La crisis del PSOE nacional

El brusco ajuste social del déficit público que ha impuesto Zapatero a raíz de su tardanza a la hora de reconocer y afrontar la crisis económica y de la embestida de los mercados sobre la deuda española, sumado al vuelco pro nacionalista y confederal que este presidente y el PSOE dieron a propósito del estatuto catalán y de los pactos de gobierno de José Montilla con los independentistas de la Esquerra, luego ampliados a los acuerdos con PNV y CiU, han desdibujado al Partido Socialista como partido nacional español y como baluarte de la izquierda social.

Si a ello sumamos los problemas de liderazgo y credibilidad de Zapatero y en consecuencia la soterrada batalla interna entre los barones socialistas por la sucesión del secretario general, y las malas perspectivas electorales del PSOE siguiendo la tendencia de la dura derrota en los comicios catalanes del pasado noviembre, veremos que el PSOE ha entrado en una profunda crisis de liderazgo, posicionamiento ideológico e identidad nacional.

Algo que no solo afecta al Partido Socialista sino al conjunto de España dado que esta formación política constituye con el PP uno de los dos pilares nacionales del sistema parlamentario español y en consecuencia del modelo de Estado y de la gobernabilidad de la nación.

El castillo de naipes urdido por Zapatero en pos de una “España plural” o confederal, que pretendía ensayar en Cataluña para proyectarla sobre el País Vasco, y lograr allí el aterrizaje final de ETA, se ha desmoronado por su base porque no responde ni a la realidad presente e histórica española, ni al sentimiento mayoritario de los españoles, aquí incluidos los votantes del PSOE.

La crisis económica y el fracaso del estatuto catalán por la sentencia del Tribunal Constitucional han sido las palancas que han dejado en la peor evidencia la inconsistencia política y temeridad de Zapatero que pretendió un cambio del modelo constitucional, por la “gatera” de la ley orgánica del estatuto catalán y de espaldas al conjunto de los españoles y a la propia Constitución, tras haber negado como lo hizo y pretendió incluirlo dentro del Estatut, la nación española como única y como tal. Su declaración en la donde afirmó que la nación española era “discutida y discutible” encendió la alarma y dejó a la intemperie su desconocimiento y desprecio de España.

La reciente derrota del PSC-PSOE en Cataluña y el estrepitoso fracaso del charnego José Montilla gobernando y pactando con el independentismo de los nacionalistas, dejaron a los socialistas catalanes no solo en la oposición sino en puerta de una grave crisis interna que amenaza con la ruptura entre los dos sectores, nacionalistas y españolistas, del PSC. Los que habían encontrado en el “catalanismo” un modelo de síntesis de su identidad, pero que al dar pasos, de la mano de Maragall, Montilla y Zapatero, hacia el nacionalismo independentista han caído en su propia trampa y se encuentra sumidos en una crisis de difícil solución que puede acabar en ruptura con el PSOE nacional.

Sobre todo porque los dirigentes y barones del PSOE en otros territorios españoles son conscientes del gran daño político y electoral que les hizo la deriva confederal de Zapatero. Lo que sumado a las medidas del ajuste social del déficit público del Estado –las que están en marcha y las nuevas que llegarán- han situado al PSOE en una encrucijada difícil de solventar, por cuanto ha perdido contacto con su base social y el sentimiento nacional, donde además se incluye una flagrante ruptura (nacional y de izquierda) en el campo de la insolidaridad entre las regiones ricas y pobres de España.

El autor de estas hazañas se llama Zapatero, pero la responsabilidad no es exclusivamente suya sino de todo el partido que las ha consentido y de sus ministros y gobiernos. De ahí que el vuelco que ha de producirse en el seno del PSOE no solo debe afectar al líder sino al conjunto de dirigentes que lo han acompañado en semejante y fracasada travesía, y aquí incluidos todos los presuntos intelectuales y medios de comunicación afines a Zapatero y al PSOE, que tienen su parte de responsabilidad por no haber denunciado no solo al mal gobernante sino al autor del intento de centrifugación de España y del propio Partido Socialista como a la vista está.

1 comentario
  1. viajeroA3 says:

    El tal Pedro Sánchez recuerda permanentemente aquella frase que dice: “es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y confirmar que se es”.

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