¿Quién le pone el cascabel a Merkel?

Hay que pasar de las musas financieras al teatro de la política. Y alguien le tiene que parar los pies a la señora Merkel que se nos ha convertido en el gendarme de la Eurozona, con unos modales nada democráticos, metiendo sus largas manos en la soberanía de las naciones del euro y bloqueando una solución global a la crisis financiera de la deuda soberana. Y si Sarkozy no se atreve, quizás porque teme enseñar su propia debilidad, deberán ser las naciones más afectadas quienes busquen su propia solución, y a ser posible hablando entre ellas (España e Italia tienen un notorio peso en el seno de la UE) en vez de ir una a una a pedir árnica a la canciller, a la que alguien desde la Eurozona le debería de poner un sonoro cascabel.

La canciller alemana Angela Merkel nos tiene a todos con el agua al cuello y no da su brazo a torcer para favorecer una zona estable a favor de los países del euro con problemas de deuda, bien con la emisión de los eurobonos, bien transformando el BCE o el Fondo de Estabilidad Financiera en tesoro y banco emisor, al estilo de la Reserva Federal de EE.UU. o del Banco de Inglaterra. Pues no, la canciller “de hierro” solo mira hacia Alemania y temerosa de que la inflación alcance a su país ha decidido anteponer el carro de los duros ajustes fiscales de los países con problemas, por delante de los bueyes de la estabilidad de sus deudas. Y se corre el riesgo de que cualquiera de las naciones afectadas sufra la quiebra, lo que desencadenaría un efecto “dominó” y el contagio a otros, o que en la tensa espera estallen en cadenas revueltas sociales y huelgas en los países afectado como la que ayer sacudía Portugal al tiempo que su deuda era calificada de “bono basura” por la agencia Fitch.

El último invento de Merkel, a la que sigue Sarkozy como un corderito, consiste en buscar una nueva reforma de los Tratados de la UE –otro largo proceso- para promover una “unión fiscal” y un gobierno “federal” de la Eurozona, lo que incluirá controles de organismos europeos sobre los presupuestos y mas pérdida de la soberanía nacional de cada uno de los Estado. Unos objetivos que en sí parecen razonables pero que necesitan mucho tiempo y que, en el interregno no garantizan a nadie estar a salvo de un estallido con lo que el riesgo que incluye el proyecto es muy alto. Además de encerrar la trampa “mortal” de decir a las naciones del euro que el que no acepte ni cumpla las nuevas reglas se quedará fuera del club privilegiado del primer nivel del euro.

Ayer, en la mini cumbre de París con Francia e Italia, Merkel ha vuelto a descartar los eurobonos porque dice que esa fórmula tapa los problemas de cada uno, mientras que el modelo actual los deja a la vista y permite atacarlos en su nivel nacional. Se entiende su posición pero la estrategia de estrangular las economías, meter a los débiles en la recesión (España ya está ahí) y obligarles a pagar altísimo intereses como los que soportan España e Italia, lejos de acercarnos a una solución final o a una salida digna puede que nos sumerjan más si cabe en la ciénaga de la crisis financiera y en una larga recesión “a la japonesa”.

El dilema que tenemos planteado en la zona euro de la UE grave e incluye cuestiones alarmantes y dramáticas porque detrás de las enormes cifras que se manejan y del riesgo de quiebras están las personas que sufren la crisis y las que pueden caer a nada que se pongan en marcha los nuevos ajustes. Pero ese es no el problema de Merkel sino de las naciones afectadas, y por ello hace falta que entre el juego la política y no solo la fría tecnocracia que exporta Berlín con la promesa de una Europa mejor que nadie al día de hoy está en condiciones de garantizar en un tiempo razonable que permita justificar los duros sacrificios ya ofrecidos y los que están por llegar.