Se escapó el faisán

En el día de su penosa despedida del Congreso de los Diputados, el presidente Zapatero además de reconocer -¡faltaría más!- que no se va satisfecho al menos respiró profundamente tras conocer la noticias que eliminan las imputaciones penales a los policías afectados por el “caso Faisán”, y también las responsabilidades políticas de este grave asunto de presunta colaboración con ETA. El que, de haberse continuado y condenado a los autores, le había colocado a Zapatero en su historial político su “pequeño caso GAL”.

Y decimos Zapatero (a quien el diario El Mundo protegió en este caso) y no Rubalcaba porque de haber ocurrido, como parece, semejante infamia de presunta colaboración con ETA, ello no se podría haber llevado a cabo sin el conocimiento y la autorización del presidente que llevó personalmente toda la negociación con ETA, aunque en su cadena de mando estuvieran Rubalcaba y el hoy ministro de Interior, Camacho.

El faisán vuela y se escapa de entre las manos de sus más que obsesivos cazadores porque la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional acordó “por unanimidad” suspender la imputación de los tres policías afectados por el llamado “caso Faisán”, o chivatazo policial a los cobradores del impuesto de ETA durante las negociaciones del gobierno de Zapatero con la banda terrorista. La Sala, que reconoce la existencia de indicios delictivos, devuelve el caso al juez Ruz pidiéndole que amplíe la investigación porque considera que no hay pruebas suficientes para mantener imputados al ex director general de la policía, García Hidalgo, al inspector Ballesteros y al jefe superior de policía de Bilbao, Pamiés, presuntos autores del delito.

Además, la Sala Penal de la Audiencia Nacional no entró en el debate de fondo sobre si se investigaba un delito de colaboración con banda armada o revelación de secretos.

Que la decisión haya sido por la unanimidad del total de los quince magistrados de la Sala Penal –incluidos los que se consideran afines al PP- es un hecho de gran relevancia que presume que la decisión adoptada además de agradar a Zapatero, Rubalcaba y al PSOE, tampoco ha disgustado a Rajoy ni a la dirección del PP. Los que tienen por delante unas elecciones generales y un difícil gobierno y que están un tanto hartos del uso torticero que de este asunto y de la llamada conspiración del 11-M hacen ciertos medios de comunicación afines a la extrema derecha, jaleados por el diario “El Mundo” que siempre ha exculpado a Zapatero de todo ello.

El caso sigue abierto pero todo apunta a que el juez Ruz no tendrá nada fácil aportar pruebas, con lo que el caso se acabaría para siempre. Y no parece que el PP, si llega al Gobierno y por lo tanto al ministerio de Interior, vaya a dedicarse a levantar las alfombras y a reabrir este o esa fracasada conspiración del 11-M como pretenden algunos. Entre otras cosas porque en ambos casos coinciden unos oscuros intereses políticos y mediáticos y porque nadie duda que las prioridades de Rajoy y del PP no serán otras que la crisis económica y el paro. De momento voló y se escapó el faisán y Zapatero se libró de ese oscuro baldón.