Zapatero amenaza y engaña a la UE

España, es decir Zapatero, se ha convertido en un serio problema para la Unión Europea y estabilidad del euro por el riesgo de quiebra de la deuda española, si la especulación de los mercados volviera a la carga contra nuestro país que ya paga muy altos tipos de interés. Por ello Alemania se niega a reforzar globalmente la defensa del euro porque teme que Zapatero aproveche la ocasión para desinflar sus reformas, a la vista del mercadillo en el que el presidente del Gobierno español ha convertido la negociación con los sindicatos de la reforma de las pensiones y del mercado laboral, donde no dejan de aparecer personajes –Caldera- y ocurrencias, como la última sobre la vida de las centrales nucleares, o las relativas a los veinte días de indemnización para empresas con problemas temporales.

El temor al presidente Zapatero –cuyos disparates e incapacidad son harto conocidos en España y la UE- se ha convertido paradójicamente y a la vez en una amenaza para la UE porque el rescate de España sería muy costoso y pondría al euro en peligro, y en su seguro de vida política de Zapatero y de su Gobierno que cree tener a la UE controlada y a su servicio. De ahí los peligrosos juegos de artificio con los que el Gobierno pretende buscar un pacto con los sindicatos, desactivando la huelga general y la pérdida de los votos del flanco izquierdo del PSOE.

Y de ahí también que las fechas anunciadas por el Gobierno del 28 de enero para la reforma de las pensiones puedan ser ahora papel mojado una vez que no cesan de alargar y de complicar las negociaciones con UGT y CC.OO. en pos de lo que Moncloa consideraría su triunfo político: “la paz social” que para los socialistas parece imprescindible antes de llegar a las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo.

Los que no están para bromas y dilaciones son los mercados que ahora van a tener otros nuevos elementos de análisis y sospecha por causa de todos estos devaneos y del déficit de Cataluña y el revuelo abierto en el mapa autonómico español. Y los mercados que no darán pasos atrás sino hacia delante vista la facilidad con la que España sube sus tipos de interés en las emisiones de deuda, lo que finalmente lastra el endeudamiento general del Estado y no digamos de entidades financieras privadas sobre cuya deuda las que impera un gran misterio.

Máxime cuando la reforma que se pretende hacer de las cajas de ahorro para convertirlas en bancos consagra intacto el control político y poco o nada procesional de dichas entidades con la excusa de la llamada “obra social”, y a través de unas pretendidas “fundaciones” que pretenden tener el control de los nuevos bancos, al margen y por encima de los accionistas o posibles inversores, lo que dificultará la entrada de capital.

La consecuencia de todo ello nos lleva a concluir que Zapatero no solo nos ha causado a los españoles un daño enrome en todos los frentes, sino que ha puesto en jaque a la propia eurozona de la UE, donde nunca olvidarán a este personaje que decía superar a Italia, alcanzar a Francia y tener en este país “el mejor sistema financiero del mundo“, entre otras mentiras como que la crisis económica no existía, o que no debía ajustar el déficit español una vez que ya se veían brotes verdes de crecimiento en España, etc. Hasta que llegó el golpe de mano del pasado 9 de mayo y el presidente español, asustado, se cayó del guindo y empezó la gran rectificación. La que ahora empieza a frenar o rectificar convencido de que tiene atrapada a la UE en su propio caos y que para él y para el PSOE lo importante ya no es España ni los mercados sino su particular pacto social.

Un acuerdo para exhibir en las elecciones de mayo y para salvarse o atrasar su salida del poder, a la espera de unos cuantos milagros como lo serían un sorprendente crecimiento de la economía española, la entrega de las armas por ETA y problemas internos en el PP. Demasiados milagros y demasiado optimismo para quien niega la cruda realidad y su deteriorada credibilidad. Ayer volvió a insistir en la “España plural” con lo de la traducciones en el Senado –si es así ¿por qué no las lleva al Congreso?-, que no son una sola cuestión de gasto sino el flagrante ejemplo de la idiotez y la centrifugación del Estado, amén de un nuevo y suicida ataque al idioma español.