Una proposición indecente

El presidente del Gobierno catalán, Artur Mas, tan poco amigo como parece de la libertad, al igual que muchos de sus compañeros nacionalistas, está entrando en el camino de la improvisación porque tantas veces deambuló y dio marcha atrás su aliado en lo del estatuto catalán, José Luis Rodríguez Zapatero, con el que Mas participó en aquel cepillado del estatuto de Maragall que luego culminó el Tribunal Constitucional con un pelado a fondo a propósito de la nación. Pues bien al “President” se le ha ocurrido la idea de proponer que los médicos y enfermeros catalanes renuncien a media paga de Navidad y se ha quedado tan ancho. Como cuando propone recortes a las residencias de la tercera edad, mientras esboza un impuesto progresivo a las grandes fortunas que está por concretar.

Un proposición políticamente indecente por parte de un gobierno y de una clase política que no ha renunciado previamente a sus propias pagas de Navidad, y que sigue montada en el derroche de la propaganda nacionalista y en toda clase de festejos, gastos suntuosos y no digamos los relativos a las “embajadas catalanas” en el mundo, o a la promoción de la lengua y la persecución del castellano a pesar de que aseguran que no hay problemas lingüísticos en Cataluña. Entonces, ¿a qué viene lo de gastar más de 160 millones de euros en este capítulo, donde acaban de incrementar el gasto en traducir películas de Hollywood?

Cuidado con los recortes que afectan a las familias y a los ciudadanos de a pie, por parte de los ciudadanos que van a caballo o en coche oficial, porque esas no son maneras y mucho antes hay que eliminar lo superfluo y en este caso lo extra nacionalista en primer lugar antes de tocar lo que es más sagrado que es el derecho al trabajo, a un sueldo justo y digno, y a la estabilidad del entorno personal o familiar. Y menos aún en un sector socialmente tan delicado y esencial para todos como es el de la medicina.

Muchas ganas tenía Mas de llegar a la presidencia de la Generalitat y ahora resulta que está desconcertado y que no sabe de dónde quitar, ni le salen las cuentas y además, como si quisiera engañar a no se sabe quién anuncia cual será el déficit catalán en 2018, a ver si les entran en caja unos millones por la vía de los nuevos bonos patrióticos, como si los inversores supieran algo de patrias o banderas. Los inversores van a las cuentas de resultados de hoy y no de las que se anuncian para dentro de siete años. Y no vale decir que el gobierno de Montilla les ha dejado una mala y oculta herencia porque la obligación del primer partido de la oposición es controlar y seguir al día la contabilidad de cada gobierno como debió de haber hecho CiU años atrás.

Y que no lloren ni se lamenten con el cuento de la balanza fiscal, porque también existe la balanza comercial con el resto de España que les es muy favorable y que incluye el IVA capturado en Comunidades que no son la suya, lo que no es justo de ninguna de las maneras. O sea que mucho ojo con las improvisaciones y los victimismo patrióticos no vaya a ser que todo eso se revuelva contra ellos mismos como un boomerang. Porque no se puede pedir mucha más soberanía y a la vez defender una economía global que ha de empezar por la española que es la que alimenta a todas las grandes empresas y entidades financieras catalanas como muy bien lo saben ellos o deberían saberlo, y como muy pronto –si siguen por ese camino- alguien se lo va a recordar.