Zapatero no controla

Por mucho que se empeñen los portavoces de la Moncloa y del PSOE en simular que Zapatero sigue al frente del Gobierno y del partido, los hechos prueban que no es verdad. En Moncloa manda Rubalcaba y en Ferraz hay un creciente vacío de poder, mientras se escucha ruido de sables de todos y cada uno de los coroneles o barones del partido que quieren, no ya saber qué es lo que va a decidir o hacer Zapatero, sino controlar el proceso de su destitución y sucesión porque después del daño causado al país y al PSOE son muchos los dirigentes de este partido que no se resignan a la idea de la sucesión obligada a favor de Rubalcaba. Y menos aún a la permanencia de Zapatero al mando de la procesión que los lleva de cabeza a la derrota en las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo.

Mientras el diario gubernamental El País afirma por encargo de la Moncloa que Zapatero no dimitirá ni adelantará las elecciones generales, el portavoz del PSOE, Marcelino Iglesias, les pide “paciencia” a los barones del partido asegurando que el presidente maneja bien los tiempos, algo conocido y que ya nos habían dicho otros de forma parecida o con distintas palabras como el ex embajador americano Eduardo Aguirre (cazado por Wikileaks), quien años atrás describía al presidente español como “felino que se mueve con astucia en la jungla”.

Efectivamente estamos en la jungla española y en la mayor incertidumbre sobre el presente y futuro político del país que es lo que nos faltaba para fomentar la desconfianza en nuestro país y en sus posibilidades reales de recuperación. Un misterio que Zapatero ha fomentado con su declaración navideña de que ha tomado una decisión sobre su futuro político sin decir cual es, con lo que simultáneamente ha provocado en los ciudadanos una justa expectación y en su gobierno y su partido un profundo malestar por cuanto no saben que será de ellos, cual es su calendario político ni que les espera al frente del Gobierno y del PSOE.

Los dos mensajes lanzados ayer desde la Moncloa y desde el PSOE son contradictorios porque los monclovitas aseguran que no habrá novedad y que Zapatero no dimite ni adelanta las elecciones, mientras Iglesias pide “paciencia”, como si todavía no estuviera nada claro, al tiempo que exige confianza en el líder porque dice que “maneja los tiempos”. Un tópico ya demasiado habitual en los fracasos políticos, como cuando se dice que “no se han sabido explicar los logros del Gobierno”.

En lo que sí coinciden Moncloa y PSOE es en aparentar que Zapatero es el que manda y quien tiene todo el poder del gobierno y del partido lo que ya no es verdad, porque bastaría con que un puñado de diputados le pidiera la dimisión, o que un par de barones regionales exigiera la celebración de un Congreso del PSOE para poner patas arriba al primer inquilino de Moncloa a quien ya se le subió a las barbas Tomás Gómez, retándolo, primero, y derrotándolo después, en la persona de Trinidad Jiménez, en las elecciones primarias socialistas de Madrid.

Y por mucho que disimulen en Moncloa y en el PSOE la única verdad es que Zapatero ha fracasado y ya no manda en el Gobierno, donde manda Rubalcaba, ni en el PSOE, donde los coroneles del partido empiezan a ir a su aire y cada uno por su lado, sin reconocer la menor autoridad política o moral de un presidente que se ha equivocado en todo y que los conduce al mayor desastre electoral de los últimos años.

Toda esa literatura falsa y presuntamente “heroica” de que Zapatero no va a abandonar la nave del Gobierno en la tormenta, o que piensa cargar sobre sus espaldas con el peso de las reformas estructurales y sociales “le cueste lo que le cueste”, son excusas o pobres mentiras con las que el presidente solo pretende apurar hasta la última gota los meses que le quedan del poder a ver si se produce un milagro –ETA entrega las armas y la economía se empieza a recuperar-, y no sale de la Moncloa por la puerta de la cocina y en medio de un clamor general contra su persona y su presidencia, que sin duda pasará a la Historia de España como la peor de cuantas hubo por su manifiesta incompetencia política, su desprecio a España y su frivolidad.

Por todo ello estas pobres argucias e intoxicaciones mediáticas de Moncloa y Ferraz se convierten en ridículos pasatiempos o maniobras de distracción con el solo objetivo de aparentar que el presidente está al mando de todo, cuando en realidad ocurre exactamente lo contrario: ha perdido el control, y puede que incluso su estabilidad psicológica y mental. De lo contrario no serían otros quienes hablaran en su nombre sino que sería el presidente el que una y otra vez estaría al frente de la comunicación oficial en lugar de andar escondido tras las espaldas de los demás.