Los muertos no deciden

El espectro de Zapatero se paseaba por los salones de la Moncloa para felicitar la Navidad a sus habituales de la prensa cuando de pronto, en uno de los corros, declaró que ya ha tomado su decisión sobre si seguirá o no en el Gobierno y al frente del PSOE hasta las elecciones generales de 2012, y que de ese secreto solo estaban al corriente su esposa Sonsoles y un alto dirigente del PSOE. Y las palabras de este “zombie”, o cadáver exquisito de la política española, resonaron entre los asistentes al festejo como si asistieran a una revelación del ángel exterminador del PSOE y también del prestigio, la cohesión y la economía de lo que va quedando de España.

¿Desde cuándo deciden los muertos? Para eso hay que meterse en el cuerpo de los gloriosos personajes de Shakespeare, o ser el Cid Campeador atado a su caballo. Pero Zapatero no es ni lo uno ni lo otro, ni está en condiciones de mandar –para eso le ha entregado el poder a Rubalcaba- ni de decidir. Y menos aún sobre el liderazgo del PSOE que él ha llevado a la ruina, o sobre el candidato socialista a las elecciones generales de 2012 si no se adelantan.

Puede que Zapatero ni siquiera esté en condiciones de decidir sobre si debe o no permanecer en la Moncloa hasta la próxima cita electoral, porque cada minuto que pasa bajo su presidencia se convierte en una eternidad que pesa sobre las dolidas espaldas de su partido y de nuestro país.

En otras circunstancias, como ocurrió con el anuncio de retirada de José María Aznar en 2003 desde una mayoría absoluta y con una economía boyante –por más que se hubiera enrolado, contra casi toda España, en la guerra de Irak, y destapado su soberbia en la boda imperial de El Escorial-, en otras circunstancias, insistimos, Zapatero podría presumir de tener todo el control del Gobierno y del PSOE en su mano. Pero en momentos como los actuales semejante presunción solo puede interpretarse como otro desvarío de su proverbial temeridad que confirma que este político perdió el contacto con la realidad.

¿Quién le ha dicho a este “zombie” que es el dueño absoluto de la situación y del PSOE, o de su grupo parlamentario? Se olvida Zapatero, por ejemplo, de la canallada que el núcleo duro felipista le hizo a Josep Borrell forzando su dimisión en la secretaría general del PSOE por un episodio infame en el que no tuvo la menor responsabilidad ni política ni personal. Lo que sí temían de Borrell los felipistas es que les exigiera responsabilidades sobre el crimen de Estado de los GAL y la corrupción y por eso fueron a por él (“este jacobino nos mete en la cárcel”, decían algunos). Pues bien ¿de verdad cree Zapatero que los dirigentes y barones del PSOE, que están a punto de perder el empleo en el gobierno nacional, o en el poder regional y local, todavía le van a dejar decidir por su cuenta? ¿Acaso no recuerda este presidente la rebelión de Tomás Gómez en las primarias de Madrid que le dejó en el peor de los ridículos? ¿Acaso cree Zapatero que Felipe González – el “matador” de etarras- va a soltar el control del Gobierno y del PSOE que tiene entre los dientes su rottweiler, Alfredo Pérez Rubalcaba?  ¿No se le ha ocurrido al presidente imaginar que unos pocos diputados socialistas, manchegos o andaluces, cansados de los cambalaches con los nacionalistas decidan un motín a bordo del grupo parlamentario del PSOE? ¿Qué pasará si la UE tiene que salir al rescate de España por la quiebra de la deuda?

Está claro que la decisión secreta de Zapatero no puede ser otra que la de marcharse, porque si se empeña en seguir -con el argumento de no desertar en la dificultad y de tomar más medidas graves e impopulares para sacar a España de la crisis- se equivoca por enésima vez.

El bonito juego de los secretos y las adivinanzas del espectro de la Moncloa es una mala simulación de su debilidad política y personal. Sus adversarios en el PSOE y fuera del PSOE lo saben. Y su esposa también, como quedó patente en unas no lejanas y sonadas declaraciones de Sonsoles donde vino a decir que no podía aguantar en la Moncloa ni un minuto más. Aunque es de todos conocido que Zapatero siempre creyó en los milagros y piensa que hoy le tocará el gordo de Navidad, que ETA anunciará pronto la entrega de las armas y que, aunque tiene las alas chamuscadas, intentará levantar otra vez el vuelo. Pero ¿Qué piensan y que harán todos los dirigentes del PSOE y sus ministros, empezando por Rubalcaba si aún insiste en continuar? Los muertos de la política no deciden, porque bien muertos están.