Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

El Faraón desafía a la revolución

La crisis de Egipto va a terminar mal para el país y peor para Mubarak. Porque el presidente Egipcio se niega a reconocer el ímpetu de la revolución en marcha y ayer, ante el desconcierto de todo el mundo –y especialmente de EEUU-, que esperaba el anuncio de la dimisión de Mubarak y su inminente salida del país, el viejo faraón ha dicho que no se va y que permanecerá en la presidencia hasta septiembre, porque quiere morir y ser enterrado en su tierra. Mubarak, pues, sigue. E intenta desesperadamente presentarse como un patriota (recordando su carrera militar), que no acepta ninguna presión extranjera, y quiere presidir la reforma constitucional que ha encargado a su vicepresidente Suleimán, al que ha transferido los poderes de la presidencia.

Y esto ha dicho el dictador, creyendo que logrará convencer al pueblo egipcio y pacificar la situación con un llamamiento a los jóvenes a los que ha prometido vengar las muertes y heridas de los rebeldes caídos o agredidos, pensando que así se reconciliará con la juventud, como si la revolución fuera cosa de chavales y no dela gran mayoría de su pueblo y de los primeros dirigentes de la oposición, y puede que aquí incluido del ejército que ayer declaró su simpatía por la revuelta popular.

Dice Mubarak que Egipto debe de estar por encima de todo y de todos, menos sobre él que no se va y que ha llevado el país a una grave crisis política, económica y social. El que había pretendido entregar el poder a su hijo Gamal, que lleva años sometiendo al país con el “Estado de emergencia” y violando todas las libertades públicas y políticas –ahora dice que habrá un proceso electoral limpio- y que tiene sobre sus espaldas una larguísima trayectoria de represión, como la ejercida recientemente y bajo su mando en contra los activistas de la revolución en marcha. La que no cesará y la que no se moverá de la plaza de Tahrir hasta que el faraón se vaya del palacio presidencial.

Con este discurso Mubarak ha perdido un excelente oportunidad para dejar el poder, y aunque sigue reculando –diciendo que ya ha traspasado los poderes de la presidencia a Suleimán-, su caída es imparable y mas temprano que tarde llegará. Y buena culpa de la larga agonía del faraón la tienen las potencias occidentales por su permisividad y ambigüedad, y muy posiblemente también muchos de los dictadores de la zona que temen el contagio en sus países. Un reguero de pólvora que ha llegado a Jordania y que este fin de semana se extenderá por Libia, Argelia y Marruecos y ya veremos si llega a Arabia Saudita y al corazón del Golfo Pérsico, lo que no sería de extrañar.

El faraón Mubarak resiste de momento pero si final está cada vez mas cerca, está al llegar. Su pueblo lo derribará.

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