El Congreso “se divierte”

Sería dramático que hoy asistiéramos a una versión a la española de la extraordinaria película de Erik Charell “El Congreso se divierte” donde se relata la malvada astucia del Príncipe de Metternich divirtiendo a los congresistas que debatían el reparto del imperio napoleónico para llevarse él la parte del león. Una comedia deliciosa que no viene al caso del difícil momento español, y menos aún en la trágica despedida del presidente Zapatero que querrá, una vez, mas, presentarse como el héroe de la izquierda que se inmola por el bien de España, mientras un Rajoy enjuto y agigantado por su reciente victoria electoral se presentará ufano y arrollador como alternativa imparable al gobierno de la nación.

Como música de fondo una nostálgica melodía de Mikis Teodroakis cuando comienza la huelga general de Grecia,  y como escenario de fondo el Partenón adornado por las pancartas de los huelguistas que reclaman la soberanía de su nación frente al ímpetu arrollador e insaciable de los mercados financieros, mientras Merkel y Sarkozy se nos erigen en salvadores de la deuda griega para salvar ellos a sus propios bancos de la avalancha que les caería encima si finalmente Grecia quiebra y anuncia que no pagará a los que han comprado su deuda pública.

En España el debate está en el Congreso de los Diputados y también en la Puerta del Sol donde los acampados están del lado del pueblo griego y contra los ajustes del euro y con la iras encendidas contra lo políticos y los banqueros, que dicho sea de paso están en mala situación y algunos en coplas y en entredicho –hasta que suenen las alarmas del Financial Times o de los fondos de inversión- lo que no es bueno ni ejemplar para ellos, ni para sus entidades, ni para el conjunto de la nación. Sobre todo visto como esta el mapa del paro y de la desesperación de las familias y de pequeñas y medianas empresas que esperan ansiosas un rayo de sol, o un gobierno que sepa gobernar y además se abra hacia una reforma del vigente sistema político y electoral, porque el modelo español nacido de la transición está agotado y necesita una seria revisión, como la que Rajoy debería de anunciar hoy en su “discurso a la nación” en vez de ir a cortar leña del árbol caído de Zapatero en un debate, ya visto, sobre lo mal que lo hace el Gobierno y lo bien que lo hará el PP cuando llegue al poder.

La verdad es que si Zapatero –como decía el domingo el diario gubernamental El País- no piensa proponer nuevas reformas y mas ajustes del déficit español, entonces ¿por qué no adelanta las elecciones de una vez? Pues por cuatro motivos fáciles de entender: para que Zapatero apure el cáliz del poder hasta la última gota; para ver si llega el gran milagro del despegue del crecimiento español a primeros de 2012; para lograr un comunicado de ETA que anuncie su final, como lo pedía ayer Otegi en la Audiencia Nacional; y para dejarle algo de tiempo al pobre Rubalcaba a ver si consigue que el PSOE, hoy hecho cenizas por los “idus” de mayo, remonte el vuelo cual Ave Fénix, o por lo menos no se hunda en los infiernos y salve los muebles de su calcinada sede de la calle Ferraz.

Si el Congreso “se divierte” lo pagará muy caro, porque la clase política está bajo mínimos en las encuestas y porque el rapado que los mercados le están dando a las barbas de los griegos, podría ser un aviso para que España ponga las suyas a remojar. De manera que menos espectáculo y mas soluciones e iniciativas y sin un solo día que perder. Porque las risas, los trucos y las pretendidas habilidades oratorias de nuestros parlamentarios, como las escopetas, las carga el diablo y esos miles de jóvenes que están acampados el día menos pensado pueden crecer e irrumpir a su manera en el escenario electoral. Los ciudadanos ya no son meros espectadores y sufridores de la crisis sino que empiezan a ser conscientes de su capacidad decisiva y la ejercerán. Y nada está escrito, ni para el PSOE ni para el PP. Y si no que le pregunten a José María Aznar como fue su despedida.