Todos le riñen a España

Todos los días nos riñe alguien. Un día es Almunia desde la UE, otro la OCDE (como ayer por las pensiones), o las agencias de calificación como Moody´s (que ahora amenaza a la banca española con rebajas), y pronto lo hará el FMI, la señora Merkel o el mismísimo presidente Obama, los que ya dieron sus respectivos avisos a Zapatero en el pasado mes de mayo. Un presidente que ha sido incapaz de dar una respuesta clara y contundente a la crisis y que ya ha presentado numerosos planes de ajustes, sin que ninguno de ellos consiga frenar el ataque de los mercados ni eliminar las dudas que se proyecta sobre el riesgo de una operación europea de rescate de España que sigue planeando sobre nuestro país. En realidad si esa situación aún no se ha producido se debe a nuestro tamaño y a la enorme repercusión que ese rescate tendría sobre la propia supervivencia del euro.

Si este Gobierno hubiera hecho los ajustes del déficit cuando debió ahora no estaríamos pendientes de Moody´s y demás agencias de calificación que un día le lanzan advertencias al Gobierno y otro a la banca española y tienen al mundo financiero español, público y privado, de los nervios y viendo como los intereses de sus respectivas deudas se disparan hasta el cielo neutralizando los dolorosos ajustes del déficit global español.

Es verdad y resulta un sarcasmo que esos mercados, en cuya panza han estado anidando y enriqueciéndose los especuladores que hicieron saltar la banca en Wall Street, sean ahora los que imponen su ley a los gobiernos democráticos y los que condicionan su política económica y social, tal y como ocurre ahora en España y otras naciones de nuestro entorno, para que al final del trayecto sean los ciudadanos más desfavorecidos los que paguen el desastre empezando por el paro y siguiendo por las pensiones.

Pero las reglas del juego en este “casino global” de las finanzas son las que son y no hay alternativa. Y además la eurozona de la UE ha caído en su propia trampa al no tener previstas situaciones de emergencia y carecer de una política fiscal común, como carece la Unión Europea de unas políticas exterior, de defensa y de seguridad, motivo por el que la Administración de los Estados Unidos ya no nos presta la atención esperada, como se vio en la reciente cumbre de Lisboa porque Washington tiene otras prioridades en China, Rusia, India y Brasil.

Sin embargo el caso español es muy especial porque a la crisis del déficit –ayer la ministra Salgado ofreció cifras sobre el cumplimiento de objetivos por parte de las Comunidades Autónomas-, del paro y de las destrucción del tejido empresarial (lo que abunda en la disminución de los ingresos del Estado), se suma un país sin liderazgo político con un presidente que está en retirada como Zapatero y cuyo puesto de mando usurpa Rubalcaba no se sabe bien por cuánto tiempo ni si de manera definitiva. A la vez y en contra de lo que ha ocurrido en otras naciones aquí no existe un gran acuerdo entre el gobierno y la oposición, y los que están dispuestos a apoyar son los partidos nacionalistas que lo hacen exigiendo compensaciones económicas para sus propios déficits autonómicos, rompiendo la solidaridad y con la permanente amenaza de ruptura de la cohesión nacional como se desprende del discurso de investidura de Artur Mas en el parlamento catalán.

Y de este espectáculo político y desolador tienen toda la responsabilidad el Gobierno y el PSOE –por cierto la última encuesta electoral anuncia una catástrofe para los socialistas en Andalucía en el beneficio del PP-, por más que algo también le toca al primer partido de la oposición. Sin que el uno ni el otro den su brazo a torcer y ofrezcan una imagen de España más sólida y cohesionada para hacer frente al ataque de los mercados, por una parte, y para abordar las reformas estructurales que hay que implementar de una vez, por la otra. Y así, mientras se mantiene el “estado de alarma” en todo el territorio nacional y se espera un patético regalo de ETA para Navidad, el país permanece en la incertidumbre y queda a expensas de lo que nos digan los demás.