Razones para el cambio político

La grave situación política, económica y social de España obliga a una necesaria alternancia que llevará al poder al PP que lidera Mariano Rajoy. Estamos como al inicio de la transición (cuando ganó UCD) o tras el golpe de Estado del 23-F (con la victoria del PSOE) en una encrucijada con una sola salida. En la que no cabe discusión ideológica alguna o elucubraciones sobre quién va a recortar en el ajuste del déficit más derechos sociales si Rajoy o Rubalcaba, porque los dos grandes partidos nacionales aceptan las reglas de los mercados y exigen la permanencia de España en el euro. Y ello hace que el margen de actuación económica sea muy limitado y el debate ideológico de izquierda y derecha se reduzca en detrimento de las opciones del PSOE que ha fracasado desde el Gobierno en la lucha contra la crisis económica.

Y tampoco sirve a los socialistas el último discurso desesperado de Rubalcaba del miedo al “poder absoluto” que tendrá el PP si el domingo obtiene una mayoría absoluta, que se sumaría al amplio control político que los populares han logrado en las elecciones regionales y locales del pasado 22 de mayo, y no porque sean los votantes los que se equivocan sino por los grave errores y abusos de los gobernantes socialistas en esas demarcaciones.

Es cierto que a partir del 21 de noviembre el PP tendrá un enorme poder político nacional, territorial y municipal, pero si no logra la mayoría absoluta en los comicios generales de este domingo el PP caerá en manos de los nacionalistas y volverá el chantaje contra la unidad nacional. La que hoy es tan necesaria para salir de la crisis como la mejor política económica posible. Salvo que Rubalcaba le diga a sus votantes que hay que apoyar al PSOE porque luego él pactará con Rajoy, lo que no es posible ni imaginable.

El PSOE tiene que perder estas elecciones no solo por fracasar en la lucha contra la crisis económica, cuya existencia negó. Sino por ello y por otras muchas cosas como por haber consentido que un tropel de políticos sin preparación, experiencia, cualificación y sin el menor sentido del Estado ni conocimiento de la Historia y de la realidad de la nación española, empezando por el propio José Luís Rodríguez Zapatero, se hayan sentado en la Presidencia del país, en el Gobierno de la nación y en altos cargos del Estado haciendo alarde de su proverbial incapacidad y causando destrozos que hoy son de difícil solución. La epidemia de incompetencia manifiesta los gobernantes del PSOE –nacionales, autonómicos y locales- de los tiempos de Zapatero es causa de los males de hoy y un motivo más que suficiente para justificar una clara alternancia y mayoría absoluta del PP. El hecho de que Rubalcaba y la vieja guardia del felipismo haya expulsado de la campaña electoral a Zapatero, y a su equipo constituye la prueba de lo que aquí se dice.

Luego hacen falta gobernantes capaces –no solo “potables” como dijo Rajoy- sino del primer nivel en cada una de las políticas que están en juego. Pero además hacen falta gobernantes que sepan lo que es España y entiendan que solo con la cohesión nacional y salvaguardando el alma reconciliadora de la transición se puede hoy salir de la crisis en la que estamos que no sólo es económica, sino también de identidad nacional, política y moral. Y decimos moral porque no se puede consentir, cuando la gran mayoría de los españoles está sufriendo los rigores de la crisis, el indecente espectáculo de una Justicia paralítica y ciega frente al exquisito club de “los intocables” donde habitan muy poderosos señores que están y actúan al margen de la ley. A este respecto veremos lo que da de sí la anunciada “independencia” de la que presume Rajoy en clara referencia a ciertos poderes fácticos.

Sobre todo esto, el paso de Zapatero por el Gobierno de España ha sido demoledor. Ha querido reescribir el pacto de la transición con el regreso a la Guerra Civil desenterrando tumbas, recuerdos y rencores de manera gratuita y hasta infame. Ha dicho Zapatero que la nación española era “discutida y discutible” para ofrecer al nacionalismo e independentismo catalán un estatuto que estaba fuera de la legalidad constitucional, como lo demostró el propio Tribunal Constitucional, intentando una fraudulenta reforma de la Constitución hacia una España confederal (que él disfrazaba de “plural”), que ha acabado en un estatuto catalán insolidario desde el que, por ejemplo, se persigue y sanciona el uso del castellano en el territorio español de Cataluña, a pesar de las sentencias ya dictadas contra estas prácticas por los altos tribunales del Estado.

Es el mismo Zapatero y el mismo PSOE que aceptaron sentarse en el gobierno de Cataluña con los independentistas pintorescos de ERC, los Carod y compañía, lo que suponía una traición a la pretendida españolidad del PSOE, luego rematada con el pacto del Tinell para expulsar al PP de cualquier institución. Y de este temerario juego del regreso a la Guerra Civil y la España plural o confederal, y de la violación constitucional, y la nación discutida y discutible, partieron las concesiones a ETA cuando ya estaba en su final (Bildu y Amaiur), y las demandas de CiU del concierto fiscal –olvidando el concierto comercial con España-, y todos los problemas que se anuncian en el País Vasco ante el desastre del PNV que, subido en el carro loco de Zapatero, se echó al monte y ha favorecido el crecimiento electoral del entorno de ETA.

Un día crucial y revelador fue aquel donde Zapatero, en vísperas de las elecciones de 2004, dijo en Barcelona “apoyaré en Madrid lo que decida el parlamento catalán”, renegando de la soberanía nacional. Ese mismo día se vio la talla, es decir el disparate y la incapacidad, que anidaban en la cabeza hueca de Zapatero. Y ese día los dirigentes del PSOE debieron hacerle todas las necesarias advertencias y ponerlo en su sitio. Y si no lo hicieron fue porque creyeron que no ganaría los comicios de 2004, porque entonces no había estallado el criminal atentado islamista de Madrid.

Y todos estos graves errores de Zapatero y del PSOE, de los que es cómplice principal el propio Rubalcaba, además contradicen los valores de la izquierda y la españolidad del PSOE. O ¿acaso se han de olvidado las fotos de Zapatero en la Moncloa con la cúpula de grandes empresas y bancos del Ibex –”los ricos” de los que habla Rubalcaba- en lo que se llamó la “tercera Cámara” del Estado, después de haber convertido al inútil Senado español en una ridícula torre de Babel en varias lenguas.

No sabemos lo que nos depara el PP bajo el liderazgo de Rajoy, pero los españoles hemos sufrido al PSOE de Zapatero y eso es difícil de igualar o empeorar. Y además la esperada alternancia le obligará a los socialistas a la refundación de su proyecto político y su discurso nacional. Por todo ello el cambio político, es al día de hoy para España una perentoria necesidad. Y dicho esto Rajoy debe saber que los españoles serán exigentes y vigilantes con la nueva etapa que viene y con la administración que tendrá de ese poder importante que estará en sus manos y en las del PP.