El PSOE a palos entre ellos

Después de lo que han hecho con España y con su propio partido los primeros autores de este doble desastre como son Zapatero y Rubalcaba nos están ofreciendo un lamentable espectáculo que se presenta como el tercer acto del drama, con una lucha cainita para ver quién se queda con los despojos del PSOE. Si el zapaterismo de infausta memoria (aún caliente), con un Zapatero que no sólo no sabe lo que es la nación española sino que tampoco sabe, o lo desprecia, lo que es la democracia porque ¿qué es eso que dice de que el “asume las responsabilidades políticas de la derrota”? Pero este personaje ¿todavía no ha aprendido que en la democracia sólo se asumen responsabilidades con la dimisión? Pues no, él las asume sólo con palabras y se queda tan pancho.

Pero, vamos a ver, ¿cómo un presidente del Gobierno de España que es el máximo responsable de lo que ocurre en el país, y que además es el secretario general del PSOE se esconde en la noche electoral y no sale a dar la cara, con la excusa impresentable de que el candidato era Rubalcaba? Ese es el talante y el valor, y la desfachatez de un político que en mala hora llegó al liderazgo del PSOE y a la presidencia del Gobierno, lugares donde permaneció camuflado entre sonrisas, cejas, zetas y otras artimañas, hasta que la cruda realidad le quitó la máscara y lo dejó a la intemperie con su proverbial incapacidad e incompetencia para gobernar.

Y todavía se esconde en la noche electoral, no dimite y dice que se queda al frente del PSOE hasta febrero de 2012 y porque está decidido a controlar su sucesión al frente del partido para colocar a Chacón, otra incompetente que además acaba de hundir al PSC en Cataluña. ¿Y se lo van a consentir todo esto sus compañeros del PSOE de aquí al congreso de febrero, o en dicho Congreso? Esperamos que no.

Pero si nos vamos al otro lado de la pelea, el de Rubalcaba, que ha sido y es cómplice de Zapatero en todo lo ocurrido en España y en el PSOE, que exigió ir solo a las primarias, y echó a Zapatero de la campaña electoral, que diseñó la estrategia de los ataques al PP y a IU, y que se ha tragado como un faquir todos los destrozos de Zapatero como se tragó años atrás los del felipismo del GAL y de la corrupción, y que ha hundido al PSOE hasta 110 diputados, el peor resultado de este partido en la transición. Si analizamos lo de Rubalcaba, otro que no dimite, ni anuncia que se retirada de la primera línea socialista o de la batalla de la sucesión de ZP, si se estudia todo esto con la misma exigencia que hay que analizar lo de Zapatero llegamos a la conclusión que los dos hace unas pocas horas –desde la noche electoral- deberían de haber desaparecido de la faz de la política española y de la dirección del PSOE.

Un partido donde ya debería de estar funcionando una comisión gestora para controlar el proceso de renovación, o más bien de refundación del PSOE pero no solo para cambiar las personas de la dirección sino para reformar programas y reabrir su debate ideológico ante los tiempos nuevos globales, interdependientes de la UE, y tecnológicos en los que vivimos.

Y si grave es todo esto que estamos viendo en la batalla cainita de felipistas y zapateristas, mas grave o peor es el silencio general de los llamados barones y militantes del PSOE que no se sublevan y se dejan llevar por el espectáculo de un combate a palos entre los dos, en vez exigir su marcha inmediata y la total renovación. De hecho debieron haber pedido hace tiempo la marcha de Zapatero y de todo su gobierno –con Rubalcaba incluida- y no lo hicieron. Y ahora son los militantes y resto de dirigentes del PSOE los que están pagando el precio de los disparates de estos dos. Y más aún que van a pagar si se dejan engañar por esta pareja que pretende transmitir la idea de que fuera de ellos dos no hay salvación, lo que no sólo no es verdad sino que al contrario con cualquiera de los dos se camina hacia la autodestrucción.