Un buen Gobierno para la crisis

El presidente Rajoy llegó a Moncloa, leyó la lista de su nuevo Gobierno ante los medios de comunicación y se marchó sin más comentario ni declaraciones, ni sobre el organigrama del Gabinete ni sobre los titulares de los departamentos. Es el estilo severo e “independiente” de Rajoy que se refleja en la composición de un Gobierno hecho a su imagen y semejanza donde no se hicieron concesiones al “estrellato”, y donde la selección de sus ministros estuvo marcada por la experiencia política, la formación profesional y académica, su proximidad y la máxima confianza del presidente y su capacidad para trabajar en equipo –muchos de ellos formaban parte de su dirección en el PP– en pos de lograr la máxima eficacia frente a la crisis económica y todos problemas de corte social y político que tiene España.

Y nada de cuotas de sexo o procedencia regional (para eso están los gobiernos autonómicos), ni zonas de influencia ajenas al que ha sido el núcleo duro del equipo de Rajoy en los últimos años. La prueba de todo ello está en el nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría como única vicepresidenta, ministra de Presidencia y Portavoz, asumiendo el máximo poder de coordinación del Gabinete y la labor legislativa a las órdenes de Rajoy, una vez que la hasta hace poco portavoz parlamentaria del PP diera, durante los cuatro pasados años, pruebas sobradas de eficacia, lealtad y buen hacer en los ámbitos legislativo, jurídico y político, sin por ello buscar el protagonismo que otros dirigentes del PP se habían disputado en los bancos de la oposición.

En el prioritario campo de la economía Rajoy ha renunciado a crear una vicepresidencia y de manera salomónica ha repartido las tareas entre De Guindos, su “asesor” privado de los últimos años como encargado de alcanzar la convergencia con la “unión fiscal” con la UE diseñada por Merkel y Sarkozy, delimitando el alcance del que será un ajuste fiscal español y rediseñando la reforma del sistema financiero español; mientras Montoro vigilará, desde la Hacienda y Administración Territorial, el estricto cumplimiento de los Presupuestos del Estado y autonómicos para alcanzar en 2012 el objetivo de déficit europeo del 4,4%. La tercera pata de este equipo llegará cuando Rajoy nombre al Gobernador del Banco de España, una vez concluya en junio el mandato de Miguel Ángel Fernández Ordoñez o mucho antes si el catastrófico y actual Gobernador de Zapatero, presenta como debiera la dimisión en los próximos días. La cuarta pata de esta mesa de trabajo económica llegará con reforma de los organismos reguladores del Estado (CNMV, CNE, etc), donde Zapatero ha colocado a sus colaboradores antes de irse y de donde saldrán escaldados tras una próxima e inmediata reforma legislativa anunciada en el debate de investidura.

En los llamados ministerios de Estado, empezando por Exteriores, Rajoy ha puesto personas de nivel, experiencia política y de su plena confianza. Margallo en la Diplomacia y con conocimiento de la economía, como lo deseaba Rajoy. Fernández Díaz, un halcón del PP en Interior con la cuestión etarra sobre la mesa (que se cuide Amaiur, si ETA no se disuelve), donde también puede entrar en juego Gallardón desde el ministerio de Justicia con el que recibe un premio Gallardón –tras su batalla con Aguirre-, y donde se lucirá el alcalde en la solemnidad del ministerio donde deberá afrontar las renovaciones del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Una Corte donde el PP tiene presentados dos recursos de inconstitucionalidad sobre el aborto y matrimonios gays, cuestiones en las que  Gallardón parece estar mas cerca del PSOE. Y en Defensa, Morenés es hombre con experiencia, y muy bien visto y puede que solicitado por el Comandante en Jefe, el Rey don Juan Carlos.

Del resto de gabinete se puede afirmar que ahí está parte del equipo habitual de la dirección del PP que ha ostentado Rajoy en los últimos años. pPersonas de su entorno y confianza con experiencia política y buena formación pero sin gran notoriedad pública y social. Hablamos de Pastor –que se las tendrá tiesas con los constructores buscadores de influencia-; del canario Soria que tiene ante sí la reforma del sector energético y la batalla del zapaterista Florentino Pérez contra Sánchez Galán en Iberdrola, tras la derrota de Sacyr ante Repsol; de Cañete que se conoce bien la Agricultura, donde ya estuvo con Aznar. Y de Mato y Báñez a las que les espera un trabajo difícil porque deberán batirse el cobre en las reformas y en los duros ajustes que se aproximan en Sanidad y en el mercado laboral. El verso suelto del Gabinete es José Ignacio Wert, todo un converso del PSOE al PP y amigo de Pedro Arriola lo que explica todo lo demás.

En su conjunto, por lo compacto y cohesionado que parece, este puede ser un buen Gobierno aunque muchos esperaran, de dentro y fuera del PP,  algo mas en prestigio y notoriedad de los ministros de Rajoy. Pero no son unos juegos florales lo que espera a este Gabinete sino una crisis descomunal y para ello no hacen faltas estrellas de la política –quizás Gallardón sea la única del nuevo Gobierno- sino gestores eficaces, con experiencia, una buena preparación política y técnica y buen conocimiento de los asuntos sobre los que han de trabajar. Y para esa labor la mayoría de los ministros seleccionados dan la talla, aunque falta por ver como, cuando y cuales son en un plazo razonable los resultados de su gestión. Ni son ministros de pacotilla como los de Zapatero, ni “pesos pesados” del primer gobierno de González o de Aznar. Estos son mas modestos pero puede que mas eficaces y eso es al día de hoy lo que hace falta, gente preparada y dispuesta as trabajar. Y si triunfan entonces provocarán la admiración, y si fracasan el malo y el equivocado lo será Rajoy. Hay que darles tiempo y esperar, pero si repasamos el programa de gobierno que Rajoy presentó en su investidura este gobierno encaja porque lo puede desarrollar y culminar.