La OTAN palidece

Lo dijo el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, en su despedida de la Alianza Atlántica ahora que abandona el cargo: “el futuro de la OTAN es negro”. No le falta razón y no solo porque los aliados de los Estados Unidos en el Tratado del Atlántico Norte no están dispuestos a aumentar sus gastos de defensa, ni a entrar en combate con la facilidad que lo hacen los USA.

La crisis de la OTAN radica en muchas cosas y tiene su origen en el fin de la guerra fría, la caída del muro de Berlín y la desaparición del Pacto de Varsovia. De esa manera “el séptimo de caballería” euro-americano se quedó sin indios, y los gobiernos y parlamentos de las democracias atlánticas entendieron que el esfuerzo del gasto limitar debía reducirse y los objetivos de la Alianza reconducirse, tal y como se comenzó a hacer en la última cumbre de Lisboa.

Pero los Estados Unidos (y la poderosa industria de la defensa americana) encontraron “mas indios” en las guerras de Irak. La primera contra la invasión de Kuwait –ese emirato medieval-, y la segunda contra las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein, que no aparecieron como luego se reconoció. Y también en la lucha contra el terrorismo de Al Quaeda que sirvió para dar pie a la guerra imposible de Afganistán, que veremos lo que dura una vez muerto Ben Laden y probado que no se pueden matar terroristas a cañonazos y que esa guerra está tan perdida como la de Vietnam.

Luego está la guerra de Libia, que se eterniza, y el silencio atronador de los aliados sobre las matanzas de Siria, lo que prueba que el argumento del petróleo es el hilo conductor de estos cuatro conflictos mencionados.

¿A dónde va la OTAN? Nadie lo sabe, ni en Bruselas, ni en Washington y menos aún en Madrid. La solución sería que la Alianza quedará como un ente de coordinación atlántico entre aliados y que Europa, de una vez por todas, tuviera su propia política de Defensa y Seguridad como lo pidió el general De Gaulle desde la firma del Tratado de Roma.

Pero a los americanos y a sus amigos los ingleses esa idea de la defensa europea no gusta, aunque tarde o temprano la tendrán que aceptar. En cuanto a España seguimos en donde estábamos: mal tratados por la OTAN. Y decimos eso porque la Alianza no garantiza la defensa de Ceuta y Melilla, que es el único punto débil de la defensa nacional, ni ha permitido la recuperación de Gibraltar que es, en lo esencial, una base militar británica, mientras que España está obligada a defender cualquier otro territorio aliado en su totalidad. Y estas cuestiones alguien las debe plantear en la OTAN o anunciar nuestra retirada, o la reducción de la presencia militar y aportación económica de nuestro país, máxime en plena crisis económica y social.

En cuanto a nuestra presencia en Afganistán y Libia hay mucho que opinar. No se puede ir a la guerra libia para no disparar, ni a la afgana disfrazados de pacifistas mientras los otros soldados aliados luchan a brazo partido. Además para ir a esas guerras hay que tener presupuestos en regla y medios modernos de combate. Y lo demás es un quiero y no puedo insoportable, máxime ahora que el peso de España en el mundo ha quedado reducido a su mínima expresión y que hemos pasado de la inefable foto de Aznar en las Azores a la total opacidad de Zapatero, por mas que ayer se hiciera fotos con el secretario general de la OTAN que se ha llevado el cuartel que la Alianza tenía en Madrid imaginamos que por falta de operatividad y también por la escasa entidad de la ministra de Defensa, Carme Chacón.

La queha dedicado su paso por el ministerio a coleccionar fotos para su álbum personal y que montó su numerito de la retirada intempestiva en Kosovo –sin avisar con tiempo a los aliados- siguiendo el modelo de Zapatero en Irak, de donde sacó los soldados españoles para luego llevarlos al infierno de Afganistán.

España no es una potencia militar y debe ser consecuente. Y a los españoles –que llevamos en la sangre el recuerdo de la Guerra Civil- no les gusta que nuestro país participe en ningún conflicto armado, salvo en verdaderas misiones de paz. Todo lo demás son ganas de presumir sin motivos y de jugar a una gran potencia lo que no se corresponde con nuestra deteriorada realidad.