Rajoy y Soraya se reparten el trabajo

La prioridad es la economía y por ello el presidente Rajoy va a presidir la comisión delegada de asuntos económicos del nuevo Gobierno, con lo que imita la decisión del primer ministro de Italia, Mario Monti, que comparte la presidencia del Consejo de Ministros con la cartera de Economía. Asimismo, el liderazgo de Rajoy en el ámbito económico, evita las posibles rivalidades entre De Guindos y Montoro aplicando el “tanto monta, monta tanto” y siguiendo muy de cerca la iniciativa interior así como la exterior, como los movimientos de los mercados y el ritmo de la UE, para lo que contará con ayuda directa de los ministros de Exteriores y Agricultura, Margallo y Cañete, así como con los de Industria (donde está pendiente una importante reforma energética) y Fomento, Soria y Pastor, para dar impulsos, al tiempo que abrirá la caja de los truenos de la reforma laboral de la mano de Fátima Báñez que será la “sufridora” del ajuste económico y social.

La mitad del Gobierno, pues y con Rajoy directamente al frente, ocupa el área económica que tiene previsto para el mes de marzo el despegue del nuevo ajuste una vez que se conozcan todas las cuentas de 2011 y se establezca la previsión de crecimiento y el monto del ajuste financiero y social. Mientras tanto se aprobará la ley de estabilidad presupuestaria, se abrirá la negociación laboral a buen ritmo o “manu militari” y se abordará a fondo la reforma financiera, con sus bancos buenos y malos, para lo que habría que contar con la dimisión del aún Gobernador del Banco de España.

En el campo de la política la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría tiene mando en plaza y vara alta. De momento se ha hecho con el control del CNI –aunque mucho nos tememos que los secretos de Estado no son deslumbrantes- y coordinará y a la vez impulsará la acción política y legislativa del Gobierno con un estilo dialogante, aceptando ideas y críticas, como lo declaró en su toma de posesión en Moncloa. En este sector, la cuestión de ETA es crucial (y asunto a compartir por Fernández Díaz y por Gallardón) el diálogo con el resto de fuerzas políticas, los medios, y ciertos asuntos pendientes y candentes como la renovación del Consejo del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, Defensor del Pueblo y RTVE, estarán en las primeras páginas de su agenda. Sin perder de vista asuntos “de Estado” como el caso Urdangarin y la trepidante agenda legislativa que se quiere impulsar durante los primeros meses del Gobierno e incluidas la reforma laboral y de los organismo reguladores del Estado. Así como el recurso previo de inconstitucionalidad, como los que tienen pendientes el PP (en aborto y matrimonios Gay) y el que va a presentar Amaia en la defensa de su derecho a tener un grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados. La Educación y Cultura (con el nuevo bachillerato y lo que queda de la “ley Sindi”), así como Sanidad (con el asunto candente del “copago” catalán) y las cuestiones políticas autonómicas también caerán de su lado. Mientras la política Exterior la despachará de manera muy directa Rajoy, como parece lógico y natural, al igual que la de Defensa, en la que prima el ajuste de su deuda por compra de armamento y la retirada pendiente de Afganistán, a ser posible cuando antes.

Estamos, como ha dicho Rajoy, ante un gobierno “competente” que tienen una ingente y urgente labor por delante, que ha sido bien acogido y con muchas esperanzas por la opinión pública y los medios en general, y que sabe que se enfrenta a una lucha en contra del reloj porque el partido de la deuda y del ajustes fiscal se va a iniciar de un momento a otro si se pretende llegar a 2013 con el 4,4% de déficit que exige la Europa del euro. Una Europa donde inmediatamente sus primeros dirigentes y gobernantes van a notar el nivel y la capacidad de decisión del nuevo Ejecutivo.

Otra cosa será el cómo piensa este Gobierno –y con un presidente tan reacio a los medios, actitud que debe moderar- explicar ante los ciudadanos del país las políticas decisivas y “dolorosas” que llevarán a cabo por imperativo de la eurozona y de los mercados. Una labor de comunicación difícil y comprometida que tiene a su favor el compromiso del presidente Rajoy de decir “la verdad”, sobre todo de la herencia recibida y una vez que pasen los fastos cordiales y las exquisitas despedidas en el traspaso del poder.