De Valencia a Núremberg pasando por Londres

Ahora que se apaciguan las aguas europeas en la crisis griega y que el Tesoro logra colocar emisiones de deuda a buen precio, la política y las calles de España se calientan por la dura represión policial a las manifestaciones de estudiantes, que amenazan con extenderse por toda España e inundar el ámbito universitario, a pocas horas de las concentraciones sindicales contra la reforma laboral. Menos mal que en el Parlamento se ha logrado un buen acuerdo para exigir a ETA su disolución frente al extremismo de los de Amaiur y el oportunismo de UPyD que pretende buscar la ilegalización de esta coalición, mientras Rosa Díez pide para ETA y sus aliados políticos ¡un Núremberg!, lo que supone el disparate de pedir que en España se recupere pena de muerte ¡en la horca!

Sobre lo de Valencia el presidente Rajoy ha dicho desde Londres, que ello transmite una mala imagen de España en el extranjero. Lo que no dice Rajoy, con su habitual manera de no precisar, es si la culpa de la mala imagen de España es de la policía valenciana como dicen los estudiantes, o de los manifestantes como asegura Gallardón, mientras el ministro de Interior, Fernández Díaz, más prudente, pide mesura en las manifestaciones y en su control.

Tampoco aclaró Rajoy el por qué Alemania y Francia no firmaron la carta de los “doce” pidiendo a la UE medidas para crecer, y nos intenta convencer que Berlín y París están contentos con la misiva de la que, por cierto, el gobierno español no dijo nada el lunes en el momento que se descubrió, lo que no deja de llamar la atención.

También sorprende que Rajoy, a propósito de Gibraltar, diga en compañía de Cameron que España mantiene “su posición” sin explicar cuál es –otra vez las imprecisiones del presidente-, y que luego hable Cameron, que sí es preciso y contundente, para decir que Gran Bretaña no hará nada en Gibraltar sin el permiso de los gibraltareños, que es precisamente lo que rechaza España, lo que no está en el Tratado de Urecht y lo que no hizo Gran Bretaña en Hong Kong cuando entregó la colonia a la dictadura China sin tener en cuenta a la población. Y esto es lo que debió de aclarar Rajoy.

Ya sabemos que el presidente está empezando y que, como dijo en Sevilla, está “empezando a descubrir en qué consiste ser el presidente del Gobierno”. Pues entre otras cosas en llevar alto el pabellón de España sobre todo en las cuestiones de soberanía, en precisar en la ruedas de prensa y en preparar bien las reuniones y las declaraciones públicas.

Menos mal que en el Parlamento se fraguó la unidad entre casi todas las fuerzas democráticas –con excepción de UPyD- en torno a una declaración sobre el final de ETA que exige la disolución de la banca y que Rosa Díez no quiso facilitar, aunque llegará pronto al Congreso sobre un texto ya consensuado. La actitud de Díez –jaleada desde medios de la extrema derecha- es sorprendente vista su trayectoria política y bastante oportunista y pintoresca hasta el punto de decir que lo de ETA no se acabará hasta que no haya “un Núremberg en España”. ¿Con penas de muerte y ejecuciones en la horca, incluidas? Esto constituye el colmo del disparate, y deja a este partido situado a favor de la pena de muerte y en posiciones extremas que no se corresponden con lo que parecía su ideario y objetivo fundacional.

En fin, una jornada intensa en política, diplomacia, seguridad y buenas noticias económicas que ya veremos lo que duran, pero que ojalá se mantengan al menos para no lastrar los intereses de la deuda nacional.