Zapatero y Rajoy podrían apoyar un ataque fulminante de EE.UU. e Israel a Irán

Puede que una de las decisiones más comprometidas que deberá tomar el nuevo gobierno de Mariano Rajoy sea la colaboración de España, a través de sus bases de Rota y Morón, en un fulminante ataque a Irán como el que al parecer están preparando a marchas forzadas Estados Unidos e Israel, con motivo de las noticias que aseguran avances de las centrales nucleares iraníes en el proceso de fabricación de la bomba atómica.

Como puede también que semejante implicación de España en el ataque a Irán sea, si se precipitan los acontecimientos, una de las últimas decisiones de Zapatero antes del traspaso de sus poderes a Rajoy. Lo que no dejaría de ser un sarcasmo porque nos ofrecería la imagen de un presidente que, días después de llegar al palacio la Moncloa, dio la orden de retirada urgente –y sin consultar a los aliados- de las tropas que España tenía desplegadas en Irak; y que ahora se retira del poder apoyando un bombardeo de Irán, después de haber aceptado la llegada a España del escudo anti misiles de EE.UU. sin debate previo ni la aprobación del Parlamento, y de habernos metido en las guerras de Afganistán y Libia. O sea todo un pacifista de entrada, y un belicista de salida, como lo que hizo González en el referéndum de la OTAN.

Lo que si parece plausible es que Zapatero y Rajoy hayan hablado en secreto de este eventual ataque que esperemos no ocurra antes de las elecciones del 20-N (sería el final de Rubalcaba), de cuyos preparativos podrían haber sido informados tanto Zapatero como Rajoy, si los acontecimientos hubieran tomado ya un ritmo de crucero importante como lo han anunciando destacados medios de comunicación de Estados Unidos e Israel.

El cúmulo de reuniones políticas y militares que se celebran en Washington en los últimos días, la reciente declaración de Obama en la que afirmaba que no excluye ninguna medida para frenar a los iraníes en sus pretensiones de fabricar la bomba atómica, las prisas que se ha dado Sarkozy en hacer las paces con Netanyahu, y las noticias y amenazas que emanan de Israel apuntan a que se está urdiendo un ataque relámpago contra las centrales nucleares de Irán, país que lleva años burlando la inspección internacional (como lo ha denunciado la OIEA) y que se muestra desafiante ante las advertencias  de Washington y Tel Aviv.

Si a ello añadimos llamativos movimientos y actividad en bases de los EE.UU. en su territorio, en el Golfo Pérsico y en países de Europa como España –fuentes próximas a la locuaz ministra de Defensa, Carme Chacón, hablan de aumento de la actividad en las bases españolas de Rota y Morón- veremos que la posibilidad de un ataque aéreo y de algunas operaciones de comandos sobre el suelo iraní (para culminar el éxito del ataque dado que muchas de las centrales nucleares están enterradas a mas de sesenta metros bajo la superficie del suelo) puede estar en una fase más cercana a la acción que una la simple planificación estratégica por si llegara el caso. La que desde luego parece estudiada y puede que pactada entre los gobiernos de Washington y Tel Aviv, con conocimiento de otros países como Gran Bretaña, Francia, y probablemente los de Rusia y China aunque estos dos últimos serían informados en el último momento antes del ataque.

Además, se piensa que el éxito de semejante operación contra objetivos nucleares y militares iraníes –que implicaría ataques a sus sistema de radares y potencial aéreo y de misiles, para evitar una respuesta de Irán contra Israel u otras naciones de la zona-, tendría efectos políticos importantes y favorables a los cambios pre democráticos que se están produciendo en países árabes, e  importantes consecuencias disuasorias para países islamistas radicales como Siria, u organizaciones pro terroristas como las de Hamas en Gaza o Al Quaeda en Pakistán y Afganistán de las que se dice que están apoyadas por el gobierno de Teherán. Así como frente a países aliados y amigos del presidente iraní Ahmadineyad como son el caso de Venezuela o Cuba.

Y a no perder de vista en todo ello las ventajas que obtendría el presidente Obama para su reelección presidencial en 2012 (tras  completar la liquidación de Bin Laden con el ataque a Irán), y los beneficios de las pretoleras de todo el mundo, porque semejante acción bélica a un país productor de crudo como Irán haría subir el precio del petróleo.

Noticia esta última que no favorecería en nada a España (salvo a Repsol), y que se sumaría al malestar e inquietud que semejante acción bélica, con apoyo del gobierno de Madrid, provocará en un amplio sector de la sociedad española, siempre contra las guerras porque los españoles tenemos muy presentes en nuestra Historia aún reciente y en nuestras familias los horrores de la Guerra Civil.

Habrá pues que estar atentos a esta posible nueva guerra que, de llegar, también tendrá efectos en la dramática situación financiera y económica de Europa, España incluida, por más que nuestro país parezca estar alejado de la zona del conflicto en cuestión. Pero no tan lejos como para que nuestras bases sean útiles en el despliegue y ataque de la operación. Algo que ya ha ocurrido con las pasadas guerras de Irak, Afganistán y Libia, y lo que pudo dar pie en marzo de 2004 al tremendo atentado terrorista islámico que destrozó, con 200 muertos y centenares de heridos, el corazón de Madrid. Lo que nunca se debe olvidar en un país con fronteras tan vulnerables, próximo al norte de África y que ya ha sufrido estas tremendas sacudidas del terrorismo islámico internacional.