Rajoy habla de Democracia

Poco a poco el líder del PP, Mariano Rajoy, empieza a desvelar su programa y esta vez ha puesto con cuidado el dedo en una de las llagas: los órganos reguladores de la política estatal como son el Banco de España, la CNMV, la CNE, RTVE, la Competencia, etc. Organismos en los que Zapatero –en varios de ellos- ha ido colocando a sus pupilos para dejar bien atada e infiltrada a sus huestes en la retaguardia del futuro gobierno del PP. Pero Rajoy ya ha anunciado una reforma de dichos entes a favor de unos verdaderos expertos y personas independientes, para lo que necesitará de mayoría absoluta o pactos con CiU o PNV en pos de merecido desalojo de los intrusos de la última hora.

Y para demostrar que eso que promete va a ser así no estaría de más que Rajoy pidiera a los consejeros de RTVE nombrados por el PP que renunciaran inmediatamente a su puesto –como lo hizo el de CCOO- como corresponde a su indigno intento de censura en los informativos de la cadena estatal que, ante el escándalo producido, tuvieron que rectificar. Estos grotescos e indignos personajes que fueron seleccionados por el PP–y cabe preguntarse ¿cómo pudieron llegar ahí?- y sus compañeros de viaje de CiU, PSOE y ERC, no pueden seguir un día más en sus cargos por más que quieran apurar hasta la última gota o último euro el inmerecido y desmesurado sueldo que tienen, en un tiempo en el que el paro inunda la sociedad española. Si no caen estos ahora, ¿por qué deben ser eliminados otros de los órganos reguladores del Estado?

Sin embargo, las reformas democráticas y la búsqueda de la “buena fama” de la clase política española no colma ni mucho menos la lista de reformas democráticas pendientes que empiezan por la ley electoral –lo que empieza a ser un clamor nacional-, sigue por la no separación de poderes del Estado –Ejecutivo y Judicial especialmente mezclados- y continúa por la reforma de los reglamentos del Congreso y del Senado, y la independencia de los medios públicos y privados de comunicación –empezando por los ruinosos y escandalosos autonómicos públicos-, en el beneficio del mayor pluralismo posible que sin duda alguna hoy día está en Internet.

Y puestos a separar poderes públicos, tampoco habría que olvidar la línea divisoria implacable que se ha de instalar entre el Gobierno y los poderes fácticos, los que hemos visto dando lecciones e instrucciones en la Moncloa de Zapatero como ocurrió en aquella reunión con los “amos” de Ibex convertidos en “tercera Cámara” de la presunta vida democrática española. Rajoy dice, una y otra vez, que es “independiente” pero lo tendrá de demostrar. Y también “al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios”, y la Iglesia en lo suyo y el Estado laico en su función, y algo parecido con la habitual injerencia de potencias extranjeras –por muy amigas y aliadas de España que se digan- en cuestiones de soberanía y política exterior y seguridad.

La necesaria reforma democrática –lo de “regeneración” suena a broma pesada, manoseada por todos- no debería ser un segundo o tercer plato, con la excusa de la urgente prioridad de la crisis económica y social, porque si eso se confirma y como la crisis va para largo la legislatura se agotará sin notables avances en cuestiones fundamentales que debieron ser abordadas por Felipe González cuando logró la mayoría absoluta, o por José María Aznar una vez que disfrutó de su gran mayoría. Con Zapatero semejante reforma para pasar de la partidocracia a la democracia, era algo imposible de imaginar porque el ahora saliente y fracasado jefe del Gobierno no supo apreciar los valores democráticos –que confundía con derechos civiles-, como no sabían lo que era la nación española –”discutida y discutible” para él-, ni la crisis económica, ni la cohesión nacional, etc. ¿Será Rajoy el presidente de la reforma democrática y de la salida de la crisis económica? Todo apunta a que tendrá en sus manos esos históricos desafíos y esa oportunidad.