Serio discurso del Rey

Mientras la clase política española continúa con su espectáculo habitual de irresponsabilidad (por parte del Gobierno) y oportunismo electoralista (por el lado de la Oposición), el Rey don Juan Carlos I ha pronunciado un serio discurso de Nochebuena poniendo el acento en la gravedad de la situación española y en los problemas y dificultades económicas y laborales que hoy afectan a millones de familias españolas. Declarando su confianza en la capacidad y tesón del pueblo español para salir de tan difícil situación pero a la vez haciendo un llamamiento a la unidad y responsabilidad de todos los responsables políticos. Un aviso o toque de atención que difícilmente será escuchado por los distintos partidos del arco parlamentario que han perdido demasiado tiempo en disputas e inútiles polémicas mientras el país se les iba de las manos, y los ciudadanos eran abandonados a su mala suerte en una clamorosa orfandad, sin que en el horizonte se atisbe la menor señal de liderazgo, o de cambio radical de la penosa situación en la que estamos.

Este grave discurso del Rey es sin duda el mejor de los últimos años porque seguramente coincide con el sentimiento y la visión que la gran mayoría de los españoles tienen de la situación española. Y contrasta con la frivolidad del presidente Zapatero en su recepción navideña donde se dedicó a hacer adivinanzas sobre su futuro político; o con el video navideño y peliculero de Rajoy; o con las desafiantes palabras de Artur Mas en su discurso de investidura, faltando el respeto a la lealtad y legalidad constitucional, de la que se mofa insistiendo en la autodeterminación y el desprecio y acoso de la lengua española en Cataluña. Asunto sancionado por los altos tribunales del Estado y que desprecia el PSOE a través del PSC y del vicepresidente Rubalcaba en el nombre del Gobierno, dando prueba de irresponsabilidad de unos y otros en tan graves circunstancias como son las españolas.

Quienes hayan escuchado con atención las palabras del monarca habrán podido advertir también no solo su seriedad y preocupación con lo que ocurre en España sino su compromiso con el liderazgo de la Corona y la función de Jefe del Estado que desempeña subrayando –como un aviso a navegantes- que va a seguir “con pasión” al mando de la nave, con lo que corta en seco cualquier posible especulación con su abdicación o cosa parecida si es que eso estaba en la mente de alguien.

El Rey ha querido, asimismo, advertir sobre la necesidad de derrotar a ETA en un tiempo en el que circulan rumores sobre un nuevo comunicado de la banda y de posibles y secretas negociaciones entre los etarras y el Gobierno por mas que se desmientan una y otra vez por portavoces oficiales.

Don Juan Carlos I ha estado en su sitio y a la altura de las circunstancias. Pero mucho nos tememos que sus graves palabras van a servir para bien poco, porque quienes detentan el poder y son responsables directos de esta situación, como es el caso de Zapatero y su Gobierno y el PSOE, no están por la labor de que nada cambie sino, al contrario, de resistir hasta el último minuto al frente del poder aunque ello nos lleve al desastre, empezando por el riesgo de quiebra y de rescate financiero del Estado español por parte de la Unión Europea. Y también porque quienes están en la Oposición no están dispuestos a dar su brazo a torcer o a forzar un proyecto unitario nacional porque la crisis y el deterioro español les abre de par en par las puertas del poder.

Lo que no dijo el Rey, y además esa no es su función, es que el régimen de la transición está agotado o moribundo y que este país necesita no solo una respuesta a la crisis, política y estructural, sino constitucional, moral y a la vez democrática, poniendo en marcha una nueva y necesaria etapa de este país que, como ha quedado demostrado ante el desafío de la crisis, no está en condiciones políticas e institucionales de reaccionar ante los problemas que se nos presentan y los que están por llegar.

Don Juan Carlos no habló en su alocución navideña, exenta de cualquier concesión literaria o de festividad, del “estado de alarma” imperante en España que constituye otro fiasco y una prueba flagrante del fracaso o de la incompetencia política del Gobierno porque semejante situación solo es propia para momentos de excepcionalidad. Una “alarma” que sobre todo está en la ciudadanía, que afecta a los mayores por el daño que se avecina a las pensiones, a los jóvenes porque la falta de trabajo y al conjunto de la ciudadanía por las malas perspectivas que se presentan para 2011. Un año que incluye una importante cita electoral, lo que sin duda aumentará la tensión y la discrepancia política aunque puede nos ayude en la necesaria clarificación del panorama nacional.