Andalucía, una cita histórica

Estamos a veinticinco días de las elecciones de Andalucía, una cita política crucial por lo mucho que en ella está en juego. Para empezar para los propios andaluces, con un índice de paro del ¡30 por 100! y una catastrófica situación económica y política que se desprende de más de treinta años de gobiernos socialistas, lo que anuncia un cambio político sin precedentes en esa comunidad, tal y como se ha constatado en las pasadas elecciones municipales del 22 mayo y generales del 20 de noviembre de 2011, en las que el Partido Popular fue el más votado por encima del PSOE. Pero falta por ver si el PP logra la mayoría absoluta que hoy anuncian las encuestas pre electorales, o si gana las elecciones pero no llega al gobierno frente a un eventual pacto entre el PSOE e IU.

En juego también están otras cuestiones importantes porque si el PP logra una victoria con mayoría absoluta podrá decir entre otras cosas que el nuevo secretario general del PSOE, Rubalcaba, ha sufrido una nueva derrota en el mayor feudo electoral socialista; e incluso afirmar que los andaluces han refrendado con sus votos la reforma laboral del Gobierno de Rajoy, que está presente durante toda la campaña electoral. Aunque también es cierto que en el seno del PSOE dirán que el derrotado ha sido Griñán que apoyó a Chacón en el último Congreso socialista de Sevilla, lo que podría obligar al político andaluz a dimitir de la presidencia del PSOE y a dar paso a las huestes de Rubalcaba al frente del socialismo de esa comunidad.

Al fondo de todo ello y si se confirma la llegada de Javier Arenas a la presidencia de la Junta de Andalucía, aparecerían un Rajoy y un PP, con un inmenso poder nacional y territorial (tampoco hay que descartar la victoria del PP en Asturias ante los disparates de Álvarez Cascos), lo que pondría sobre la mesa del Consejo de Ministros del Gobierno de España la oportunidad de llevar a cabo una profunda reforma del modelo autonómico de este país que no solo es parte esencial de la ruina y del despilfarro de las cuentas públicas, sino también del deterioro de la cohesión de España en los últimos años, y especialmente bajo los mandatos de Zapatero.

Si Rajoy consigue gobernar en Andalucía y Asturias el PP tendría en sus manos a 13 de las 17 autonomías, y mucha influencia (por sus apoyos parlamentarios a nacionalistas y socialistas y por sus relaciones políticas) en otras tres, como son País Vasco, Cataluña y Navarra quedando fuera de todo ello Canarias por el pacto de Coalición Canarias y PSOE. Pero todo esto permitiría al Gobierno de Rajoy reformar por ley el modelo autonómico español, o por la vía de la práctica política, al menos en todas las Comunidades en las que gobierna el PP. Y eso si sería un cambio fundamental en la vida política española que se sumaría al de la estabilidad fiscal, la reforma laboral y la financiera, y del modelo de producción.

Lo que de llevarse a cabo y de producir efectos positivos para el país –al menos frente al paro y la recesión- le ofrecería a Mariano Rajoy la histórica oportunidad de presentarse como un reformista de gran altura en esta etapa final de la transición, a la que además le falta la gran reforma democrática (ley electoral, separación de poderes del Estado, mejora del control mediático, etc…)  que es la gran asignatura pendiente de la transición.

Por todo ello la cita del Sur, en Andalucía (y en Asturias), del día 25 de marzo es una cita mucho más importante que la que en un principio se presenta para el pueblo andaluz, porque puede tener trascendencia nacional si definitivamente una victoria del PP le permite al gobierno abordar una racionalización plena del mapa autonómico español, incluso retocando los casos vasco y catalán.