Leguina tiene razón, ni Rubalcaba ni Chacón

Si hay algo que estremece en este PSOE es la ley del silencio que suele acompañar, como ha ocurrido con los errores de Zapatero, a este partido que sigue conservando unos “tics” leninistas y que no se acaba de quitar las hipócritas siglas de “socialista y obrero” en un tiempo en el que todo eso acabó y en la Historia está. Quizás si no empiezan por ahí y reconocen que son un partido interclasista, con varias clases medias (alta y baja) en su interior y también un partido “nacional” como parece que lo acaba de descubrir ahora el ambicioso Rubalcaba después de ocho largos años de ZP y de su “España plural”, discutible y confederal. Si no hacen su verdadera y radical reforma interior, difícilmente podrán recuperar ahora o en los años venideros las confianza de los ciudadanos.

Lo de Rubalcaba y Chacón es la misma cosa, salvo que Chacón es más peculiar por la sublime levedad y tontería de este personaje de ficción que manipula, cual marioneta, el Rasputín oculto del zapaterismo, un tal Barrosso que embarró el país y se colocó en las más altas intrigas del poder político y económico como uno de los conseguidores monclovitas, y marido de la ministra Chacón.

La misma que se acaba de tragar, sin rechistar, el famoso escudo anti misiles que nos ha regalado el presidente Obama. La misma del estatuto nacionalista y nacional del PSC, partido que bramaba contra España y el Tribunal Constitucional y al que pertenece la señora Chacón que, es verdad que en sus viajes fotográficos a las tropas de Líbano y Afganistán, decía ¡Víva España! Pero solo de “boquilla” y no con la cabeza (porque tiene poca) ni el corazón porque lo suyo es esa cosa confusa del catalanismo del PSC que, de una vez por todas, tendrá que escoger entre España y Cataluña.

Leguina dice lo que piensa con libertad y sus palabras rebotan en la mente oportunista o sigilosa de sus compañeros que están entre la urgencia de las elecciones andaluzas, el cuartel de invierno o casi “El Álamo” del PSOE, y la necesidad de una refundación del Partido Socialista en profundidad, que incluya ideas, programas y personas. Y mucho nos tememos que eso no va a ocurrir porque la urgencia del congreso impuesto por Zapatero y acogido con un gran interés por el clan de los felipistas, va a impedir que se abra el partido y el debate, y que regrese la teoría de la piña, y todo eso de a “lo hecho pecho”. La sola presencia del perdedor Rubalcaba como primer candidato al liderazgo del PSOE y la anunciada llegada de Chacón, produce un cierto escalofrío y la sensación de que nada va a cambiar.

Y no estamos ante un debate sobre si debe de hacerse o no una severa autocrítica buscando las causas de lo ocurrido y el por qué de la derrota electoral. Lo único que hay que hacer es, por una vez contar toda la verdad y denunciar la incompetencia absoluta de Zapatero, su desprecio a España y su negación de la crisis y de la necesidad de contar con un gobierno de altura que tomara todas las medidas oportunas, en vez de reunir a un grupo de amiguetes (muchos indocumentados) en el Consejo de Ministros y casi todos ellos sin la capacidad de abordar los problemas planteados en el país. Y lo mismo se hizo en la dirección del PSOE que ahí sigue desde la noche del 20-N sin que nadie se haya atrevido a dimitir, porque todos los autores de la catástrofe pretende seguir al frente de un partido que si lo consiente y no dice la verdad estará en el principio del fin de su existencia o de su ruptura, porque lo que si está claro es que con estos dirigentes no pueden seguir.