El Rey reconoce el deterioro de La Corona

El paro y el deterioro de La Corona por causa del escándalo de Iñaki Urdangarin fueron mencionados ayer por el Rey don Juan Carlos en su tradicional discurso de Navidad como sus principales preocupaciones. Y no le falta razón al monarca que se ha visto en la obligación de hablar a los españoles del citado escándalo que ha dañado a la Familia Real y provocado la “desconfianza” y el desapego de los ciudadanos frente a La Corona.

Para fijar su posición, el monarca ha dicho, en clara alusión a su yerno Iñaki Urdangarin, que las personas con responsabilidades públicas deben ser “ejemplares”, y que “cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética” esa “actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley”. Y añadió: “la justicia es igual para todos.” Algo que es y debe ser verdad, con la sola excepción constitucional de la “inviolabilidad” del Rey.

Asimismo, el Rey, reconociendo el daño que este escándalo ha causado a La Corona reconoció: “me preocupa enormemente la desconfianza que parece estar extendiéndose en algunos sectores de la opinión pública respecto a la credibilidad y prestigio de algunas de nuestras instituciones”.

Estas palabras tan claras como firmes exigen de inmediato dos actuaciones ineludibles: apartar definitivamente a Urdangarín de la Familia Real –y no solo de los actos oficiales- y provocar la urgente actuación del fiscal y del juez del caso Palma Arena interrogando, sin mas dilaciones y excusas, a Urdangarin y, en su caso, imputándolo ante la gravedad de los hechos detectados que son de conocimiento público y que provocaron la imputación de los otros socios y empleados de Urdangarin en empresas en las que el yerno del Rey y esposo de la Infanta Cristina era el primer responsable y motor de sus negocios irregulares o ilegales con numerosas administraciones del Estado, aprovechándose de su posición de privilegio en la Familia Real. No en vano y hasta el día de hoy Urdangarín ha recibido un escandaloso trato de favor por parte del juez y del fiscal, e imaginamos que por presiones de la alta política.

De la misma manera debemos decir que la Casa Real reaccionó tarde y mal ante este asunto del que tuvieron conocimiento en el año 2006, año en el que debieron empezar a tomar decisiones en el caso, cosa que no se hizo porque alguien pensó erróneamente que semejante escándalo se podía ocultar o deshacer en privado.

Ahora las cosas están claras y el Rey habló ayer con la mayor de las firmeza, a sabiendas que cualquier maniobra política o legal que pretenda privilegiar a Urdangarín se volverá directamente contra La Corona. Institución que a partir de este momento estará bajo la atenta mirada de los ciudadanos españoles en todos y cada uno de sus pasos y comportamientos públicos y privados. Los que tanto los Reyes como los Príncipes de Asturias han ejercido hasta ahora de manera escrupulosa y ejemplar.

Asimismo, del discurso del Rey debemos destacar su petición a los gobernantes de que se ocupen con urgencia del paro y de que lo hagan con diálogo y buscando soluciones para los ciudadanos y familias mas desfavorecidas de la sociedad. Recordó el Rey que España debe de permanecer en el liderazgo de Europa como un objetivo irrenunciable. Y finalmente advirtió de las inaceptables pretensiones políticas de ETA durante el llamado proceso final de la banda terrorista a la que exigió la entrega de las armas, haciendo un especial reconocimiento de la dignidad y el dolor de las víctimas de este terrorismo.

Finalmente, llamó y mucho la atención que en el escenario del palacio de la Zarzuela, en el que el Rey pronunció su discurso Navideño, se viera una foto del Rey con Mariano Rajoy y con José Luís Rodríguez Zapatero, exactamente en el lugar donde otras veces ha estado el Príncipe de Asturias.  ¿Qué pinta la política en ese escenario y sobre todo ¿qué hace ahí el ex presidente Zapatero? La única lectura posible de semejante y equívoca iniciativa es que el monarca está pidiendo al PSOE y al PP consenso en la lucha contra el paro y apoyo para su actual y grave problema familiar. Un tanto a la defensiva el monarca defendió La Corona, reconoció el daño causado por Urdangarín y nos aseguró que él está bien de salud y que durante su enfermedad el Príncipe Felipe actuó de una manera brillante y ejemplar.