Los corderos callados y el “ser o no ser”

Los españoles se debaten entre el silencio oficial que emana de los poderes implicados en la crisis nacional (públicos y fácticos) y el temor fundado de que aún no ha pasado lo peor. Están los ciudadanos, por los graves errores de nuestros gobernantes, debatiéndose entre la ira y la sumisión, tal y como se debatía Hamlet en el monólogo universalmente conocido que el genial Shakespeare nos legó y parece escrito para el drama español como se aprecia en un párrafo aleccionador: “Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal”.

Ser o no ser consecuentes y decentes esa es la cuestión que ahora enmarca la crisis del PSOE, sancionada con el ruidoso silencio de su Comité Federal donde nadie pidió a Zapatero su dimisión para pagar su responsabilidad por el desastre general en el que sumió a España (y no solo por la crisis económica tras la que se esconde cobardemente) y a su partido. Zapatero permanece en la secretaría general hasta el congreso de febrero ante el ruidoso silencio de los corderos de su Comité Federal, donde están como miembros de la Ejecutiva Rubalcaba y Chacón, los dos cómplices destacados del Gobierno del desastre de España y del PSOE que tampoco dan un paso hacia atrás y se preparan para disputar la herencia podrida de ZP, el del “indultazo” al banquero, la pasividad ante las andanzas del duque de Palma y vista gorda ante su todavía ministro Blanco y vicesecretario general del PSOE.

Silencio contenido en el PP ante el último y enésimo desafío de la traidora a Rajoy y a su partido, Esperanza Aguirre, atrincherada en la organización madrileña del PP y en el club mediático de la extrema derecha que ella ha engordado de escandalosa manera. Y desde donde ella y su entorno político y mediático hicieron, con cierto disimulo pero decididos, todo lo posible para que Rajoy no tuviera mayoría absoluta, jugando a favor de UPyD de Rosa Díez, que se subió en la jugada y está en deuda y a su merced.

Silencio general de los corderos españoles que miran con ojos de borrego entre asustados y esperanzados el nuevo silencio oficial de Rajoy, el presidente electo y en ciernes que solicita un poco de paciencia, mientras se consumen los plazos de la investidura y de la llegada del nuevo gobierno. El que se presume que cortará de un tajo en el gasto público y social el nudo gordiano de la deuda y el déficit español para que Merkel y los mercados den un respiro a nuestro país y logremos escapar de la atracción fatal que emana de Italia.

Y silencio y un cierto estupor ante las noticias que circulan sobre la creación de un “banco malo” nacional que se haga cargo de la pesada carga inmobiliaria que lastra el pasivo de bancos y cajas de ahorro –de donde no cesan de salir noticias sobre escandalosos contratos e indemnizaciones de sus cargos directivos-, y sin que ello obligue al desembarco de funcionarios del Banco de España en los Consejos de Administración de bancos y cajas socorridos. En realidad lo que debería de hacer ese “banco malo” nacional es solucionar los problemas de financiación y deuda de las empresas, autónomos y familias, muchas de ellas entrampadas en insufribles hipotecas. La solución podría estar a mitad de camino si el Estado compra a los bancos y cajas deuda de las empresas y ciudadanos (las hipotecas ahí incluidas), y les ofrece a estos la moratoria para ganar algo de tiempo, salvar su casa y recuperar la tranquilidad.

Y finalmente silencio y la respiración contenida del equipo que dirige Soraya Sáez de Santamaría en nombre del PP en el traspaso de los poderes y las cuentas públicas –las verdaderas- del Estado, que deja tras de sí el gobierno de Zapatero y donde se teme que está oculto un porcentaje de déficit muy superior al objetivo del 6% que marcaba la UE. Y entonces llegará la pregunta crucial: ¿qué hacer? O airear el desastre financiero en el balcón oficial del palacio de la Moncloa, para que los ciudadanos –y los mercados y la UE- conozcan toda la verdad sobre las cuentas de España, tal y como lo hizo Cospedal en Castilla La Mancha cuya deuda ha sido relegada al nivel de “bono basura”, o callar, ganar tiempo, tal vez dormir y dejarnos arrastrar por la ínfulas de la señora Merkel y de su nueva hegemonía europea. Esa es la cuestión.

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Nota: texto íntegro del monólogo de Hamlet:

“Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción.”