El indiscreto estreno de Rajoy

La impaciencia y la inseguridad en sí mismo, y en España, está en el origen del incidente que ayer empañó el estreno del presidente Rajoy en la cumbre europea de la UE, donde el político español dijo a su colega finlandés que la reforma laboral que prepara le va a costar en España una huelga general. E hizo ese comentario en la sesión previa a la reunión oficial –que es secreta- cuando aún estaban en la sala las cámaras de televisión y abiertos sus micrófonos, que captaron este y otro comentario con su colega holandés, donde Rajoy se quejaba de la herencia recibida del gobierno de Zapatero, empezando por el 8 % de déficit, para decir que “ahora comienza lo peor”. Lo que una vez hecho público es una manera muy poco agradable de anunciar a los españoles lo que se les viene encima.

El presidente español no debe anunciar a ningún otro gobierno ni interlocutor privado, por importante que sea, sus decisiones antes de haberlas aprobado el Consejo de Ministros o de haberlas presentado en el Parlamento español. Entre otras cosas porque esos secretos se pueden filtrar a un medio extranjero, o los cuenta en un desliz el que los ha recibido o simplemente se escuchan en un micrófono abierto como acaba de ocurrir. Además, semejantes avances de temas confidenciales a sus colegas europeos lejos de tranquilizar a sus homólogos de la UE, a los que pretende agasajar con semejantes confidencias como diciendo “vais a ver lo duro que soy”, lo que transmiten es una imagen de debilidad, o de inseguridad. Y de ganas de agradar y de ganar tiempo cuando lo que tenía que haber hecho Rajoy, si tan clara tiene ese reforma laboral, es aprobarla por el Gobierno y anunciarla primero a los españoles.

Sin descontar que semejante aviso puede provocar la ruptura del diálogo social entre sindicatos y CEOE porque estos actores se van a preguntar el por qué de estas conversaciones si Rajoy ya tiene tomadas unas decisiones duras e implacables que los debe llevar a una huelga general, como la que ayer paralizó Bélgica. Naturalmente, todo esto se convierte en arma o nueva munición política para la oposición que no cesa de hablar del programa oculto del PP, y que acusará a Rajoy de menospreciar así a las Cortes Españolas y a la opinión pública en general.

Lo peor de todo ello es que puede ser bastante cierto que Rajoy y sus ministros ya hayan pasado al FMI, la UE y a los gobiernos de varios países de la UE no solo datos secretos de la reforma laboral sino también otros sobre la reforma financiera y demás ajustes, a fin de presumir de dureza y de compromiso con las políticas de reducción del déficit que exige la UE, a la vez de pedir por otra parte que se flexibilicen los objetivos de déficit (actualmente en el 4,4 % para 2012), porque España está en recesión y no los podrá cumplir.

Además de trabajar mucho, tener intensas reuniones y preparar documentos y decisiones urgentes y a toda velocidad también cabe preguntarse si en el Gobierno hay alguien que esté pensando en como hacer, canalizar y coordinar todo ello. Porque da la impresión que no, que manda la improvisación, cada uno por su lado o el uno contra otro (como Montoro y De Guindos) y brilla con facilidad la indiscreción. ¿Por qué no puede esperar Rajoy a tomar decisiones antes de contarle a un político finlandés lo duro que será su ajuste laboral? Puede que el presidente Rajoy haya pecado de novato y de ingenuo, al desconocer el alcance de los micrófonos que circulan por esas salas abiertas de la UE, pero nunca debió decir lo que dijo ni tenía necesidad. En boca cerrada no entran moscas, dice el refrán español. Ni micrófonos abiertos por lo que pudiera pasar. Además no hay prisas, España es un país lo suficientemente importante como para que  los ministros de la UE esperen un par de meses a conocer todos los planes de este gobierno español. ¿Acaso no estamos todos esperando a Merkel?

Pues que esperen los demás, España no es Grecia ni Portugal.