Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

El golpe de Estado de hace 30 años

Hace hoy 30 años España sufrió un golpe de Estado que fue liderado por los generales Alfonso Armada y Jaime Miláns del Bosch y llevado a cabo por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero que ocupó el Congreso de los Diputados, secuestrando al Gobierno y Parlamento en un intento fallido de provocar la intervención global del Ejército e imponer una Junta Militar en el Gobierno.

Además de la responsabilidad plena y de la locura de los golpistas, que añoraban los años de la dictadura de Franco, en este dramático episodio de la Historia de España, hubo otras responsabilidades políticas –por acción u omisión-, colaterales y temerarias porque jugaron con la legalidad entonces vigente provocando la caída del presidente Adolfo Suárez, y dando alas y argumentos a los golpistas.

Empezando por el jefe del Estado, el Rey, que imprudente criticó a Adolfo Suárez ante los militares –como ahora se ha sabido- y que reintegró al general Armada en la cúpula militar y lo recibió en Zarzuela pocos días antes del golpe, aunque finalmente el monarca se enfrentó a los golpistas y recompuso la situación.

También colaboraron en la caída de Suárez dirigentes de su propio partido como la UCD –los Herrero de Miñón, Alzaga y compañía-, el PSOE de Felipe González que pretendió sacar provecho de la situación –manteniendo conversaciones secretas con el general Armada, como las de Mújica en Lérida-, y otras fuerzas políticas como el nacionalismo catalán que entonces presidía Tarradellas –con su alusión a necesario“golpe de timón”-, etc. Y a no olvidar en todo ello el silencio y la connivencia de Estados Unidos y de su embajador en Madrid, Terence Todman.

Aunque los mayores aliados del golpe de Estado fueron los terroristas de ETA que llenaron el país de cadáveres para que los golpistas tuvieran argumentos –en pos de la desestabilización del país- a los que ya habían sumado su odio a Suárez –que les hizo frente durante el secuestro del Congreso de los Diputados-, su oposición a la legalización del PCE, o su rechazo al Estado de la autonomías.

El golpe fracasó por su falta de apoyo social, por el chusco espectáculo de Tejero en el Congreso que dio la vuelta al mundo, y porque el propio golpista Guardia Civil se negó a permitir que Armada propusiera a los diputados que allí estaban secuestrados la formación de un gobierno nacional presidido por él al margen de la democracia y la legalidad.

Una lista del gobierno donde Armada integraba diputados socialistas y comunistas al que se opuso Tejero que exigía una Junta Militar, destruyendo así el plan de Armada,”la autoridad militar competente” que esperaban los golpistas. Un militar visionario, cobarde –que nunca dijo la verdad de lo ocurrido- y demencial que ha tenido la desvergüenza de presentarse, en estos días, como salvador del golpe.

Un Armada al que Suárez había expulsado de Madrid a Lérida porque el ex presidente lo consideraba un golpista en potencia al escucharle un día decir ante el Rey que “él tenía otra idea de España” y, que luego, tras la dimisión de Suárez fue reintegrado por el monarca en la cúpula militar hasta que puso en marcha su intentona golpista. La que desde su inicio se debió abortar con un mensaje claro –sin esperar a las gestiones de Armada en el Congreso- a través de las emisoras de radio nacionales que estaban al alcance del palacio real (por teléfono), pero que luego se tardó en transmitir, ya de madrugada, con el firme discurso del Rey por televisión. Aunque se dijo que esa tardanza se debió a las gestiones realizadas por la Casa Real para impedir que otros capitanes generales se pudieran unir al golpe.

Hay pues muchas responsabilidades en todo lo ocurrido, y muchos misterios por resolver como los que esconden las cintas grabadas a los golpistas cuyo contenido –como se ha sabido ahora- hizo llorar al Rey, y que no se aportaron al juicio del 23-F, que acabó convertido en una pantomima para enterrar el núcleo duro de la trama y pasar pronto esta página oscura de nuestra Historia. Lo mismo hizo luego el Parlamento, negándose a investigar lo ocurrido el 23-F de 1981.

El día del golpe de Estado que pudo acabar con el débil proceso de la transición que llevó en su seno el error del pacto de los demócratas con el franquismo sin lograr la previa ruptura con la dictadura, lo que permitió a mandos militares como Miláns, Armada o Tejero permanecer al frente de la cúpula militar. Y sin abordar, como se debió, un periodo constituyente y un referéndum sobre la forma del Estado como merece todo proceso democrático.

Afortunadamente esos episodios dramáticos ya quedaron muy atrás y ahora estamos en otros tiempos modernos y sin duda mejores, a pesar de la grave crisis económica y social que nos embarga sin que los primeros dirigentes y grandes partidos políticos del país hayan sido capaces de unir sus fuerzas y sus ideas para ofrecernos una respuesta unitaria y eficaz a los problemas planteados. Muchos de los cuales tienen su origen en la debilidad y confusión del juego democrático español, por la ausencia de una real separación de los poderes del Estado y de una ley electoral representativa y justa, las dos grandes reformas pendientes desde el inicio de la transición.

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