Libia: OTAN fuera y España callada

El presidente Zapatero debe explicar hoy a los españoles en el Parlamento las siguientes cuestiones: los motivos y el alcance de la participación de España en la guerra de Libia; por qué nuestro país no exige que sea la OTAN quien asuma el mando de las operaciones (¿para qué si no sirve la Alianza Atlántica?); bajo qué mando están ahora los cuatro F-18 españoles desplegados en Italia y ya en funciones de “vigilancia” en Libia; y por qué la ministra Chacón ha marginado de las operaciones a la Armada española, con su dotación de aviones Harrier y buques cercanos a la zona del conflicto, integrados en la Fuerza de Respuesta de la OTAN (FRN), y ha optado por dar el protagonismo a otro cuerpo militar porque su “ayudante” el JEMAD, general Rodríguez, pertenece al ejército del Aire.

Menudo espectáculo están ofreciendo los aliados que han puesto en marcha el ataque a Libia tras la resolución de la ONU sin previamente decidir quién está al mando de las operaciones. A las que se ha sumado a ciegas España con cuatro aviones F-18, aceptando inicialmente la exclusión de la OTAN del mando aliado a la que se oponen Francia, para resaltar su protagonismo y con la excusa de que hay que implicar a países árabes, y Turquía por sus dependencias islámicas.

Y todo ello mientras Italia acaba de amenazar con cerrar sus bases a los aliados si la Alianza Atlántica no toma el mando, y mientras Estados Unidos se declara favorable a entregar a Francia y a Inglaterra el mando del ataque que hasta el momento controlaba su centro de operaciones para el norte de África (el AFRICOM), convencido como parece el presidente Obama que deben de ser los europeos quienes lideren esta guerra –ellos ya tienen dos, una en Afganistán y otra por cerrar en Irak-, en la que Sarkozy parece haber encontrado la oportunidad de presentarse en solitario como el líder de Europa sin conseguir el apoyo de Alemania.

¿Y Zapatero? Pues a lo que manden. Primero a las órdenes del mando americano, y luego a las órdenes de Sarkozy o de Cameron, o de quien sea. Sin voz ni criterio propio y sin exigir, como debiera, el mando aliado de la OTAN y una estrategia y unos objetivos militares y políticos claros y asumibles por la gran mayoría de los españoles.

Españoles que no salen de su asombro por la confusión que impera en el seno de la coalición aliada que ataca al ejército de Gadafi con resultados tan confusos como a la vez contradictorios: nos han dicho dos veces, primero el domingo y luego el lunes, que estaba controlado todo el espacio aéreo libio, y anoche nos informaron que todavía son peligrosos los vuelos sobre Trípoli.

Si a ello añadimos el cúmulo de preguntas sin respuestas o la indecente discusión entre los ministros de Defensa de Estados Unidos, Gates, e Inglaterra, Fox, sobre si hay que matar o no a Gadafi, veremos que Libia está resultando un avispero donde parece fácil entrar, dificil de controlar desde el aire, y casi imposible salir de él con una victoria total que solo se lograría si Gadafi y su régimen caen y el poder lo asumen los líderes rebeldes de los que nadie sabe quienes son, y entre los que se encuentran ex ministros de Gadafi, lo que no garantiza la “democracia sostenible” (sic) que prometía Zapatero en la cumbre aliada de París.

Da la impresión que Sarkozy, cegado y mal aconsejado, creyó que con la decisión de la ONU, el apoyo de la Liga Árabe y el impresionante despliegue militar aliado con sus primeros bombardeos y su lluvia de misiles, iban a ofrecer resultados inmediatos contra Gadafi, empezando por la deserción de sus tropas y generales. Pero el caos aliado y el tiempo parece jugar a su favor, y otros lideres como el ruso Putin -que habló de “cruzada aliada contra Libia”- están arropando al coronel libio, al que a todas luces se ha pretendido matar con el ataque de misiles en contra de su residencia presidencial. Hay muchas preguntas planteadas y mucho nos tememos que el presidente Zapatero no las va a responder con precisión y claridad.