Espectáculo grotesco en el Senado

Ya está bien. El espectáculo grotesco que han ofrecido ayer en el Senado de España los senadores luciendo cascos de traducción simultánea para hablar y debatir entre españoles que conocen y tienen la obligación de usar y conocer el idioma castellano que consagra nuestra Constitución, ofrece la imagen de un país ridículo, irresponsable y a la deriva que, en plena crisis económica y social y cuando vive amenazado por la quiebra del Estado, se presenta ante los ciudadanos con ese gesto despilfarrador, innecesario y a la vez centrifugador de la unidad y la solidaridad nacional.

Sin duda la enésima payasada e irresponsabilidad del presidente Zapatero quien en connivencia con sus socios nacionalistas y pro independentistas de CiU y del PNV, ha llevado a la Cámara Alta –por cierto de clara y absoluta inutilidad por su incapacidad legislativa- semejante iniciativa del uso de las lenguas autonómicas nacionalistas o regionalistas, para redondear la fallida “España plural”, que desmontó el Tribunal Constitucional frente al nuevo estatuto catalán declarando lisa y llanamente que no hay más nación que la española, frente a las pretensiones de los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, jaleadas por la inolvidable frase de Zapatero que calificó España como “nación discutida y discutible”.

Pero siendo Zapatero el autor del esperpento de la traducción en el Senado –donde por cierto habitan parlamentarios como los diputados, dotados de unas escandalosas pensiones de jubilación-, el Partido Popular de Rajoy ha colaborado en el juego y se ha prestado a esta felonía anti española y anti lengua castellana. Y sobre todo anti sentido común o lógica más elemental.

Pero claro el PP no las tiene todas consigo y mientras disfruta de su larga siesta en la oposición, a la espera de que se estrelle el PSOE, se guarda las espaldas por si en 2012 va a necesitar de los votos de CiU o del PNV para gobernar, como le ocurrió a Aznar en 1996. Y por eso en vez de oponerse a semejante pantomima y de negarse a asistir a las sesiones del Senado cada vez que se utilice la traducción o lenguas ajenas al castellano, que es lo que debía de hacer, los senadores del PP se ponen los cascos y se suman a la “España plural” de Zapatero.

Y naturalmente con semejante imagen -¿se imaginan algo así en Francia, Estados Unidos o Alemania, etc?- circulará por Europa y ofrecerá todo un espectáculo de falta de liderazgo y de cohesión nacional, bajo el mando de unos dirigentes políticos que no saben idiomas para circular por Europa y que necesitan traducción simultánea para hablar entre ellos en España. Y ¿a semejante país enloquecido e insolidario tienen que rescatar los fondos europeos?

Y esto ocurre en un mundo global en el que el idioma Español o Castellano está ganando peso, como ocurre en los Estados Unidos o en Brasil, y se va convirtiendo en vehículo de interlocución, para el comercio, la inversión, la enseñanza, la cultura y la creación de empresas y riquezas y hasta las redes sociales y miles de millones de páginas de Internet. Un mundo y nuestra Unión Europea que deben sentirse escandalizadas por esta pequeña Torre de Babel del Senado español, impuesta por el presidente Zapatero y sus pequeños aliados de un nacionalismo. Como los que en Cataluña persiguen y castigan a quien en esa parte del territorio español utiliza el mágico y genial idioma español, lo que además de ser una ilegalidad constituye un atentado contra las libertades y Derechos Humanos (como lo denunció la ONU), sin que nadie en este país haga nada por evitarlo.

Como nadie, en la clase política dirigente, hace lo que se debe hacer ante la grave crisis económica, social y de cohesión nacional que nos invade. Porque esta clase política solo está a salvarse ella con todos sus privilegios y a ver pasar las hojas del calendario hasta que lleguen las esperadas citas electorales donde los unos quieren sustituir a los otros para que todo siga más o menos igual.