciones de una célula u organización islamista radical, cercana a los seguidores del desaparecido Bin Laden.

Y todo esto, además de su captura, es lo que pretende averiguar el gobierno francés ahora que tienen acorralado al criminal y están a la espera de su rendición, intentando evitar su muerte a manos de las fuerzas de seguridad –Sarkozy ha dicho que Francia no quiere venganza sino Justicia- o su suicidio para descifrar este misterio del terror “solitario” que conmovió a la comunidad internacional, y ha puesto en estado de alerta las instalaciones judías –escuelas y sinagogas, entre otras- en muchos países europeos y esperemos que en España también.

El “lobo solitario” como lo han llamado los medios franceses a este criminal se ha convertido en noticia mundial no solo por los crímenes perpetrados, en los que ha incluido un profesor y niños de una escuela judía, sino por esa aparente soledad que podría ser imitada por otros enfurecidos terroristas, algo contra lo que al día de hoy sería muy difícil de luchar desde las organizaciones y los gobiernos democráticos. Los ataques sorprendentes de Al Qaeda en Estados Unidos el 11-S con sus aviones bomba secuestrados, o las bombas introducidas en los trenes de Madrid el 11-M, u otros coches bomba en distintas masacres del mundo, respondía a unos atentados planificados por organizaciones criminales islamistas.

Pero el caso de Toulouse de Mohamed Merad es muy distinto en casi todo. El terrorista ha dicho que pretendía poner de rodillas a Francia –inútil y grotesca pretensión- y parece hacer actuado en solitario lo que le acerca en todo caso a la leyenda de Chacal. Y lo peor de todo ello es el ejemplo que ofrece a otros criminales y a los terroristas suicidas y desesperados porque, de ser imitado en un plazo no lejano, este último modelo de terror a bocajarro (que recuerda los tiros en la nuca de algunos terroristas de ETA), sería considerado un nuevo y grave problema para la seguridad en las democracias de Occidente.

Sobre todo en estos tiempos de crisis en los que los mensajes que emiten las organizaciones terroristas islámicas a sus seguidores y desesperados es que no hay más salida que la “muerte gloriosa”, inmolándose y matando al enemigo o al infiel. Y si a ese mensaje se le añade la estrategia del Chacal o del “lobo solitario” alguien debería de estar ya imaginando como defenderse de ese animal que podría habitar entre nosotros y solo busca sangre para saciar una mente enloquecida y criminal.