De la pesadilla 2011 al duro despertar 2012

Se acabó el tiempo de Zapatero y con él una pesadilla que ha inundado España bajo la presidencia del talante temerario y la absoluta incapacidad política de este presidente y de muchos de sus ministros, que han sido dura y merecidamente castigados en las urnas con la amplia derrota del PSOE en todos los niveles del Estado, nacional, autonómico y local. Y llegamos al tiempo de Rajoy marcado por el misterio de su liderazgo pero sabedores de su experiencia y anunciada independencia en compañía de un Gobierno que parece profesional y políticamente acreditado para abordar un momento que se inscribe entre los más difíciles de la Historia reciente de España, por la herencia recibida en nuestro territorio y los problemas derivados de la crisis europea e internacional que nos afectan y nos han tenido (y tienen) al borde de la quiebra del Estado y del temido “rescate” por parte de la UE.

De la herencia recibida en 2011 hay cinco capítulos que marcaron la etapa de Zapatero: la negación de la crisis económica y su falta de respuesta en tiempo y medidas oportunas; el daño a la cohesión, solidaridad e identidad de España que partió del estatuto catalán, luego rebajado por el Tribunal Constitucional; la inútil reapertura del debate y las tumbas de la Guerra Civil española; el desprestigio de España en el Exterior; y la negociación “política” con ETA, legalizando a Bildu y Amaiur a cambio del anuncio etarra del final de su violencia terrorista pero sin disolver la banda, sin entregar las armas, ni pedir perdón a las víctimas. En el debe de Zapatero se añaden los daños causados al PSOE, hoy sumido en una grave crisis de liderazgo, ideológica y programática, de la que nadie ni el propio Zapatero (que siguen sin dimitir de la secretaría general) ni su candidato Rubalcaba ni exministros como Chacón se hacen responsables, sino que al contrario todos ellos pretenden continuar al frente del segundo partido nacional.

De estos cinco apartados se deberá ocupar Rajoy con su nuevo Gobierno, dotado de una amplia mayoría absoluta en el Parlamento que se suma a las conseguidas en las Autonomías y principales municipios de España, lo que otorga al nuevo presidente del Ejecutivo un amplio poder para legislar, decidir y reformar que, por lo prometido en el debate de investidura, lo va a ejercer Rajoy de manera prioritaria con medidas urgentes contra la crisis y el paro en las que se incluyen la reforma del mercado laboral y del sistema financiero y el ajuste del déficit público del Estado hasta lograr el objetivo del 4,4 % exigido por la UE para 2012, lo que no será fácil de lograr si tal y como se teme el déficit del Estado del año 2011 no quedó en el 6% que dijo Zapatero sino puede que incluso por encima del 7% lo que nos obligaría a un recorte fiscal de cerca de 30.000 millones de euros, una enormidad para un país como España que obligaría a enormes sacrificios salvo que la UE nos ofrezca una demora ampliando el objetivo de déficit del año próximo. Un periodo que no estará exento de tensiones sociales y nueva subida del paro por culpa de la recesión y de los anunciados ajustes.

En política Exterior está claro que la prioridad del nuevo Gabinete está en la UE y en recuperar las dañadas relaciones con Iberoamérica, ahora que se celebra el 200 aniversario de la Constitución de Cádiz de 1812. Mientras que falta por ver si Rajoy adelantará el regreso de las tropas de Afganistán y como adapta el sistema anti misiles de los Estados Unidos adoptado por Zapatero sin la autorización del Parlamento. La difícil (especialmente para el PP) relación con Marruecos será otra prioridad y punto de observación de la revoluciones árabes que se han instalado al sur del Mediterráneo, un lugar tan próximo a nuestro país y nuestra Historia.

La cuestión de ETA solo tiene una salida: la disolución de la banda. Si los etarras pretenden cobrar un precio político por dar ese paso final se van a equivocar. Aunque la presencia de Amaiur en el Congreso de los Diputados (donde el Tribunal Constitucional les otorgará un grupo parlamentario que merecen) y el Senado abrirá tensiones políticas, una vez que la coalición abertzale buscará sobre todo conseguir la presidencia del Gobierno del País Vasco, con Otegui a la cabeza en las elecciones autonómicas vascas. Lo que de producirse abriría problemas de rango institucional. Como los que pretenden fomentar desde la Generalitat de Cataluña el gobierno de CiU que preside Artur Mas, exigiendo un concierto fiscal catalán que no cabe en la Constitución y jugando con el fuego de la autodeterminación.

Las tensiones sociales y las reivindicaciones nacionalistas van a topar con el muro de la mayoría absoluta y presidencialista de Rajoy. Un político que es poco amigo de comparecencias públicas y propicio al secretismo y a encerrarse en su puente de mando, lo que no le va a ayudar. Aunque los argumentos de la urgencia de la crisis económica y el paro los utilizará como escudo y para aplazar otras reivindicaciones tanto sociales (a no olvidar el movimiento del 15-M) como democráticas. Y estas últimas necesarias no ya de una regeneración sino de una reforma a fondo –con la Ley Electoral incluida, mal que le pese a Rajoy- sino de una reforma en profundidad. Porque muchos de los males que aquejan hoy a España no solo derivan del mal gobierno, o de los abusos de ciertos gobernantes, sino de unas malas reglas del juego político que distan mucho de la verdadera Democracia, de la obligada separación de los poderes del Estado, de la representatividad y la libertad política. No en vano muchas instituciones han perdido prestigio y necesitan de una adaptación a los tiempos que vivimos, empezando por La Corona, como lo acabamos de comprobar.

Hemos salido de la pesadilla de Zapatero y el nefasto año 2011 (con más de cinco millones de parados), y entramos de la mano de Rajoy en el que será el duro despertar de 2012. Un tiempo difícil, pero esperanzador si el nuevo año se convierte en el principio del fin de tan dramática situación. Los españoles lo saben pero buscan y esperan soluciones y no solo ajustes duros y resignación.