De la pesadilla ZP al despertar de Rajoy

Ha sido un mal sueño, una larga y abrumadora pesadilla que comenzó hace ocho años con la llegada a la Moncloa de José Luis Rodríguez Zapatero negando la nación española – “discutida y discutible”, dijo-, reabriendo las tumbas de la Guerra Civil para enterrar el pacto de la transición, rompiendo –a espaldas de la Constitución- la cohesión y la solidaridad nacional con el estatuto catalán, llenando el Gobierno y las altas instituciones del Estado de personajes sin cualificación ni experiencia, a su imagen y semejanza. Todo esto que afloró con una especial virulencia al estallar la crisis económica cuya existencia Zapatero negó y tardó más de dos años en abordar tímida y erráticamente, para dejar a España en la ruina económica, con cinco millones de parados y al borde de la quiebra.

La guinda de tan amargo pastel de despedida la ha puesto Zapatero con el hundimiento nacional del PSOE, su partido que además ha perdido el poder hegemónico que mantenía en Cataluña, Andalucía y el País Vasco. El que nunca debió de haberlo elegido como líder en el año 2000, a la vista de su absoluta falta de experiencia y capacidad política. Un PSOE que todo le ha consentido y tapado (a través de sus medios de comunicación) sin la menor crítica o el mínimo control. Y con Zapatero, en la pesadilla se aparece el fallido candidato del PSOE, el que se decía “tan listo” Rubalcaba que tras su estrepitoso fracaso (el peor de la historia reciente del PSOE), no tuvo la decencia de anunciar en la noche electoral que abandona las primeras filas del partido.

Aunque peor si cabe fue la actitud acobardada de Zapatero, presidente y secretario general del PSOE, el del talante democrático, que permaneció escondido toda la noche electoral, sin dar la cara ante los españoles ni ante su partido. Puede que en venganza contra Rubalcaba por haberlo dejado fuera de la campaña electoral, o puede que deprimido por el desastre que va dejando por detrás. Ayer Zapatero –probablemente lo hará en breve- debió de anunciar que presentará ante los órganos rectores del PSOE su dimisión como secretario general y convocará de urgencia un congreso del PSOE (como el que teatralmente le ha pedido Rubalcaba) para elegir nuevo liderazgo y dirección y para llevar a cabo una profunda reforma política, ideológica y programática, en suma una refundación. Pero en esta noche electoral ni Zapatero ni Rubalcaba dieron un paso hacia atrás, a pesar del duro castigo al que han sometido los militantes y votantes de su partido.

En la zona de la victoria está el despertar de Rajoy y con él la esperanza de una amplia mayoría de españoles que han depositado su confianza en el PP. Se trata de una victoria política y personal del líder popular después de una larga espera, de dos legislaturas –”el que resiste gana”, dijo Camilo José Cela, tras recibir el Premio Nobel de Literatura-. Victoria tan importante como difícil de gestionar a la vista de los enormes problemas heredados y de las dificultades económicas y sociales que le esperan. Las que anoche ha prometido abordar con “humildad y compromiso”, gobernando para todos los españoles, sin sectarismos ni exclusiones y buscando la solidaridad y la unidad de todos los ciudadanos del país para salir de la crisis y recuperar la confianza en España. Y sobre todo, como dijo Rajoy, con la prioridad de atender antes que nada a los ciudadanos que más sufren el embate de la crisis, parados, jóvenes, pensionistas y enfermos.

Sin duda nobles objetivos y promesas que Rajoy deberá llevar a cabo al mismo tiempo que un rápido y creíble ajuste del déficit público para frenar el embate de los mercados financieros, lo que no será fácil de conseguir. Y en pos de lograr esa nueva confianza política en España para lo que deberá contar un gran equipo de gobierno, con capacidad, experiencia y prestigio, lejos de la que ha sido la “insoportable levedad” del zapaterismo saliente. Como debe articular Rajoy soluciones solidarias en la dañada cohesión nacional en un tiempo donde los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos están en alza, y donde Amaiur el brazo de ETA –otra herencia envenenada de Zapatero tras legalizar Bildu y Amaiur- entrará en la escena política con un “estridente” grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados desde donde pedirán concesiones políticas para los presos de la banda que, ahora, tienen sobrados motivos para abandonar definitivamente las armas.

Rajoy tendrá ante sí muchos problemas importantes pero también cuenta con un enorme poder político nacional –en Congreso y Senado-, regional y municipal. Y ello que incluye la tentación de la autocracia absolutista, le da facilidades al nuevo presidente del Gobierno para coordinar la lucha contra el déficit público del Estado. Pero sobre todo con lo que Rajoy debe contar es con un estado anímico inflexible a sabiendas que, como dijo Churchill –”sangre, sudor y lágrimas”- tiene por delante un duro combate contra la realidad. Ayer en su primera aparición enseñó el guante de seda en el que deberá enfundar su puño de hierro que a su vez deberá manejar con artes de fino estilista del esgrima, dada la fragilidad y la desesperación que habitan en el cuerpo social español que hoy sustenta su brazo en el nuevo despertar que sigue a la pesadilla de Zapatero que, ya era hora, ha llegado a su final.