Triunfo agridulce de la Unión Fiscal europea

Comienza bajo tensión y con cierto dramatismo la Cumbre de la UE donde está en juego la supervivencia del euro y donde España con Italia ocupan la primera fila de riesgo en caso de fracaso

En otras circunstancias la unión fiscal acordada ayer por la cumbre europea de las naciones del euro habría sido un éxito histórico y puede que aún lo sea con el tiempo y la perspectiva de unos meses o años. Pero con Gran Bretaña en contra, los mercados vigilantes sobre nuestras cabezas (espacialmente las de España e Italia), y con un BCE débil e incapaz de actuar como un banco central de una sola moneda, nación o conjunto de naciones por la oposición de Alemania, los pasos de gigantes que se dieron ayer en Bruselas parecían pasos mucho mas pequeños aunque en esta arriesgada carrera y fuga hacia delante de los 17 del euro ya no hay marcha atrás.

Siempre se ha dicho que Europa se construye y avanza sobre la base de profundas crisis y grandes divergencias y ayer así fue por mas que aún queda mucho por hacer, como la reforma de los Tratados por la vía intergubernamental y el logro de los objetivos de defícits de todos los países implicados, así como de la estabilidad de sus Presupuestos y reformas constitucionales oportunas (España ya la hizo en septiembre).  Como queda por mucho hacer con el BCE ante la tozudez de Alemania que se niega a aportar una base solidaria financiera para las naciones con problemas de la deuda soberana y de estabilidad financiera, porque la señora Merkel quiere ver, como Santo Tomás, primero funcionando la unión fiscal de los 17 antes de abrir el grifo de la estabilidad, lo que constituye una apuesta arriesgada que ya veremos como la van a recibir los mercados financieros en las próximas horas y días venideros.

Lo que sí sabíamos era la escasa vocación europea de Gran Bretaña que ayer se volvió a desmarcar, como lo ha venido haciendo siempre desde que entró en la antigua CEE en el año 1973, dándole una vez mas la razón al general De Gaulle que en su día se había opuesto tajantemente a la presencia de Inglaterra en el Mercado Común del Tratado de Roma advirtiendo que Londres era el caballo de Troya de los Estados Unidos, para impedir el desarrollo y  creación de la Europa política. Londres no quiere la unión fiscal y un euro fuerte porque teme que el liderazgo financiero europeo de la Citty de Londres se traslade a Francfurt y Gran Bretaña pierda así los últimos reductos de su viejo imperio. Pero esta vez se puede equivocar porque si el euro y la unión fiscal se consolidan entonces será la libra la que permanezca aislada frente a las grandes monedas mundiales (euro, dólar, yen y yuang) y entonces veremos a Londres suplicando a las puertas de Bruselas para que acepte el fin de la libra esterlina y de la diferencia insular de Gran Bretaña con respecto al resto de las naciones europeas de la unión fiscal.

No hay mal que por bien no venga, dice un refrán español y puede que este haya sido el caso de la crisis del euro si al final la unión fiscal de los 17 avanza con paso firme y se recupera la estabilidad financiera ofreciendo de paso un resquicio al crecimiento y a la recuperación del empleo y de la actividad económica. Pero todavía queda mucho por delante y para España de especial manera porque los problemas de nuestro país son de gran tamaño, lo que obligará al Gobierno de Rajoy a actuar con dureza y rapidez en linea con las iniciativa que ya anuncio a los socios europeos conservadores en Marsella: profunda reforma del mercado laboral y del sistema financiero y ajustes del déficit y de los Presupuestos del Estado. Y por supuesto aceptación de la unión fiscal y de las reformas de los Tratados que ello implica y lleva consigo este bonito cuento de la “lechera del euro”.

Aunque la pregunta que se mantiene en el horizonte es la de ¿como valorarán los mercados y las agencias de calificación todos los acuerdos hallados en la cumbre del euro de Bruselas? Pronto se sabrá y pronto sabremos si la señora Merkel con su intransigencia a la hora de convertir el BCE en un auténtico banco central del euro no ha creado un nuevo problema que, finalmente, se convertirá en la llave de la supervivencia del euro lo que en ese caso habría que convocar otra cumbre para disolver la moneda única o pera que Berlín rectifique y acepte repartir las cargas de la estabilidad fiscal. De momentos, los ingleses ladran luego cabalgamos, y hemos pasado por encima de una montaña que parecía insalvable. Pero ahora falta por saber si al otro lado de la cima no nos espera un precipicio financiero y especulador difícil de salvar. Los días que vienen serán decisivos pero nadie podrá negar, ni los mercados ni las agencias de calificación, que ahora la Europa del euro está mucho mejor de lo que estaba días atrás.