Rajoy reformista y Rubalcaba se despide

En el día de su investidura o de su alternativa, Mariano Rajoy fue recibido en el Congreso de los Diputados con los aplausos del tendido de su mayoría absoluta puesta en pie y con su familia y sus presidentes autonómicos -trío de damas sin mantilla, Cospedal, Rudí y Aguirre- en los palcos de la plaza mayor de la soberanía nacional, donde a primera hora se le negó a Amaiur, por segunda vez y de mala manera loque arreglará el Tribunal constitucional, su derecho a formar grupo parlamentario. Subía Rajoy entre vítores de los suyos al estrado como si llegara al centro del Ruedo Ibérico el mismísimo José Tomás, pero nada más abrir el capote de su discurso vimos que no había sorpresas, ni riesgo, ni épica, ni pasión sino la faena concienzuda de una gran reforma express para salir de la crisis nacional. Lo propio de un buen profesional de la política tecnocrática, un hombre “previsible” como él suele decir de sí mismo aunque ahora convertido, porque Merkel aprieta, en decidido reformista, con más de cuarenta iniciativas urgentes para los próximos meses y casi todas ellas del ámbito económico, financiero y social. Pero sin hacer arabescos con el capote ni concesiones al campo de la política donde apenas nos dejó algunos detalles sugerentes como lo de decir que la función del Gobierno “no es la de suplantar a la Nación” sino “encauzar el diálogo” y que para él no hay “españoles buenos y españoles malos” (puede que solo “regulares”), con lo que vino a decirnos que el sectarismo (del Tinell, de los estatutos a escondidas, del regreso a la Guerra Civil, etc) de los tiempos que han pasado se acabó.

La cosa estuvo un poco mas ajustada y precisa en el primer debate de la tarde, entre Rajoy y su adversario derrotado el 20-N, Alfredo Pérez Rubalcaba, que subió al estrado manso como un corderito blanco, entregado al capote del PP, obsequioso en pactos y requiebros y casi anunciando su retirada del primer plano de la política, porque con su discurso de “don Angel si señor” defraudó al tendido de los socialistas, donde casi dormitaba deprimido Zapatero, el otrora sonriente matador. Quiso en un momento Rubalcaba ir a por  Rajoy con las pensiones, el IVA y el banco malo, viendo la que se viene venir del ajuste fino y por las bravas del PP, pero el hombre al que ya le queda poco pelo salió trasquilado porque Rajoy, eso sí, reconoció que acepta la jubilación a los 67 años ¡por Europa!, apostilló, pero anuncia subida de pensiones, y dijo que su intención no es subir el IVA salvo -y ya estamos con el “salvo”- que el déficit de 2011 no sea el del 6% que anuncia la señora Salgado y que nadie se cree en el banco azul, sino mas bien entre el 7% y el 8%, con lo que en vez de un ajuste de 16.500 millones para alcanzar el objetivo del 4,4 % de déficit en 2012, habrá que ajustar 36.500 millones de vellón y en ese muy probable caso el IVA se irá por los cielos. Tan cierto como parece que Rubalcaba se despedía de la primera línea del PSOE con ese tan penoso y entregado discurso de sumisión a Rajoy, su “matador” electoral.

Tanto es así que parecía que el debate estaba amañado, un tongo PSOE-PP. Ni Rajoy miraba al pasado de Zapatero ni Rubalcaba buscaba la femoral al maestro de Pontevedra y ambos dos prometieron avanzar en los pacto de Estado, por Europa, reformas de las administraciones, y acuerdo para la renovación del Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Defensor del Pueblo y del Consejo de RTVE. ¿Que fue de aquel aguerrido Rubalcaba, astuto, pérfido y peleón? La montaña furiosa esta vez parió un ratón, al que Rajoy miraba con ojos de gato frío y distante, sin desvelar como ni cuando se lo piensa comer.

Porque eso sí, Rajoy sigue siendo un misterio (como la lista de su Gobierno). Por ejemplo ¿que quiso decir cuando afirmó que habrá mas independencia en la selección de los administradores de la Justicia? Algo se intuye, pero poco más. 0 ¿qué barrunta Rajoy cuando habla de un reparto justo de la austeridad, o pide la unidad de los españoles para afrontar la crisis?

No se sabe bien pero se podría pensar que el presidente en ciernes le dice a su “nuevo amigo” Zapatero que la cohesión nacional está dañada, pero no nos aclara como lo piensa remediar, no vaya a ser que se enfade Durán Lleida que sigue en el papel de “mendigo” catalán pidiendo dinero, y dinero y concierto fiscal a cambio de votos o de abstención, pero que nunca habla de la otra gran balanza, la comercial y de la “apropiación” por las empresas catalanas del IVA que recaudan en el resto del territorio español. Y se alarma Durán Lleida, ese señor tan campechano que entra en el Palacio Real y le dice al Rey, “hola que tal”, de las propuestas de Rajoy para armonizar estructuras autonómicas porque cree el de CiU que vuelve el centralismo y se acaba la España presuntamente federal de la que habla como si esta pais fuera los Estados Unidos un toro al que no debió entrar nunca Rajoy, sino que debió de hablar a CiU de la España solidaria, recordándole que en su país catalán se han recortado las libertades, empezando por los toros, para seguir por el acoso y multas al uso de la lengua castellana y continuar con el incumplimiento de la legalidad.

Pero eso era demasiado pedir al maestro de Pontevedra que ayer estuvo obsequioso para con casi todos, que busca la abstención de CiU y que pretendió quedar bien incluso hasta con la colección de portavoces de IU, un lío multicolor que nadie se puede explicar y del que se desprende que piden una reforma de la ley electoral, como la pidió Rosa Díez como deslegitimando el sistema actual y eso después de “generalizar” la corrupción en la clase política. Un doble motivo, el de la ley electoral “perversa” y el de la corrupción generalizada, que le dió a Rajoy la oportunidad de abroncar severamente a  la diputada Díez, que se quedó estupefacta al llevarse el rapapolvos de la noche, y mira que, al margen de esos dos temas la señora de UPyD hizo un discurso tan conservador que parecía pedir el ingreso de su formación política en el Partido Popular, a base de pasarle al PP por la derecha con su pretendido patriotismo constitucional y su Europa esperanzada de la unión fiscal y federal. Pero tanto fue el cántaro a la fuente -y a no olvidar que acusó días atrásal PP y al PSOE de usar a UPyD como escudo frente a Amaiur- que el cántaro malva y oportunista de Rosa Díez se rompió, y con razón.

En suma una jornada larga y feliz para Rajoy que no demostró cansancio alguno y que se hubiera quedado toda la noche de debate en debate con la “gentil” oposición hasta el amanecer si hubiera sido el caso. No en vano el de Pontevedra torea bien de salón y eso del parlamentarismo le va bastante bien, y ayer sin correr riesgos -que no es lo suyo- se lució. Y hoy solo le queda afrontar, como guinda de la investidura al toro peligroso y reservón de Amaiur, que dice venir con la mano tendida, pero sin condenar a ETA, ni pedir perdón a las víctimas de sus amigos de la banda, ni exigir la entrega de las armas y la disolución de ETA. Y así difícil van a tener lograr un diálogo político con Rajoy. Aunque el “diálogo” es bandera del discurso inaugural del líder del PP, para quien además “no existen españoles buenos y malos”. Aunque eso es una cosa y otra muy distinta es el diálogo democrático con los que no respetan la vida, la democracia, la ley y la libertad. Y esa para Amaiur es una asignatura pendiente, otro cantar.