Dónde está Rajoy

Sabemos que Zapatero se nos ha marchado hacia Oriente Próximo a pedir ayuda financiera a los dictadores afines a las democracias occidentales –”nuestros dictadores”- para ofrecerles cobertura mediática a cambio de dinero, y que la vicepresidenta de Economía, Elena Salgado, no sabe que hacer con las subidas del IPC y del Euríbor. Ni con las Cajas de Ahorro sobre las que no cesan las rectificaciones para su reconversión en bancos y sobre las que JP Morgan dice que necesitan 50.000 millones de €, para sanear sus respectivos agujeros negros y enladrillados.

Esos enormes socavones que los expertos en los artificios contables pretenden hacer desaparecer de las respectivas contabilidades con el truco de los “bancos malos”, que si se aplicara además de a las Cajas a los Bancos buenos y a las empresas valdría sanear nuestro sistema financiero y el parque empresarial.

Sabemos que el ministro Rubalcaba ayer cazó a otro de los comandos de ETA a la que el nuevo partido Sortu se niega a condenar –sólo rechaza su hipotética y futura violencia-, comando armado hasta los dientes imaginamos que para defender “el alto el fuego permanente”. Y sabemos que Rubalcaba está desanimado porque Zapatero no dice que se va y porque la ministra Chacón, su ex pupila y alumna aventajada, también quiere ser sucesora de ZP, a pesar que la catalana del PSC considera a España como un revoltijo de naciones y no la única nación como se dice en nuestra Constitución y lo ratifico el Tribunal Constitucional. A la ministra de Defensa, le han estallado sorprendentemente unas minas en manos de sus artificieros, le han robado un polvorín, y está de maniobras navales en Almería mientras la VI Flota de los Estados Unidos navega hacia el golfo de Sirte, Libia.

El Gobierno y el PSOE, Zapatero y sus delfines, están en la desesperación o en babia, escondidos tras los disfraces de Gadafi y en espera del chupinazo inicial de la campaña electoral del mes de mayo. Por su parte, los nacionalistas de CiU y PNV no cesan de pasar su propio cazo en Madrid aprovechando la debilidad del gobierno, y las minorías del Parlamento se agitan temerosas de la posible avalancha de voto útil en los comicios de mayo, o de la gran abstención como respuesta o castigo a la clase política española.

Y ¿qué hace en la actual tesitura el PP y su independiente líder de la oposición don Mariano Rajoy? No se sabe y no contesta. Sobre la crisis Libia y del mundo árabe Rajoy ni está ni se le espera, como sobre todo lo demás, lo que nos permite sospechar que el presidente del PP está trabajando muy en serio para presentar pronto a los ciudadanos una gran reforma democrática de España: para pasar del actual régimen parlamentario al presidencialista: con un jefe del Gobierno elegido por sufragio universal; un Parlamento con una ley electoral de sistema mayoritario a dos vueltas; y un poder judicial cuyos órganos directivos y magistrados de los altos tribunales del Estado sólo podrán ser elegidos por los cuerpos judiciales del Estado.

Si Rajoy no está trabajando en la reforma democrática, ¿a qué se dedica el líder de la oposición? Puede que a rezar para que no se anuncie demasiado pronto la apertura de un juicio oral contra Francisco Camps. O Simplemente puede que esté dedicado a descansar para tomar nuevos bríos de cara a la próxima campaña electoral. Porque lo de Libia y lo de España no le acaba de motivar, Rajoy como diría él mismo está “a las cosas, que hay que estar”. Las cosas, eso es y a nada más.