La vicepresidenta y su “regeneración democrática”

La vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría ha anunciado un “rosario” –con perdón de monseñor Blázquez- de medidas de orden político, administrativo y judicial que buscan austeridad, transparencia y “regeneración democrática”, según sus propias palabras pronunciadas ante la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, donde por primera vez compareció la vicepresidenta para dar noticia de sus inmediatas iniciativas.

Eso de la “regeneración democrática” es algo que suena bastante mal, porque es un latiguillo que han utilizado todos los gobiernos y todos los partidos en campaña electoral. Aquí lo que hace falta es una reforma democrática, y no solo para que los jueces y los magistrados elijan –como al inicio de la transición- a 12 de los 20 miembros del Consejo General del Poder Judicial, como anunció la vicepresidencia y constituye un buen paso. Sino para que todos los cuerpos judiciales del Estado elijan a todos los miembros del CGPJ, lo que es la única y definitiva manera de separar este poder del Estado. Pero por algo empieza si el objetivo final fuera el de la absoluta independencia del Poder Judicial.

Ha dicho también Sáenz de Santamaría que hay que separar ahora el funcionamiento de los poderes Ejecutivo y Legislativo, cosa que no veremos y menos aún en tiempos de mayoría absoluta. Y, doña Soraya, no quiso ni mencionar la ley electoral, porque esas son palabras mayores en un país –puede que el único de la UE- en el que los españoles no elijen directamente a ¡ninguno! de sus gobernantes o representantes y aquí incluidos: el jefe del Estado, el presidente del Gobierno, los presidentes autonómicos, los alcaldes, los presidentes de las diputaciones, los parlamentarios, nacionales y regionales, ni siquiera a los concejales. O sea, menos lobos de “regeneración” porque lo que hace falta es democracia directa y sin intermediarios de los aparatos de los partidos. Porque ya conocemos el bonito cuento de la “regeneración democrática” y queremos oír el de la “reforma democrática” que garantice la separación de los poderes del Estado y permita a los ciudadanos a elegir de manera directa a sus gobernantes y a sus representantes parlamentarios o municipales. Lo de reducir subvenciones a los partidos, CEOE y sindicatos está bien -¿por qué no se suprimen?- pero faltan otros beneficiarios como la Iglesia Católica y extrañas fundaciones al servicio del Gobierno o de los partidos de turno. Todo lo demás son gestos bien intencionados, pero insuficientes.

Lo de la austeridad en la administración pública es obligada en un tiempo en el que se piden tantos sacrificios a los ciudadanos, de ahí que las sanciones deben ser severas a los infractores. Y bien está el que se han de suprimir empresas, fundaciones y consorcios públicos que no sirven, son ruinosos o duplican funciones, y eso es bueno que lo diga la vicepresidenta y mejor que lo haga pronto.

O que se reformen los órganos reguladores del Estado a favor de la independencia y la calidad profesional, y organismos como el Consejo de RTVE cuyo autobombo de independencia –al servicio del PSOE-, después de la censura previa que quisieron imponer, es escandaloso como lo son los telediarios “rio” de la nada, o los tertulianos de partido y cuotas de todo orden. Pero ¿este gobierno va a imponer, empezando por la RTVE profesionales de prestigio e independientes en órganos y entes del Estado? Vamos eso no se lo cree nadie.

Otra cosa es la transparencia, la información fluida –que tardará en llegar- los nombramientos pendientes en el Constitucional y su reforma y recuperación del recurso de anticonstitucionalidad, el nombramiento del Defensor del Pueblo, etc. Y mucho cuidado con eso de ayudar pronto a los grandes grupos de comunicación, primando a los de papel y viejas tecnologías –ese es su problema- y olvidando al periodismo de Internet al que no citó ni una sola vez la vicepresidencia. A ver si vamos a promocionar –quizás esa era la intención del parlamentario socialista Jáuregui que estaría pensando en sus amigos de Prisa, pidiendo ayudas al sector- el periodismo de partido y a dejar en la indigencia y fuera de juego al verdadero periodismo independiente y de calidad.

Todo se andará, dirán en La Moncloa pidiendo paciencia, porque hay mucha tela y mucho gasto que cortar. Pero lo repetimos eso de “regenerar” la democracia suena muy mal. Mejor reformar lo que tenemos que es una “partitocracia”. A ver si vamos hablando con propiedad.