Un triunfo para España y para Zapatero

El comunicado con el que ETA ha anunciado el final de su lucha armada constituye un gran triunfo para España y para las víctimas del terror etarra, las fuerzas de seguridad, los gobiernos que se enfrentaron a sus crímenes y para el conjunto de la sociedad y del Estado de Derecho, como ayer lo han subrayado los líderes políticos democráticos, empezando por el presidente Zapatero y siguiendo por el líder de la oposición Mariano Rajoy. También es un triunfo singular de Zapatero, que alivia así su penosa despedida del poder y compensa sus esfuerzos, a veces temerarios, en pos de lograr este final del que Rajoy dice sentirse satisfecho aunque no plenamente tranquilo hasta que la banda no se haya disuelto. El líder del PP precisó que el final de ETA se ha logrado “sin concesiones políticas” -lo que le costará una bronca de la extrema derecha-, en alusión a que no habrá referéndum, ni unidad del País Vasco con Navarra, ni una amnistía para los presos etarras como pedía la banda terrorista. Rajoy ha sido, a la vez, generoso y prudente a sabiendas del difícil reto que le espera cuando llegue al palacio de la Moncloa. Como lo ha sido también el Rey don Juan Carlos afirmando que es una buena y tranquilizadora noticia, en línea con la gran mayoría de los partidos democráticos españoles donde la única nota discordante ha sido la de Rosa Díez, incapaz de valorar el alcance del fin de ETA como empeñada que está en utilizar este debate como palanca para levantar votos de la extrema derecha.

La vida de 829 personas inocentes caídas en atentados de bombas, tiros en la nuca y por la espalda, las heridas de otros cientos, las torturas infames de los secuestros en zulos, el chantaje a los empresarios y el sufrimiento de las familias de todas estas víctimas del terror criminal e inútil de ETA está hoy mas presente que nunca en la memoria de todos los españoles. Pero no en la de los jefes de ETA que, en la presentación, patética y encapuchada de su comunicado final, solo se han acordado de los suyos y especialmente de sus presos, al tiempo que solicitaban a los gobiernos de España y Francia un diálogo para negociar las llamadas “consecuencias del conflicto”. Lo que en el argot de los negociadores parece aludir a la entrega de las armas y a la situación de los cerca de 800 terroristas presos en cárceles españolas y del país galo.

Unas “consecuencias” y un seguimiento del anuncio de ETA que Zapatero ha dejado en manos del futuro gobierno que salga de las elecciones del 20-N, lo que al día de hoy y a la vista de las encuestas significa que este será, en compañía de la crisis económica y el paro, uno de los asuntos claves del futuro equipo de Gobierno de Rajoy. Lo que implica que los ministros de Justicia e Interior del próximo gobierno tendrán un difícil trabajo entre sus manos y la necesidad de obtener todas las garantías de la disolución y de la entrega de las armas de ETA antes de proceder a facilitar medidas de gracia a algunos de los etarras condenados. Entre los que se encuentra Arnaldo Otegui quien, sin lugar a dudas, es otro de los artífices del final de ETA y de su reinserción en la vida política desde el lado arbertzale de este final en el que, con toda seguridad, hubo una secreta negociación entre el gobierno y los representantes de ETA y Batasuna.

En cuanto a las consecuencias políticas del final de ETA hay que destacar que Zapatero –que está teniendo un final de legislatura muy intenso con la reforma constitucional sobre el déficit y los misiles del escudo de Obama- se apunta en su haber político un éxito importante como contrapunto a sus muchos errores en las políticas económica, social y de cohesión de España, como las que han conducido este país al desencanto y postración en el que hoy se encuentra (el 20 por 100 de las familias españolas tienen problemas de subsistencia, reconocía una estadística oficial). Un triunfo político, que desde luego Zapatero no ha logrado sólo, pero que en su día pretendieron Suárez, González y Aznar, lo que permitirá al aún presidente del Gobierno salir de la Moncloa con un logro muy importante para España y para él.

Un final de ETA que, a pesar de la indecente literatura que ha adornado la rendición de la banda ante la democracia española, podría tener algunas consecuencias políticas inmediatas en las próximas elecciones. Puede que mejorando la imagen de Zapatero y Rubalcaba y también la del PSOE por mas que los expertos en los sondeos pre electorales aseguran que nada va a cambiar sustancialmente en los resultados del 20-N que hoy favorecen con claridad al PP. Como puede que semejante anuncio mejore las expectativas de la coalición abertzale Amaiur, que se presenta a los comicios generales en el País Vasco, en pos de lograr un grupo parlamentario en Madrid, lo que también está por ver y lo que provocaría pérdidas de votos y escaños al PNV y al PSE en Euskadi.

El fin de ETA es un hecho político muy importante e histórico para este país, y puede significar el final del ciclo de la transición democrática tras la desaparición de la dictadura franquista. Un punto definitivo de inflexión que debe ser acompañado con mejoras en el ámbito de la vida democrática –hacia una mejor representación parlamentaria y separación de poderes del Estado-, de la disparatada España de las autonomías y de las reformas de las estructuras económica y financieras del país como consecuencia de la grave crisis española, europea e internacional que ahora vivimos y que nos empujan hacia un nuevo modelo de gestión y crecimiento económico y social. El fin de ETA –al que aún queda pendiente la entrega de las armas y la disolución de la banda- es una gran noticia para España que le debemos ofrecer a las victimas del terror, familiares y amigos, a los que nunca podrá ni va a olvidar este país.