Coalición con nacionalistas y la soledad del PP

Mientras se mantiene viva la confusión general sobre las reformas de las pensiones, las cajas de ahorro, y el mercado laboral, o sobre la posible paz social con los sindicatos, y todo sometido a revisión permanente Zapatero (o Rubalcaba) han conseguido escenificar una nueva coalición en torno a la reforma del Pacto de Toledo o del sistema de pensiones con los votos favorables del PSOE, CiU, PNV y CC, lo que viene a decir que el Gobierno no está solo (o que ha pagado un nuevo precio “secreto” por semejante acuerdo), y que quien está en la soledad, y curiosamente secundado por el ala izquierda del Parlamento, es el PP.

Un pacto por aquí para salvar los Presupuestos, otro para lograr terminar la legislatura, otro para las pensiones, el Gobierno sale de sus propios enredos, dejándose plumas –y concesiones- pero ni cae, ni dimite Zapatero, ni adelanta las elecciones como le pide Rajoy, por mas que las encuestas siguen situando a los socialistas en las cotas mas bajas de su expectativa electoral.

Zapatero gana tiempo y su instinto de supervivencia llega incluso a imaginar a algunos de sus barones y dirigentes que todavía sigue pensando en ser el candidato socialista para los comicios generales de 2012. Lo que pone los pelos de punto a no pocos de los dirigentes del PSOE que están jugando la carta de Rubalcaba, y que esperan que cuando se terminen las reformas estructurales y se logre –si se alcanza- la paz social Zapatero deberá de anunciar su retirada y pasarle los trastos del poder a Rubalcaba.

Una posibilidad sobre la que el ministro de Fomento, José Blanco –el político mas hábil de este  Gobierno- aún no se ha querido pronunciar. Blanco ha dicho que Rubalcaba solo es “un” –es decir no el único- posible candidato a la sucesión de Zapatero si el presidente decide dar un paso atrás. Y ha añadido que si llega esa ocasión entonces él, que no se ha descartado como candidato, ofrecerá su opinión.

La confusión y la incertidumbre siguen imperando, pues, en el Gobierno, en el PSOE y en el conjunto del país sobre la sucesión de Zapatero, sobre los bancos, las cajas, las pensiones, el mercado laboral, la ley Sinde, la del tabaco, el crecimiento, el déficit, el ataque de los mercados, el pacto social, las deudas autonómicas,  y la larga campaña electoral de la cita autonómica y municipal de mayo que el PP ha comenzado a desarrollar desde su Convención sevillana.

Dicen en la Moncloa que este viernes el Consejo de Ministros va a tomar decisiones importantes que aclararán la situación, pero a la vez el diputado Caldera anuncia que seguirán las negociaciones con los sindicatos sobre las pensiones, y las decisiones que se han anunciado sobre las reformas de las Cajas de Ahorro tampoco se van a incluir en un decreto a capón, sino que el asunto quedará otra vez abierto y hasta no se sabe donde, con lo que los acuerdos esperados serán un “papel mojado”.

Se trata de ganar tiempo, de ofrecer el día 3 a la canciller Ángela Merkel un horizonte de reformas y de tranquilidad, de espantar a los especuladores de los mercados y de crear el ambiente para ver si los sindicatos entran en el pacto social y el PSOE logra llegar a las elecciones de mayo en mejor situación.

Por su parte el PP se mantiene la euforia pero faltan iniciativas y se vislumbra su soledad, mientras Esperanza Aguirre no cesa de dar la nota y de crearle problemas a Rajoy. El lunes declaró su apoyo a Álvarez Cascos, y ayer se lanzó contra Gallardón para decir que sigue siendo candidata a entrar en la lista de Rajoy al Congreso de los diputados –lo que le obligaría a renunciar a la presidencia de la Comunidad de Madrid si volviera a ganar-, al tiempo que declaraba que no creía que Rajoy fuera a ofrecer un puesto en el Gobierno a Gallardón. Una vez mas Aguirre desafía a Rajoy y Gallardón y vuelve a romper por segunda vez en 48 horas la presunta unidad sevillana del PP.

Y todo eso mientras en el entorno de Zapatero o de Rubalcaba se vislumbra una nueva coalición del PSOE y los nacionalistas que deja en la mayor soledad al PP, y en la obligación de lograr en las elecciones generales una mayoría absoluta para poder gobernar.