Zapatero satisfecho y enfadado Rajoy

La Europa del euro ha salido reforzada de la cumbre de la UE pero España, por más que se feliciten de ello nuestros tras grandes bancos (Santander, BBVA y Caixabank) y declaren no tener problemas para alcanzar el 9 % del “cuore capital” exigido por la Unión ha sido severamente castigada como lo ha reconocido Rajoy con cierta indignación por la devaluación (del 2% al 3%) que va a sufrir la deuda pública española, a pesar que nuestros bancos no tienen un riesgo notable frente a Grecia, como dice el líder del PP. Pero sí que lo tienen frente a la propia deuda española, la de Portugal y sobre todo como consecuencia del gigantesco saco inmobiliario (cada vez mas devaluado) que lastra en gran manera los activos del sistema financiero español. Y todo esto lo saben o lo presienten en la UE, y por ello Zapatero no dio la batalla en esta cumbre de Bruselas, porque ya dijo una vez que “el sistema financiero español era el mejor del mundo”, y no puede volver a mentir con semejante descaro y temeridad, sabiendo lo que saben o sospechan los demás. Hasta el punto que nuestro “amigo” Sarkozy dijo hace pocos días que “a nadie le gustaría estar ahora en el sitio de España”.

Zapatero ha regresado suspendido –un suspenso alto, y no un cero pelotero como el de Grecia o el de Italia- de la cumbre de la UE y además se da por satisfecho, porque en algún momento llegó a temerse lo peor que no era otra cosa que el estallido de la deuda española, cuando el pasado agosto la prima de riesgo hispana superó los 420 puntos. Como en la noche del 9 de mayo de 2010, el presidente sufrió un ataque de pánico y tomó medidas de urgencia como la reforma constitucional, un gesto más político que eficaz, que le ha servido para amortiguar la mala situación española sobre todo por el propio interés de la UE de no dramatizar más el caso español cuando ya tienen bastante con Grecia y con el riesgo de la quiebra italiana.

Así y aunque regresa de Bruselas con las orejas gachas y encargos de unos hercúleos trabajos para la esperada presidencia de Rajoy, Zapatero ahora se conforma con salir indemne de la crisis financiera sin estallidos de tronío y con el anuncio del final de ETA, aunque en uno y otro caso queden muchas cosas por resolver. Eso sí, este infausto presidente deja tras de sí a un país enfermo y obligado a pasar las de Caín en los próximos meses y veremos si años. De ello tienen Zapatero y el PSOE muy graves responsabilidades que el próximo 20-N se las harán pagar los ciudadanos en las urnas.

En cuanto a Rajoy, el mensaje que le llega de la Unión Europea al futuro presidente del Gobierno español es el de que debe atarse los machos y de tomar duras y radicales decisiones en el primer semestre de 2012, tanto en el ámbito laboral como del gasto público y del sistema financiero en el que se anuncia un segundo turno de fusiones de cajas y bancos por las buenas o por las malas, y si es preciso y no hay más remedio cerrando alguna de las instituciones en litigio, cueste lo que cueste.

También sabe Rajoy que el tren de la Eurozona que acaba de salir del túnel de la deuda y de los problemas que amenazaban la supervivencia del euro es más sólido que el que entro en el túnel, tras el estallido de la crisis, y va a subir poco a poco su ritmo de crucero hacia la Unión Monetaria Federal, un club de élite mundial que ya tiene de los nervios al Reino Unido, en el que España estará o no estará según cumpla o no en los próximos meses las tareas que le han sido encomendadas y ello incluye grandes sacrificios que, lamentablemente, pagarán en gran parte los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

En las actuales circunstancias y salvada la nave europea del naufragio hay que ser optimistas. Ni doblan las campañas por España ni hay que echarlas al vuelo por la UE porque todavía queda mucho que hacer, y el cáncer de Grecia no sólo no está curado sino que amenaza con extenderse a Italia y a otras naciones periféricas de la UE donde también figura España. O sea que en estas elecciones hay mucho en juego y son los ciudadanos los que han de decidir quién será y con qué apoyo parlamentario el partido que nos va a conducir por ese territorio angosto y casi salvaje por donde ya echa humo la locomotora franco alemana de la UE, y en cuyo vagón de pasajeros de ha de sentar España tras poner el pie en el pescante y a sabiendas que este es y será el último tren.