Cumbres borrascosas de la UE

No deja de ser un sarcasmo que Grecia, el país que nos bautizó desde su mitología (el rapto de Europa en Tiro por Zeus que la llevó a Creta) con el nombre de Europa es el mismo que ha estado a punto de hundir este gran proyecto político de paz, cultura y libertades democráticas que es la Unión Europea. Una amenaza que parte de la crisis económica helena montada sobre sus mentiras e inoculada en el cuerpo de la Unión Monetaria como un virus destructivo capaz de contagiar a países como Irlanda y Portugal y a los mediterráneos de la eurozona, España aquí incluida y en cierta manera uncida a los no menos importantes problemas de Italia.

Como tampoco deja de sorprender que Gran Bretaña fuera el país desde donde Winston Churchill hablara por primera vez de los “Estados Unidos de Europa”, y que no haya querido integrarse en el euro y se oponga a una integración federal de eurozona de la UE. O que sea Francia, nación donde De Gaulle en colaboración de Adenauer, puso en pie la idea de la Europa del mercado, la económica y la política, sea ahora el país que se resiste a dar pasos firmes en pos de la unión política federal, como los que habrá que dar si por fin se supera la crisis del euro y se establecen los cimientos de esta unión monetaria que implica una sólida política económica y fiscal federal (como pide Merkel) o “federalizante” (como insinúa Sarkozy) para todas las naciones del euro.

Todo esto y la propia idea de Europa está en juego en las dos cumbres (la de los 27 de la UE; y la de los 17 de la Eurozona) que se celebran este miércoles en Bruselas para abordar: la crisis griega; el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (o de rescate); y la recapitalización de la banca europea. Desafíos urgentes y necesarios para restablecer el control del déficit en la eurozona, espantar la especulación de los mercados y avanzar hacia el crecimiento económico y la competitividad de la UE en el mundo global donde estamos inmersos. Lo que de lograrse obligará a los gobiernos y las instituciones de la UE a la puesta en marcha de los mecanismos y los controles que garanticen una política fiscal, económica y financiera unida, lo que a su vez supone una cesión de soberanía nacional de los Estados en pos de un solo ministerio de Finanzas (como propuso Trichet) y un Tesoro europeo. Las que son herramientas naturales de toda unión monetaria, que se obviaron en el nacimiento del euro mientras disfrutábamos el ciclo alto de la economía de los pasados años.

Por todo ello las reuniones de mañana –donde además se incluyen otras tensiones entre las 17 naciones de la UE del euro y las 10 que no lo son, como hemos visto en la polémica entre Cameron y Sarkozy- van a ser no solo definitivas para evitar las quiebras en cadena en la UE y salvar el euro sino que de los acuerdos que se adopten se desprenderá un tiempo nuevo para la Unión Europea (a una o dos velocidades, si los diez países ajenos al euro permanecen fuera) reforzando la unión monetaria y dando pasos hacia su unión política (las embajadas de la UE son una señal). Un sueño de los fundadores del Tratado de Roma, Schuman, Rey, De Gaspieri, etcétera, que no está tan lejos como parece, y que curiosamente se suele poner en marcha cada vez que esta Europa entra en una profunda crisis como la que tenemos sobre nuestras cabezas y amenaza las finanzas, la economía y el empleo en todos los países de la Unión.

De la necesidad del euro habrá que hacer virtud política a favor de la Unión Monetaria y de la Unión Federal Europea. Un ideal este último aún lejano paro cada vez más necesario en el mundo global de grandes potencias y de grandes países emergentes con los que las naciones de la UE, ni siquiera la poderosa Alemania, pueden competir en solitario. Y menos aún España, un país sumido en una severa crisis económica, financiera y social que espera salir indemne de las cumbres borrascosas de hoy en Bruselas, máxime en este tiempo de campaña electoral donde un fracaso europeo pondría a ras del suelo las débiles expectativas electorales del PSOE, y dejaría en malas condiciones al esperado gobierno del PP. Veremos que ocurre y esperemos acuerdos importantes porque de ellos depende el presente y el futuro de la UE.