Los caballeros de la cama redonda

Emilio Botín llegó en mangas de camisa al Palacio de la Moncloa como si fuera el dueño del cortijo, luciendo en los tirantes y la corbata el rojo de su banco y anunciando en el paseíllo  que él sería el protagonista de la cita en Moncloa de los empresarios y los banqueros, con la que el presidente Zapatero venía a exhibir una tercera Cámara del poder institucional español, al margen del Congreso de los Diputados y del Senado: la Cámara de “Los caballeros de la cama redonda”. El tálamo promiscuo e incestuoso de los poderes varios del Estado español donde se cuecen los pactos y los repartos de esta “democracia a la violeta”, o partidocracia a la española.

Una exhibición obscena que, al margen de la soberanía nacional, prueba que en este país no existe una verdadera Democracia con su obligada separación de los poderes del Estado sino su indecente acumulación en el solo beneficio del autócrata de turno, Zapatero en este caso. El amo que parte y reparte el poder con propios y asimilados hasta que los abusos, corrupciones o la incompetencia del autócrata rasgan su velo protector y los ciudadanos indignados lo expulsan de la Presidencia tal y como ocurrió con Felipe González y José María Aznar, y como le pasará a José Luís Rodríguez Zapatero.

Cabe sospechar que la invectiva de Botín rogando a este genio de Zapatero que no convoque elecciones generales anticipadas y no abra el proceso de su sucesión en el seno del PSOE, no fuera idea suya sino sugerida por Moncloa en socorro de Zapatero para lograr que el líder caído agote la legislatura y las mieles del poder, a ver si entre tanto un milagro o una catástrofe –como ocurrió con los atentados del 11-M de 2004- le permiten renovar la presidencia y no regresar destrozado a su casa de León. Y puede también que el presidente del Santander, que suele ser aficionado a estos espectáculos, hiciera de esta necesidad monclovita su virtud porque él también tiene en sus problemas sucesorios en el banco y necesita el indulto del Gobierno a Consejero Delegado, Alfredo Sáez, recientemente condenado por el Tribunal Supremo.

La gravedad de la declaración de Botín –a la que se sumó el hombre del gran poder mediático italiano en España, Borja Prado, y los habituales aduladores Villar Mir y Del Pino- fue inmediatamente utilizada por los manipuladores de la Moncloa para decir que “los empresarios” (y no solo cuatro de los cuarenta presentes) pedían a Zapatero que no adelantase las elecciones ni su sucesión en el PSOE. Así el diario gubernamental El País titulaba “La élite económica pide a Zapatero…”. Como si dicha “élite” fuera dueña de la soberanía nacional y del Partido Socialista, y la mejor y única intérprete del sentimiento nacional español.

Con esa manipulación los que representaban en Moncloa el poder financiero y conservador del país aparecían como los adversarios y detractores del Partido Popular y de su líder Mariano Rajoy, que propugnan todo lo contrario de lo que una minoría de esa “tercera Cámara” le solicitó a Zapatero: la exigencia de elecciones generales anticipadas y otras políticas social y económica, tal y como lo reiteró Rajoy el pasado fin de semana.

¿Qué está pasando para que en medio de este flagrante deterioro nacional asistamos a estos juegos teatrales?

Puede que a muchos ciudadanos les sorprenda saber que España es el único país de nuestro entorno europeo que no elije directamente al jefe del Estado, ni al presidente del Gobierno, ni a sus diputados, ni a sus senadores, alcaldes, presidentes autonómicos, etc. En España solo se elijen las siglas de partidos, y luego el jefe de la fuerza ganadora y su “aparato” funcionarial nombran los gobernantes, jueces, legisladores, y publicistas del poder, generalmente salidos de la mediocridad imperante en los citados aparatos de los partidos, donde la excelencia, la experiencia y preparación de los gestores de la vida pública brillan por su ausencia, y en el caso que nos ocupa empezando por la insoportable levedad del presidente Zapatero.

Y así el ganador de las elecciones se hace con el control absoluto de los poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, los medios –públicos y privados- la banca y las empresas reguladas por el Gobierno (eléctricas, telecos, constructoras, comerciales, etc…), al tiempo que impide o  reduce cualquier contrapoder o control y se crea alrededor del autócrata una aureola de impunidad que suele acabar en la corrupción o incluso el crimen de Estado (González), el autoritarismo “belicoso” (Aznar) o el desgobierno y la desunión de la nación (Zapatero).

El deterioro de la cohesión nacional como ocurre ahora cuando el autócrata ganador de las elecciones, desprecia la nación española –”discutida y discutible”- como ha sido el caso de Zapatero, debilitado por la ausencia de una estable mayoría parlamentaria que le ha obligado a recurrir a los apoyos de nacionalistas/independentistas. Los que gracias a una ley electoral no representativa como la española, que premia a estas minorías, ejercen un descarado dominio en contra los intereses generales de España.

De ahí se sacó Zapatero su “España plural” luego caída en el Tribunal Constitucional, como de todo este enredo de la acumulación de poderes sin controles emana su extraña supervivencia en el poder camino de la gran derrota en las elecciones. El imparable “matadero” donde Zapatero lleva a su partido como tiernos y silenciosos corderitos, con el aplauso del señor Botín que implora a su anfitrión que no abandone el poder que el líder desparrama sonriente entre sus invitados como si fuera “la madame” de todos estos “caballeros –y damas, ministros incluidos- de la cama redonda” nacional.

El lugar donde se suplanta el Parlamento, se amaña lo judicial y se parten y reparten los intereses creados, al margen de la soberanía nacional y de los mas sagrados pilares de una democracia: la separación de los poderes del Estado, la representación ciudadana y las libertades política y de expresión.

Y ¿tiene todo esto solución? La tiene si los españoles toman conciencia de semejante impostura y situación. El reciente espectáculo empresarial de la Moncloa, agitado por el señor Botín que parece haber encontrado en el pirómano español de la crisis al bombero salvador de las estabilidad nacional, y la gravedad del momento social económico de España dan fe de ello y obligan a una profunda reflexión en pos de una reforma democrática que tarde o temprano llegará en beneficio del pueblo y de la nación.