La batalla está en el centro

Las últimas encuestas sobre intención de voto –publicadas por los diarios El Mundo y El País- mantienen estable la mayoría absoluta del PP frente al PSOE con una diferencia a favor de los populares de más de 15 puntos. Y eso que dichas encuestas, que ya recogen la noticia del final de “la lucha armada de ETA”, no han podido tener en cuenta el fracaso de Zapatero en la cumbre de la UE para el rescate del euro, donde España ha sido duramente castigada, y las últimas y estremecedoras cifras del paro. Lo que permite adivinar que la campaña electoral que se inicia el próximo viernes no solo le permitirá al PSOE recuperar su electorado hoy en fuga, sino que puede empeorar su posición porque cada día que pasa vamos a peor y en un mes todavía pueden ocurrir muchas cosas en este país y pocas buenas. Por ejemplo, no sería de extrañar que los próximos datos del PIB no anuncien que estamos en camino hacia la recesión.

Naturalmente, para consolidar su victoria el PP debe cuidar la franja social del centro político español que es donde se deciden las victorias políticas y de especial manera las mayorías absolutas en tiempos de grandes mudanzas como el que nos ocupa. Porque si el vuelco que está a punto de producirse en ese centro sociológico español se viera interferido por un gran error del PP o una polémica incisiva que hiciera dudar a los antiguos votantes del PSOE, entonces la imparable escalada de los populares hacia la victoria se vería frenada al manos en lo que a la mayoría absoluta se refiere.

De ahí que el bronco ruido que hacen los medios de comunicación de la derecha (por ejemplo, a propósito de la ETA, o de la Educación y Sanidad), exigiendo una derecha más dura y extrema a Rajoy y a sus dirigentes en la campaña electoral empieza a ser un problema. Y no porque ello le vaya a restar votos al PP en su flaco derecho más extremo, que no les faltará una vez que en ese ruidoso páramo no hay nadie a quien votar. Ni siquiera a los que, como Cascos (que se presentó en Madrid en la manifestación de las víctima del terrorismo, a las que nunca había acudido), o Rosa Díez (otra que ronda a la extrema derecha, negando el comunicado de ETA) hicieron incursiones en ese sector a ver que cae. Pues de momentos las encuestas solo le dan a Cascos un diputados por Asturias y a Díez tres por Madrid, lo que son malos resultados para quienes aspiraban a tener su propio grupo en el Congreso de los Diputados (para lo que les hace falta cinco a cada uno).

El centro político es sobre todo moderación, diálogo y cohesión nacional. Tres cualidades que han brillado por su ausencia bajo la presidencia de Zapatero, en la que el candidato Rubalcaba ha sido cómplice y partícipe destacado. Y no serán los broncos y rijosos discursos de Felipe González sobre el miedo a la derecha los que le permitirán al PSOE recuperar algo de terreno en el centro o centro izquierda español. Sobre todo porque lo que está en juego no es la ideología sino la economía, y los ciudadanos saben lo que ha hecho el PSOE en los últimos cuatro años y ello simplifica mucho sus opciones y favorece al PP. Incluso el carácter silencioso y escurridizo de Rajoy favorece a los populares y les impide cometer errores de bulto, tal y como ocurrió en el debate abierto sobre el final de ETA donde Rajoy dio por buena la noticia y se felicitó del paso dado por la banda, mientras que a su derecha le exigían una respuesta radical y frentista que el líder del PP se negó a desplegar.

El problema que tiene Rajoy es el del discurso que debería hacer mirando no solo a los empresarios o a los banqueros a los ojos sino sobre todo a los parados, a ese millón y medio de familias que no tienen ya ningún trabajo, y a los cerca de seiscientos mil españoles que no reciben ingreso alguno, o a los jóvenes desesperados. Porque en ese segmento del paro que sin duda está más cerca de la izquierda que del centro o la derecha (aunque sabemos que hay de todo) es el colectivo que Rubalcaba pretende movilizar a su favor, aunque lo tiene muy difícil porque pertenece al mal gobierno que ha causado esta tremenda situación. El drama del PSOE, Rubalcaba, González y Zapatero (si es que este último aparece en la campaña electoral) está en que su adversario no es tanto Rajoy o el PP sino la cruda realidad. Y eso lo vamos a ver escenificado próximamente en el debate televisado entre Rajoy y Rubalcaba el próximo día 7 de noviembre. En una cita que el candidato del PSOE, que se cree listo y lenguaraz, considera su última oportunidad y en la que a Rajoy le podría bastar con enseñar los gráficos de la economía y del paro para triunfar.