España sin gobierno, el PSOE sin líder

Desde que Zapatero convocó las elecciones en el pasado mes de julio llevamos cuatro meses sin gobierno, y todavía nos quedan otros dos meses más hasta la formación del nuevo gabinete, muy probablemente de Rajoy, lo que constituye un vacío de poder tan irresponsable como dañino dadas las graves dificultades económicas, financieras y sociales por las que pasa España.

Las últimas cifras del paro de la Encuesta de Población activa confirman que España está en el umbral de los cinco millones de parados (4.978.300) lo que sitúa la tasa del desempleo en un 21,5 %, cuando todavía nos quedan tres meses para cerrar la fatídica cifra anual, en la que de momento se incluye a cerca de un millón y medio de familias en las que nadie tiene trabajo y a más de medio millón de personas sin ningún tipo de ingreso. El panorama social español es aterrador y se completa con las dificultades del sistema financiero que abogan por un mayor estrangulamiento del crédito, lo que nos coloca en las puertas de la recesión y sin ningún atisbo o plan de mejora para los próximos meses.

Esta fotografía del mapa socio económico español no era la esperada por Zapatero y su gobierno cuando en julio convocaron elecciones anticipadas, convencidos que la estación ocupacional del verano les daría un respiro y les permitiría volver a hablar de los “brotes verdes” de la vicepresidenta Salgado que siguen permaneciendo al ámbito de la leyenda. De manera que entre la cumbre de Bruselas que ha puesto en jaque el sistema financiero de España, estos datos del paro y los que pronto confirmarán el estancamiento (o la caída) del PIB, dejan al candidato Rubalcaba y al PSOE en la peor de las situaciones posibles de cara a las fecha electoral del 20-N y sin discurso ni argumentos para esta tan larga y agotadora campaña electoral.

Ni siquiera la buena noticia del fin de la lucha armada de ETA le servirá a los socialistas para abanderar un discurso favorable que, por otra parte, se ha visto devaluado frente a su electorado por la reforma constitucional por la vía de urgencia y la acogida en Rota del escudo anti misiles de EE.UU.

En estas circunstancias el debate electoral televisado, previsto para el 7 de noviembre, entre Rajoy y Rubalcaba se anuncia como misión imposible para el candidato socialista –quien además no sabe mucho de economía- porque su adversario en esa cita no solo será Rajoy sino la cruda realidad del momento español. Por lo que al líder del PP y aspirante a la presidencia del Gobierno solo le queda presentar el cuadro clínico de un país que está con respiración asistida (y contenida) a la espera de un nuevo equipo de gobernantes, de un nuevo proyecto y de algo de esperanza y credibilidad.

Lo que no lleva a la conclusión de que Zapatero no solo ha mal gobernado España sino que ha llegado su partido a unos niveles de postración nunca vistos en los años de la transición. Veremos lo que dicen las urnas pero basta con recordar cómo ha sido todo el proceso de la salida del poder de Zapatero, sin querer perder el control del partido al que ahora lleva al fracaso electoral. Su tardía renuncia a ser candidato, las fallidas primarias, su empeño en seguir siendo secretario general del PSOE y los errores de la bicefalia que se puso en marcha en julio entre el candidato y el presidente y secretario general que le ha acareado no pocos problemas a la campaña electoral del PSOE. Y mucho nos tememos que Zapatero todavía pretenda pilotar su sucesión al frente de los socialistas, lo que sería un desastre para ellos e inaceptable por muchos militantes y dirigentes como los que esperan que en la noche electoral Zapatero anuncie su renuncia como secretario general para que una comisión gestora convoque congreso extraordinario donde el PSOE no solo deberá elegir nuevos líderes sino entrar también en un proceso de refundación programática e ideológica que los saque de la gran confusión y contradicciones en las que viven inmersos desde que les estalló en las mano las crisis que no han sabido reconocer ni afrontar.