El PP exhibe a Aznar

Mientras en el PSOE los líderes regionales quieren que Zapatero anuncie su retirada de liderazgo del PSOE y no acuda a los mítines electorales de la campaña de los comicios autonómicos y municipales de mayo, en el PP, por el contrario, han recuperado a José María Aznar –que permaneció apartado de la última convención de Barcelona-, convencidos de que están seguros de su victoria y de que la imagen del ex presidente del Gobierno, lejos de provocar el rechazo en ciertos sectores españoles por causa de la guerra de Irak o la mala gestión de los atentados del 11M de 2004, ahora proyecta seguridad y una garantía para la recuperación económica del país cuestión en la que Aznar tiene una fama bien ganada como presidente del gobierno y que está por encima de todo el debate ideológico y partidario.

Pero si al PP de Rajoy le interesa ahora exhibir a Aznar –y si pudieran lo mismo harían con Rodrigo Rato-, al propio Aznar también le interesa estar presente en el relanzamiento electoral del PP, que ayer se inició en Sevilla de cara a las elecciones de finales de mayo, porque Aznar no se fía mucho de Rajoy y pretende estar cerca y vigilante de su pupilo y heredero para que no desfallezca la iniciativa y un discurso de fuerza, como el que mantiene él presidente de FAES en sus habituales apariciones, intentando asegurar que esta vez Rajoy no va a fracasar.

En su declaración sevillana Aznar mantuvo dos líneas de discurso: por un lado la de una crítica acerada a Zapatero a quien acusó de travestismo y de crear problemas entre los españoles, dañando la cohesión y la solidaridad nacional, e intentando cambiar la Constitución por la puerta de atrás, una alusión al estatuto catalán, así como denunciando lo que calificó Aznar como “el revanchismo”, en alusión a la ley de la memoria histórica. Pero siendo esto verdad y objeto de la que se esperaba como crítica de Aznar a Zapatero –del que dijo que ya debía de haberse ido- llamó asimismo la atención que el ex presidente del Gobierno hiciera un llamamiento a “la unidad y la concordia, sin revanchas, ni trincheras y sin cobrar facturas pendientes”. Entre las que recordó  “el pacto del Tinell”, de Zapatero con nacionalistas, que en su opinión fue el comienzo de un tiempo de rupturas y enfrentamientos políticos y sociales en este país.

Este Aznar tan conciliador es una novedad, como novedoso fue su cambio de discurso sobre el Estado autonómico del que días atrás nos dijo que “era inviable”, y que ayer rectificó afirmando que había que volver al espíritu del modelo autonómico de la Constitución de 1978. Lo mismo vino a decir la secretaria general, María Dolores de Cospedal, con un discurso rio en el que primaba un inventario de revista de prensa sobre errores, mentiras e incumplimientos de Zapatero y que llegado al ámbito autonómico se quedó reducido esencialmente al recorte del gasto, a la austeridad y toda clase de tópicos y morcillas como la consabida “altura de miras” y el llamamiento al valor heróico de los españoles, etcétera. Un discurso de retales variados y con escaso contenido político. Mas bien un informe o inventario para dar así paso al inicio tempranero de la larga campaña electoral que se anuncia.

Porque estamos en eso, en campaña electoral de ahí que Aznar ni Cospedal hayan querido entrar en el fondo de la cuestión española, en los que son los verdaderos problemas que subyacen en este final patético de la transición que han reivindicado. Como tampoco lo hará Rajoy en la clausura de esta Convención. Porque todo eso queda para mejor ocasión o para nunca jamás porque entrar en ese proceloso jardín suponeuna revisión y poner en riesgo la partitocracia de la que ahora el PP se dispone a disfrutar con la esperada alternancia y recuperación del poder.