Repsol y el último tren de Sacyr

El presidente de Sacyr, Luis del Rivero, ha vuelto a las andadas como cuando pretendió hacerse con el control del BBVA con el amparo de Zapatero y su ministro Sebastián, una operación que tuvo mucho de rocambolesca y que por burda e imposible fue tildada como la inolvidable película de J.M. Forqué “Atraco a la tres”. Ahora el símil cinéfilo nos llevaría a un título donde se dijera “Asalto al último tren”, porque el golpe de mano que Del Rivero pretende dar en Repsol, con la ayuda de la petrolera mexicana Peméx y a tan solo dos meses de la salida de Zapatero y Sebastián del Gobierno constituye su “último tren” u oportunidad de influencia política antes que el PP llegue al Gobierno y se desmonte esta operación que, a todas luces, va contra los intereses de España y en favor de México.

Y el beneficio de Pemex, porque los mexicanos pretenden quedarse la tecnología y el negocio del gas de Repsol, y de Sacyr y Del Rivero que espera enjuagar así la gigantesca deuda de la constructora y sus serios problemas internos con sus destacados accionistas Demetrio Carceller y Juan Abelló, vendiendo algunos activos de Repsol o reduciendo inversiones y subiendo dividendos. En suma desguazando la empresa, como lo denunciamos en estas páginas hace ya mas de un año con motivo de otra intentona fallida -“el penúltimo tren”- con un grupo inversor de la India, Essar, como anteriormente lo probaron con los rusos de Lukoil.

Pero esta vez Del Rivero tiene tres serios problemas sobre su mesa: la batalla por el control de Repsol, que a pesar de la actitud del ministro y de “su” desvergonzada CNE -que ayer se inhibió de esta embestida-, tiene un largo recorrido jurídico por delante y enfrente a la mayoría del Consejo de Administración de la petrolera y posiblemente de la Junta de Accionistas; la lucha interna de poder en Sacyr donde Del Rivero se enfrenta a Carceller y a Abelló (que además se oponen al pacto con Pemex para desestabilizar Repsol) y puede que pronto también se enfrente al grupo de Cajas de Ahorro que participan la constructora; y finalmente, Del Rivero tiene pendiente renovar los créditos con los que hace años compró el 20 por 100 de Repsol (5.100 millones de euros) antes de final de año. Renovación complicada donde bancos acreedores como el Santander podrían entrar, si no renuevan los créditos, en la liza de Repsol (ojo a Matías Cortés).

Para colmo se avecina un cambio político en el Gobierno, algo importante para una petrolera sometida a regulación estatal y no digamos para una constructora de alcance nacional. Y por si algo le faltara a Del Rivero, PP, PSOE (Rubalcaba) y CiU no aprueban el pacto de Sacyr y Peméx contra Repsol.

Lo que debería llevar a Del Rivero a reconsiderar a fondo su posición y a rectificar su actitud por el bien de Sacyr y Repsol no vaya a ser que este osado empresario murciano –que se pasa las mañanas en los famosos desayunos de Madrid, adulando a los políticos-, pierda las tres partidas a la vez y entre en crítica situación. Ya se estrelló en BBVA, primero, y en Eiffage, después -creando otro conflicto con el gobierno de Francia-, y ahora parece haber llegado tarde al “último tren” del Gobierno de Zapatero. Al que se quiso subir también la salida a Bolsa de Loterías del Estado, a precios irrisorios, y que finalmente se quedó en el andén.

La decisión de la Comisión Nacional de la Energía (CNE) por la que se inhibe de intervenir e investigar el pacto de accionistas de Sacyr y la mexicana Pemex para controlar Repsol se veía venir y era esperada. No en vano la CNE está a la orden del ministro de Industria, Miguel Sebastián, descarado aliado del presidente de Sacyr, Luis del Rivero, con quien ya anduvo “conspirando” en el fallido asalto al BBVA, y el que sorprendentemente se había declarado favorable al pacto de Sacyr y Pemex diciendo que ello no afectaba a la españolidad de la petrolera, lo que el ministro –al que le quedan menos de dos meses en el cargo- no está en condiciones de garantizar, y menos aún después de lo ocurrido bajo su mandato con Cepsa y Endesa.

La actitud del ministro Sebastián -contestada en el PSOE por Rubalcaba y González- y de la CNE es escandalosa y constituye un flagrante ejemplo de manipulación política de los organismos reguladores del Estado en defensa de los “amigos” de ciertos dirigentes socialistas. Organismos reguladores que se han convertido, ante la perspectiva de pérdida de la elecciones del PSOE, en llamativas agencias de colocación de altos cargos socialistas y afines, como ha ocurrido en otros reguladores públicos y lo denunció el PP a la vez que anunciaba una reforma de la ley que afecta a dichos organismos para expulsar a los agentes políticos en favor de profesionales cualificados e independientes. Lo que ocurrirá en primeros meses de 2012 si los populares logran la victoria el 20-N, y lo que desbancará de la CNE a sus actuales máximos gestores y entonces, si se llega a tiempo, se reabrirá el caso Repsol.

Responsables de la CNE que han dado prueba de una sospechosa actuación,  que huele a prevaricación a la vista de los documentos de Pemex hechos públicos donde se deja en clara evidencia sus intenciones de apoderarse, a bajo precio, de la tecnología de Repsol y de interveniren el negocio de gas, que Repsol explota en colaboración con Gas Natural Fenosa. Y todo ello con el agravante de que Pemex es propiedad de México, país no miembro de la UE, con lo que la CNE queda en evidencia eludiendo una investigación y normas de la competencia que sí utilizó para frenar a EON en Endesa.

Aunque en aquel caso los accionistas de Endesa salieron beneficiados por la OPA final, mientras que ahora sin una OPA a la vista todo apunta al desprecio de los accionistas de Repsol y al intento de Pemex y Sacyr de “desguazar” la petrolera en su propio beneficio y en contra del interés de Repsol y de España. Operación que ha perdido la batalla de la opinión pública y perderá la batalla política mientras se prolonga la contienda judicial y societaria dentro de la compañía. Lugar donde el presidente Brufau se alzó con una mayoría abrumadora y anunció el reforzamiento del blindaje de su Consejo frente a sus adversarios y a la vez posibles competidores desleales de Pemex y Sacyr a los que se pretenderá expulsar de su órgano rector, una vez que ha quedado al descubierto la operación y la connivencia del ministro Sebastián, diga lo que diga, sin decir verdad, el titular de Industria o “el mismísimo emperador de Japón”.