Mas tienta al PSC

Todo comenzó en el mitin aquel en el que Zapatero prometió apoyar en Madrid lo que aprobara el parlamento catalán. Al tiempo vino el pacto de Gobierno y contra natura entre el PSC y la Esquerra, o los independentistas de Carod y los catalanistas de Maragall, posteriormente el intento fallido del primer estatuto del propio Maragall y la caída fulminante del dirigente del PSC, y finalmente Montilla y Puigcercós reeditaron el pacto y gobierno tripartito hasta su fracaso final el pasado 28 de Noviembre. Una derrota que ha dejado abiertas las heridas del PSC por las que mana un rio revuelto en el que Artur Mas ha acudido a pescar a Ferran Mascarell como consejero de Cultura de la Generalitat, donde ya había estado de la mano de Maragall.

En contra de lo que se ha comentado en estos días a propósito del fichaje de Ferran Mascarell no estamos ante una decisión táctica siguiendo el modelo del presidente Nicolás Sarkozy cuando incorporó a varios socialistas a su primer gobierno, una vez elegido presidente de la República. Sino ante una decisión más bien estratégica dado que Artur Mas y el núcleo duro de CiU saben que el PSC es un partido en descomposición y al borde de la ruptura entre nacionalistas y españolistas. Y quiere llevarse a su coalición los restos del catalanismo mas nacional, para fortalecer así su formación política por el flanco zurdo, mientras defiende su ala derecha con Durán Lleida y Unió, para ocupar sólidamente el centro y dar desde allí un nuevo impulso a lo que Mas llama la transición nacional catalana, o la “plenitud nacional”, es decir peldaños hacia la independencia catalana.

Algo que hubiera sido impensable de no ser por los disparates de Zapatero y de Montilla, seguidores a ciegas de la espiral de locura de Maragall, los tres autores del primer y segundo borrador de estatuto catalán que al final ha segado en sus pretensiones nacionales más conflictivas el Tribunal Constitucional. Y que ahora pretenden reabrir los de CiU con ayuda de lo que va quedando de zapaterismo y del PSOE a lo largo de los quince meses que restan de legislatura.

Es muy posible que el salto de Ferran Mascarell a CiU no sea el único –veremos que hacen Castells y otros pendientes de “destino” -ni mucho menos el último-. Y que esa migración vaya acompañada de la paralela autodestrucción del PSC. Además, ¿por qué no iba a ser así? Si a Maragall y Montilla no les ha importado nada ni producido el menos resquemor el compartir gobierno con el independentismo de ERC y las locuras de algunos de sus dirigentes como Carod, pues mucho más fácil es entenderse con CiU, a sabiendas las dos partes de que en los tiempos que corren de crisis económica no existe más ideología que los mercados. Además el PSC ya había renunciado a la defensa de las libertades y la Constitución en la persecución del idioma español en Cataluña con lo que parece más todo lo que les une que lo que ahora les separa.

La consecuencia de esta operación estratégica y a medio plazo puede ser la casi desaparición del PSOE en Cataluña y, si se confirma su deterioro en Andalucía, su pase a la oposición del gobierno nacional español durante muchos años, si no acaba surgiendo otra nueva formación progresista en España que sustituya al PSOE como ocurrió en Italia tras el hundimiento del PSI y el escándalo de corrupción del desaparecido Bettino Craxi. Por lo que alguien en el PSOE debería reflexionar y muy seriamente sobre este golpe de Ferran Mascarell que constituye un nuevo eslabón de la cadena que los arrastra hacia su autodestrucción. Una reflexión imposible de llevar a cabo mientras Zapatero permanezca al frente de la situación.