La obsesión se llama Rubalcaba

Vaya por delante el estupor y la repugnancia que produce ver el vídeo ahora conocido -y en la portada de este diario- donde el que fuera jefe del comando Vizcaya, Arkaiz Goikoetxea, relata con plena tranquilidad ante el juez Garzón y en la inspección de un zulo como Txeroki, el entonces jefe de la banda terrorista, le ordenó “secuestrar y ejecutar” al concejal socialista de Eibar, Atutxa, tal y como hicieron años atrás con Miguel Ángel Blanco. Secuestrar y ejecutar, dice el criminal como si hablara de “coser y cantar”. Y todavía se permiten estos asesinos crueles y despiadados pedir observadores internacionales para su tregua, o solicitar permisos para que su brazo político se cuele en las elecciones municipales vascas del mes de mayo. En la lucha contra ETA ni un solo paso atrás.

Y dicho esto vamos a volver al debate político para subrayar el empeño del Partido Popular de colocar a Rubalcaba en el punto de mira de su habitual crítica al Gobierno, incluso por encima del presidente Zapatero y del PSOE, confirma que para el PP su primer adversario y el hombre a batir es el vicepresidente primero Alfredo Pérez Rubalcaba, al que consideran como el claro sucesor del presidente al frente de los socialistas y el futuro cabeza de cartel electoral del PSOE en las elecciones de 2012.

Por ello los “populares” no cesan en las críticas y al acoso parlamentario al vicepresidente esencialmente en lo que se refiere al llamado caso Faisán, y a los indicios de que un chivatazo de agentes o dirigentes del ministerio de Interior impidió la captura del aparato de extorsión de ETA en la anterior tregua y cuando seguía la  negociación entre la banda y el gobierno de Zapatero, donde Rubalcaba era el ministro de Interior. Y en consecuencia la persona que pudo dar las órdenes de bajar la guardia y hacer la vista gorda con ETA mientras siguieran las negociaciones.

Pero si eso fuera así también sería cierto que Zapatero fue el máximo responsable de todo ello y la persona que autorizó dichas concesiones a los etarras, como no podía ser de otra manera. Y porque el presidente mantenía hilo directo con sus representantes en la mesa negociadora, y siempre fue el mas osado en lo que a las concesiones a ETA se refiere: apoyando los regalos políticos de Loyola, e incluso mencionando el mismo la frase del “derecho a decidir de los vascos”, ante el asombro de todos y para cumplir una consigna de la negociación que acabó con la bomba de la T-4 de Barajas y el espantoso ridículo del propio Zapatero, que acababa de anunciar el fin de ETA.

Ahora se ha sabido que el inspector Ballesteros estuvo en el bar Faisán y que en las actas de la negociación con ETA que redactaron los etarras se hablaba del caso. Pero de ahí a inculpar al ministro del Interior va un trecho difícil de abordar, y menos aún a Zapatero. Recuérdese lo que pasó con Felipe González en el caso GAL que acabó con la  responsabilidad de Vera y Barrionuevo.

Además, todas las negociaciones con ETA son ilegales y puede que grave delito, las hayan hecho González, Aznar o Zapatero. ¿Se acuerdan cuando Aznar le llamaba a ETA “el movimiento de liberación del pueblo vasco?”. Si ahora se hicieran públicas todas las actas de las negociaciones con los terroristas no se salvaría nadie.

Sin embargo en todo este asunto llama la atención que el diario “El Mundo”, que jalea esta y otros conspiraciones, en ningún momento señale a Zapatero con “F” de faisán, y se obceque con Rubalcaba. Y lo mismo hace el PP sin que por el momento exista prueba alguna que implique al vicepresidente, y actuando a remolque de medios sitos en el flanco extremo de la derecha. Y en bastantes  ocasiones el PP con intervenciones tan desafortunadas como las del diputado del PP Gil Lázaro que le dio al vicepresidente primero la oportunidad de propinarle un revolcón en el Congreso de los Diputados que le ha venido de perlas a Rubalcaba para la sucesión de Zapatero.

Es verdad que Rubalcaba es una especie de “bestia negra” del PP, y no solo por su lenguaraz discurso político sino porque muchos dirigentes y militantes de este partido lo culpan de la derrota electoral de Rajoy en 2004 al usar –“los españoles no quieren un gobierno que les mienta”, dijo- en la víspera electoral el enorme atentado islamista del 11-M en Madrid contra los populares. Sin duda una utilización indecente de un acto terrorista, pero basada en los errores y mentiras del gobierno de Aznar que durante esos graves hecho culpaba a ETA de los atentados porque temían que los españoles relacionaran el atentado con la guerra ilegal de Irak que Aznar apoyó en las Azores junto a Bush y Blair.

Sin embargo la estrategia agresiva del PP, a remolque de los medios extremos –ayer jaleada por González Pons y Sáez de Santamaría- esta produciendo efectos contrarios a los pretendidos porque, por el momento, está labrando un nuevo liderazgo a Rubalcaba. Salvo que el vicepresidente tuviera que dimitir (como espera José Bono, mientras lo aplaude con falso entusiasmo), lo que no parece que vaya a ocurrir al menos por ahora.

En realidad el PP da por amortizado a Zapatero y se fija en su obsesión que se llama Rubalcaba, olvidándose en todo ello algo tan importante como las siglas del PSOE, sobre todo en unas elecciones municipales y autonómicas como las del próximo 22 de mayo. Pero en el PP temen que los medios ultra conservadores se lancen contra Rajoy si no se les hace caso, y por eso entran en el juego con mas ruido que precisión, fortuna desigual y sin medir los riesgos porque ¿qué pasaría si finalmente la juez archiva el caso faisán? Pues que Rubalcaba tendría a su disposición toda una pista para despegar. Les ha pasado otras veces con la conspiración del 11-M. Y curiosamente ayer mismo se ha sabido que Trashorras ha vuelto a confesar la entrega de dinamita al terrorista islamista Jamal.